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sábado, 15 de marzo de 2014

La psicopatía en la visión espírita



Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com

“Dios no creó Espíritus malos; los creó simples e ignorantes (...).”1

Muy a menudo la sociedad se encuentra ante acontecimientos asustadores vehiculados por los medios de comunicación, cuando crímenes crueles salen a la luz, generando una mezcla de sorpresa, asco, impotencia e indignación. Son historias de asesinatos fríos, violaciones, torturas, entre otras clases de manifestación de la inferioridad humana.
Cuando eso ocurre, muchos se preguntan por qué algunas personas son capaces de cometer acciones tan crueles y despiadadas sin expresar la mínima señal de remordimiento o sin preocuparse del dolor de los demás. Simplemente, tratan al prójimo como un objeto sin valor. Se preguntan por qué Dios permite que existan personas así y que tales hechos ocurran.
En este artículo, haremos algunas reflexiones sobre la psicopatía, tratando de comprender sus orígenes espirituales y sus consecuencias. No será una tarea muy fácil, dado que hay poco material de investigación en las obras espíritas que nos permitan saberlo con seguridad. Podemos, a partir de algunas lecturas profundizadas, presentar análisis con base en lo ya conocido y llegar a hipótesis probables. Tendremos en cuenta, además los estudios científicos.
Según la Real Academia Española, la palabra psicopatía significa
“anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece.”
Según el neurocientífico Kent Kiehl, el psicópata es definido clínicamente como alguien que posee “altos índices de falta de empatía, culpa y remordimiento”2, lo que suele ocurrir cuando aún es muy joven. Y para Yaiza Martínez, “la psicopatía es un trastorno de personalidad antisocial”3 y las personas que lo sufren suelen interactuar con los demás como si estos “fuesen objetos, a los que utilizar para conseguir sus propios objetivos.”3
Se estima que del 1% al 3% de la población sufre de psicopatía y, aunque las personas suelen relacionar los psicópatas con asesinos brutales, la mayoría no comete crímenes, pero desilusiona a aquellos con quienes conviven. Van por la vida “como depredadores sociales, separando familias, aprovechándose de personas vulnerables, vaciando billeteras”4. Hay muchos de ellos en oficinas, perjudicando a sus compañeros de trabajo por un ascenso, o entre políticos que desvían a sus cuentas personales fondos destinados a la educación, a la salud, etc.; entre médicos indiferentes al dolor de sus pacientes y aun entre amigos que toman dinero prestado a todo el mundo a costa de mentiras y sin jamás restituírselo, entre otras manifestaciones de insensibilidad hacia los demás.4
Pero, ¿por qué esas personas actúan de esa manera? ¿Son enfermos? ¿No tienen escrúpulos?... Para obtener la respuesta, veremos qué dicen los expertos desde el siglo XIX hasta los días actuales.
En el siglo XIX, el anatomista y fisiólogo alemán Franz Joseph Gall afirmó “haber identificado órganos cerebrales atrofiados o hipertrofiados que originaban un carácter específico”,  sería “el órgano de la destrucción, de la codicia”,5 entre otras manifestaciones comportamentales. Tales órganos “eran reconocidos por bultos en la cabeza”.5 Esa teoría, que creía ser posible determinar la personalidad de la persona por la forma de su cráneo, cabeza y facciones, fue llamada de frenología.  
La frenología influyó ampliamente en el derecho penal de Estados Unidos y Europa en la mitad de siglo XIX y muchas veces la usaban allí, lamentablemente, como argumento para sustentar juicios racistas.5
