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jueves, 26 de julio de 2012

El Libro de los Espíritus, 154º Aniversario


Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com


El 18 de abril se celebran los 154 años del lanzamiento de “El Libro de los Espíritus”, fecha que marca el nacimiento de la Doctrina Espírita.
Es muy común que recordemos en tal fecha la importancia de la obra, su estructura, el método adoptado por Allan Kardec, entre otros aspectos muy interesantes y relevantes que deben formar parte del abanico de conocimientos del espírita que se propone a estudiar los postulados de esa doctrina tan lógica, hermosa y consoladora.
Pero quisimos, en esta ocasión, abordar el tema de otra manera y concentrarnos en la importancia de la aplicación de la teoría a nuestra vida diaria, reflexionar sobre nuestra reforma íntima y saber si la seguimos llevando a cabo o si solamente hicimos dos o tres cambios más simples y quedamos estancados en cambios más profundos y necesarios e incluso en pequeñas, pero costosas transformaciones. Nos parece la mejor manera de rendir homenaje a nuestra querida Doctrina Espírita.
En el capítulo XII del Libro III de “El Libro de los Espíritus”, Kardec pregunta:

919 – “¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorar en esta vida y resistir a la incitación del mal?”
“- Un sabio de la Antigüedad os lo ha dicho: 'Conócete a ti mismo.'”
919a - “Entendemos toda la sabiduría de esa máxima. No obstante, la dificultad consiste precisamente en conocerse a sí mismo. ¿De qué modo podemos lograrlo?”

San Agustín le contesta con hermosas y profundas palabras que nos ayudan a corregir errores que muchas veces son olvidados. Nos enseña el sabio Espíritu a que interroguemos nuestra propia conciencia para conocer nuestras acciones y las causas que nos inducen a ellas. Por tal método podemos “contabilizar” todo lo bueno y lo malo que hacemos y, lo más importante, corregir los equívocos sin demoras.
En el libro “Opinião Espírita”, André Luiz nos facilita la comprensión, sistematizando el conjunto de cambios sobre los cuales debemos trabajar y tocando puntos claves que nos colocan ante la realidad de nuestra reforma íntima.
Dice que “el deber de todos los espíritas-cristianos es tornarse progresivamente mejor” y para ello hace falta verificar con alguna frecuencia nuestra verdadera situación íntima y someternos a un “riguroso examen personal”, pues el “espírita que no progresa a lo largo de tres años sucesivos permanece estancado.”

Reunimos algunas de las cuestiones expuestas por André Luiz para nuestra reflexión.

“¿Estás más calmo, afable y comprensivo?”
Lo más común es que traslademos la responsabilidad de nuestra impaciencia a los demás. Afirmamos que determinadas personas y situaciones nos sacan la paciencia, como si esa virtud fuera algo oscilante que adquirimos y perdemos al azar o según las circunstancias. La paciencia es una adquisición del Espíritu y como tal, no se pierde. Si perdemos la paciencia siempre en las mismas situaciones es porque todavía nos falta trabajarla mejor, conquistarla y por esa razón las oportunidades se repiten.
“¿