A fines del mismo siglo, el médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso creó la teoría del "homo criminalis" y posteriormente fue reconocido como el padre de la Criminología moderna. Según Lombroso, “las causas de la criminalidad estaban íntimamente ligadas a factores físicos y biológicos. El criminal nace con ciertas diferencias del sujeto considerado ‘normal’”.  Por estar influenciado por la teoría de Darwin, Lombroso “introduce en su obra el concepto de atavismo, una serie de características físicas correspondientes a estados primitivos de la evolución.”6
Sin embargo, tal como había pasado en Estados Unidos y Europa con la mala aplicación de la frenología, la manipulación política de la hipótesis de Lombroso condujo su teoría al descrédito y, después de la Segunda Guerra Mundial, el comportamiento criminal ya no era atribuido a la biología, sino “a factores económicos y políticos, o a perturbaciones psicológicas”.5
En 1994, las investigaciones del experto en psicopatía de la Universidad de Pensilvania, Adrian Raine, concluyeron que “los cerebros de los homicidas demostraban (...) una reducción significativa en el desarrollo del córtex prefrontal”.5 Según la neurociencia:
“tal imperfección, resultaría en una tendencia a determinados comportamientos: menor control sobre el sistema límbico, lo que genera emociones primitivas como la rabia; mayor riesgo de dependencias; reducción del autocontrol y dificultad en solucionar problemas – factores que predisponen una persona a la violencia.”5
Pese a que los nuevos estudios, de algún modo, retomen las teorías del siglo XIX, se alejan de las mismas porque abarcan aspectos más complejos que antes fueron ignorados, tal como la influencia del medio sobre la biología; es decir, Raine, en sus investigaciones recientes, sorprende con la afirmación de que los factores ambientales pueden alterar la estructura física cerebral. Se trata de la epigenética, “la forma como el ambiente regula la expresión de nuestro código genético innato.” 5
Un estudio en Nuevo México revela que los criminales reincidentes presentan menor volumen en su amígdala del cerebelo, parte del cerebro que procesa los recuerdos y las emociones.5
Confirmando lo que se está estudiando acerca del tema, un equipo de psicólogos norteamericanos descubrió que los psicópatas presentan más activada “cierta área del cerebro relacionada con la sensación de recompensa o de placer” y la causa de su “conducta antisocial podría estar, aseguran los científicos, en una anomalía del cerebro.” Psicólogos de la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, demostraron “que los psicópatas presentan una anomalía (...) en el sistema de recompensa del cerebro”. Y los científicos afirman que la estructura de sus cerebros los impulsa a “buscar siempre su propia recompensa”, sin importar las consecuencias. 3
Con la ayuda de voluntarios que participaran de una investigación con tests y escáneres cerebrales, se pudo determinar que, aunque haya casos extremos que se manifiestan en comportamientos violentos y homicidas, “algunas personas aparentemente normales también presentan ciertas características psicopáticas, como tendencia a la manipulación, egocentrismo o tendencia a correr riesgos.”3
Los científicos aún concluyen que, en los casos extremos, los psicópatas podrían no ser capaces “de enfocar su atención en otra cosa que en su recompensa.”, por lo que no apreciarían los efectos de sus actos sobre los demás.3
Para que nos sirva de base a la visión espírita sobre el tema a continuación, concluimos la exposición de los expertos, dejando las principales características presentadas por personas con trastorno psicopático:
“el encanto superficial y la inteligencia, la ausencia de nerviosismo, la falsedad, la dificultad para aprender de la experiencia, una vida sexual impersonal, frívola y poco estable; la incapacidad para seguir cualquier plan de vida, una autoestima exagerada o la tendencia a mentir de forma patológica, entre otras.”3

Análisis espírita sobre la psicopatía

 (...) Aquel que en esta vida solo posee el instinto del mal, habrá de poseer el del bien en otra. (...) Conforme a su deseo, algunos lo harán en un tiempo más breve, otros en uno más prolongado. Aquel que solo posee el instinto del bien ya se ha purificado (...).7
Dios no creó Espíritus malos ni buenos. Nos creó a todos simples e ignorantes1, de modo que, a través de las sucesivas reencarnaciones y los aprendizajes que esas conllevan, podemos perfeccionarnos moral e intelectualmente por nuestros propios méritos. Aunque todos nos sometemos a la ley del progreso y que el progreso intelectual y el moral “se prestan mutuo apoyo”, ellos “no marchan juntos”.8
Como la Tierra pasa por un proceso de transición de un planeta de pruebas y expiaciones a otro de regeneración, estamos en una condición no muy definida, es decir, hay habitantes que llevan características todavía primitivas al lado de otros que ya obtuvieron cierta evolución más compatible con un planeta mejor. Hay demás aquellos, la mayoría de nosotros, que tenemos defectos y virtudes. Esa es la razón por la cual convivimos con actitudes chocantes y otras de naturaleza más elevada. Y es lo que confirman los estudios científicos cuando afirman que personas consideradas normales poseen ciertos rasgos psicopáticos. Nuestra naturaleza de Espíritu en aprendizaje todavía necesita ser pulida.
Considerando que los psicópatas son muy inteligentes y que estudios realizados en Estados Unidos revelaron que les resulta difícil comprender ciertos sentimientos y emociones, incluso en el libro “No Ventre da Besta – Cartas da Prisão”, el escritor-psicópata confiesa que existen emociones a las cuales solo conoce por sus nombres, sin jamás haberlas sentido,3  podemos inferir que los hermanos que aún manifiestan un egoísmo salvaje y violento, y que son clasificados como individuos psicópatas, pertenecen a una categoría de Espíritus que, en la mayoría de las veces, progresaron ampliamente desde el punto intelectual, como lo afirma la ciencia, pero no en conquistas morales, ya que (...) si el hombre tiene un instinto homicida” o malvado, “con toda seguridad es su propio Espíritu el que lo posee y el que se lo confiere (...).”9
Ahora bien, ¿cómo es posible que el instinto del Espíritu se manifieste cuando este se halla encarnado y que tal instinto llegue a ser perceptible en su cuerpo físico?
Según Kardec, “el Espíritu mismo es el que modela su envoltura”10 y eso se hace a través del periespíritu, definido por Gabriel Delanne como el “esbozo sobre el cual se moldea el cuerpo humano”11, lo cual “contiene un dibujo previo, a la ley omnipotente que le servirá de regla inflexible al nuevo organismo, (...) según su nivel de evolución.”12 Delanne añade que, por ser indestructible, el periespíritu conserva las formas orgánicas que permiten que los tejidos puedan regenerarse y realizar “el mantenimiento de la forma física”.13
Hernani G. Andrade, un gran investigador espírita, amplía los conceptos de Delanne cuando elabora una teoría para el periespíritu relacionándolo con los conceptos de la Física y nombrándolo como MOB (Modelo Organizador Biológico), “una unidad autónoma y evolutiva, capaz de interaccionar con la materia orgánica y, de esa forma, resultar el ser biológico”.14
Algunos estarán pensando que, de ser así, los individuos ya nacen psicópatas y no tienen herramientas para cambiar tal condición, pero les recordamos los resultados de los estudios analizados antes, los cuales afirman que el ambiente puede alterar la estructura del cerebro y nosotros, como espíritas, afirmamos que los cambios físicos, en casos así, pasan por el periespíritu, quien no se desvincula del Espíritu. En síntesis, las alteraciones son complejas y si un simple cambio físico no puede generar cambios espirituales, solo podemos pensar que el Espíritu es la esencia que se transforma. Dice André Luiz:
“La conducta del cuerpo físico está invariablemente condicionada a la conducta del cuerpo espiritual, como la orientación del cuerpo espiritual está sometida a nuestra voluntad.” 19
Queda claro que el Espíritu lleva a cabo la transformación a través de la acción de su propia voluntad y que tal transformación espiritual se refleja en el cuerpo físico con la intervención del periespíritu.
Ya sabemos que el cerebro es la computadora central de la impresionante máquina que es nuestro cuerpo y es André Luiz quien, una vez más, nos explica por qué transformaciones espirituales tan importantes se expresan antes en el cerebro:
En los planos de los lóbulos frontales (...) yacen materiales de orden sublime, que conquistaremos gradualmente por el esfuerzo del acenso, representando la parte más noble de nuestro organismo divino en evolución.”26 Tenemos un cerebro que se divide en tres regiones distintas como un edificio de tres pisos. En el primero viven el hábito y el automatismo; en el segundo, el esfuerzo y la voluntad; y en el tercero, la meta superior a ser alcanzada.27
Por las elucidaciones de André Luiz logramos comprender por que utilizamos solamente una parte ínfima de nuestro cerebro y no su totalidad. Acceder a esa totalidad es una conquista paulatina y muchos Espíritus todavía no lograron alcanzar ciertas “habitaciones” importantes del edificio cerebral. Son los llamados psicópatas.
En realidad, “nadie nace psicópata, sino con tendencias para la psicopatía”15, y es en ese contexto que resaltamos la importancia del ambiente donde nace una criatura con malas tendencias. Aunque no es fácil generar un cambio brusco en la naturaleza inferior de un Espíritu, pasar por un período de gestación sano, convivir con una familia equilibrada y en un ambiente edificante, puede suavizar las malas tendencias. Es decir, si un Espíritu posee un instinto homicida y es contenido por una familia que le imponga una disciplina amorosa, puede transformarse en alguien que miente, roba, hace trampa, pero ya no mata.3 Ya es una conquista.
De lo contrario, si son sometidos a factores sociales traumáticos o si crecen sufriendo o presenciando agresiones, su tendencia psicopática puede revelarse en la habilidad de matar personas.3  En casos así, a los involucrados se les adjudicaría cierta responsabilidad por la caída del individuo psicópata.
Sin embargo, además de la responsabilidad de los familiares, personas cercanas y de la falta de efectividad de la justicia humana, no podemos ignorar que el psicópata ya desarrolló la inteligencia y, por ende, ya puede razonar, analizar y sacar conclusiones. Según “El Libro de los Espíritus”, ya posee el libre albedrío, por lo cual “no es fatalmente conducido al mal”. Sus crímenes no resultan “de una sentencia del destino” y “no puede valerse de su organización (...) para justificar sus malas acciones, sin abdicar de su razón y de su condición de ser humano, para equipararse con los animales. (...)”. Si fuera así, “¿para qué le serviría la inteligencia?16 La enseñanza de Jesús es sencilla: “Ved lo que quisierais que se os hiciese o no se os hiciese. Todo se basa en eso.”17 Si él elige el camino del mal, sus padecimientos futuros serán largos e inevitables.
Si ciertos individuos ya nacen con tendencias psicopáticas, pero con inteligencia, nacen también con la ley divina grabada en su periespíritu. Si deciden por el camino del mal no deben escaparse tampoco de las leyes humanas, la cual, por su parte, deberían ser más educativas que punitivas para que pudieran eliminar el origen del mal y no solo su efecto. “Solo la educación puede reformar a los hombres.”18 Las prisiones comunes no son las ideales a personas con tal trastorno, ya que su ambiente solo potenciaría su instintos primitivos.

Los psicópatas en el Plano Espiritual

Como lo hemos dicho a principio, no hay mucha información con respecto a la condición de los psicópatas en el Mundo Espiritual, así que recogimos algunos registros que nos parecen tratarse de casos de tal gravedad.
En el libro “Memorias de un suicida”, el Espíritu Camilo nos cuenta sobre una clase de prisión-escuela, en donde estaban jefes de falanges tenebrosas y perversas. Tales Espíritus reciben enseñanzas y tienen consejeros e instructores especiales. Camilo conoció a uno de los reclusos-alumnos, Agenor, quien pronto reencarnaría en un planeta inferior a la Tierra, porque se habían agotado todos los intentos de conducirlo al arrepentimiento y a la regeneración. Tenía clases de moral cristiana, pero el método de enseñanza era muy enérgico por su condición muy inferior. Muy pronto reencarnaría en terrible condición mental en una larga y dolorosa existencia, para liberarse de sus impurezas y reconciliarse con él mismo y con la Ley. Cuando estuvo encarnado, arrastró al suicidio a muchos hombres; deshonró y abandonó doncellas; desde pequeño fue hijo indócil, cruel y despótico en el hogar. Cuando falleció su padre, despojó a su madre de los pocos bienes que tenía y la abandonó en la miseria.20
En el libro “En el mundo mayor”, André Luiz visita las cuevas, regiones muy inferiores. Allí, observa el movimiento de Espíritus de gran potencial intelectual, pero sin amor a sus semejantes. Se debatían en sustancia pegajosa, en el suelo, caminando como asambleas de Espíritus dementes en interminables contiendas por intereses mezquinos, muy preocupados por sí mismo sin fijarse en los demás. Se atraían por la naturaleza das faltas que los identificaban y intercambiaban desequilibrios. Fijaron la mente en las zonas más inferiores del ser y cometieron faltas gravísimas. Cuando presentaban cierta mejora, a veces recibían determinación educativa de ejecutar tareas en la Naturaleza, por las cuales ensayaban sus primeros pasos en la mejora moral. 21
Por las narrativas encontradas en la literatura espírita, podemos notar que ni los peores criminales son abandonados por Dios. Reciben la asistencia necesaria y acorde con su nivel espiritual y se les da las oportunidades para reparar sus errores, aunque en condiciones dolorosas. 

Las personas cercanas a individuos psicópatas

Nacimiento y muerte (...) son choques biológicos imprescindibles a la renovación.28

Cuando iniciamos este artículo, hablábamos que algunas personas se preguntaban por qué Dios permite que ciertos individuos nazcan en la Tierra y actúen de forma tan brutal, sin embargo, por lo que pudimos estudiar, muchos de nosotros, considerados normales, podemos tener rasgos psicopáticas, aunque la mayoría logremos dominar dicha tendencia y aprovechar la oportunidad reencarnatoria que la misericordia divina nos brinda. Pero a veces, la oportunidad está en asistir a Espíritus que reencarnan con inclinación psicopática en nuestra familia o en nuestro entorno. ¿Qué podemos hacer?
La medicina solo puede diagnosticar la psicopatía a partir de los 18 años22, pero es importante que la familia esté atenta a sus hijos desde muy pequeños, sobre todo si presentan ciertos comportamientos - maltrato a animales, a compañeritos, mentiras, pequeños robos y falta de afecto -, para que busquen ayuda profesional y puedan brindarles una educación con base en la disciplina amorosa. Si bien un pequeño porcentaje de la población mundial sufre de psicopatía, como Espíritus aún en aprendizaje, es importante ir modificando las malas tendencias desde temprana edad. En realidad, la madre ya debe adoptar cuidados especiales desde el embarazo, evitando el consumo de sustancias que  pueden alterar el cerebro de los bebés, como el alcohol y el tabaco, por ejemplo, y los papás igualmente pueden aportar en la alteración positiva del cerebro del bebé. Según estudios publicados en la Revista “Mente y cerebro”, “la influencia mutua entre padre e hijos resulta beneficiosa para el cerebro de ambos.”23
Asimismo, la caridad puede ser un precioso recurso a ser utilizado por  espíritas y demás, ya que situaciones de riesgo, como las que encaran familias con bajos recursos económicos, donde se pasa hambre, pueden ser factores importantes para el desarrollo de la agresividad de un niño cuando llegue a la edad  adulta.24 Si podemos acercarles alimentos, ropas y principalmente herramientas que les permitan mejorar su situación económica, podemos estar colaborando en la mejora de muchos Espíritus, especialmente de aquellos que renacen con malas tendencias. Innecesario resaltar los beneficios del apoyo fraterno.
André Luiz nos enseña como encarar a los hermanos endurecidos:
“Para que nos transformemos en legítimos elementos de asistencia a los Espíritus que sufren, desencarnados o no, es imprescindible que comprendamos la perversidad como locura, la rebeldía como ignorancia y la desesperación como enfermedad.”25


Referencias

(1) KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Trad. Gustavo N. Martínez. Edicei: Brasília, 2009. Libro II, cap. I, preg. 121, p. 146.
(2) STAUT, Bernard. Psicopatas: maldade ou doença? Hypescience, /11/2011. Disponible en: http://hypescience.com/psicopatas-maldade-ou-doenca/
(3)  MARTÍNEZ, Yaiza. Los psicópatas padecen una anomalía cerebral. Revista Electrónica Tendencias21. 03/2010. Disponible en:
(4) NARLOCH, Leandro. Seu amigo psicopata. Revista Superinteressante, julio de 2006. Disponible en: http://super.abril.com.br/ciencia/seu-amigo-psicopata-446474.shtml
(5) ADAMS, Tim. Como identificar o cérebro de um assassino. Observer. Trad. Rodrigo Leite. 30 de mayo de 2013. Disponible en:
(6) FERNÁNDEZ, Rocío. Cesare Lombroso. El padre de la Criminología Moderna. Disponible en:
http://mentecriminaldelictiva.blogspot.com.ar/2012/09/cesare-lombroso-el-padre-de-la.html
(7) KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Trad. Gustavo N. Martínez. FEB, Brasília, 2010. Libro IV, Cap. II, preg. 993, p. 612.
(8) _____________. Libro III, Cap. VII, preg. 785 (comentario), p. 487.
(9) _____________, Cap. X, preg. 846, p. 518.
(10) ___________. La Génesis. Trad. Gustavo N. Martínez y Marta H. Gazzaniga. FEB, Brasília, 2010. Cap. XI, ítem 11, p. 222.
(11) DELANNE, Gabriel. O Espiritismo Perante a Ciência, 3ª ed.: FEB, Rio de Janeiro, 1995. Parte 4, Cap. 2, p. 246.
(12) ___________. A Evolução Anímica. 3ª ed.: FEB, Rio de Janeiro, 1992. Cap. 1, p. 39.
(13) ___________. Capítulo 4, p. 125-126.
(14) FONSECA, Alexandre. LEITE, Antonio. TORCHI, Christiano. Reflexões Críticas sobre o Perispírito e sua Influência na Formação  e Manutenção do Corpo Físico. Boletín GEAE,  Año 16 Nº 531, 532 e 533. Disponible en:
(15) Sobre os psicopatas. Disponible en:
(16) KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Trad. Gustavo N. Martínez. FEB, Brasília, 2010.  Libro III, Cap. X, preg. 872, p. 530-531.
(17) ____________. Cap. I, preg. 632, p. 416.
(18) ____________. Cap. VII, preg. 796, p. 496.
(19) XAVIER, F. Cândido. VIEIRA, W. Evolução em dois mundos. 6ª ed.: FEB, Rio de Janeiro, 1981. Parte 1, Cap. XVI, p. 122.
(20) PEREIRA, Yvonne A. Memorias de un suicida. Por el Espíritu Camilo C. Branco. Trad. H. Centrón. FEHAK, Buenos Aires, 2004. Cap. 2, p. 200-222.
(21) XAVIER, F. Cândido. Por el Espíritu André Luiz. No Mudo Maior. 12ª ed.: FEB, Río de Janeiro, 1947. Cap. 17, p. 219-227.
(22) Entrevista a la Dra. Dra. Ana Beatriz Barbosa Silva. Revista O Consolador, Ano 5 - N° 224, 28 de Agosto de 2011. Disponible en:
(23) MOSSOP, Brian. Cerebro y paternidad. Revista Mente y cerebro, nº 58, 2013. p. 28.
(24) BERNARDO, Ángela. ¿Está la maldad escrita en nuestros genes? (II), 25 de junio de 2013. Disponible en
(25) XAVIER, F. Cândido. Por el Espíritu André Luiz. No Mudo Maior. 12ª ed.: FEB, Río de Janeiro, 1947. Cap. 3, p. 41.
(26) ____________ p. 46.
(27) ____________ p. 47.
(28) ____________. Cap. 4, p. 61

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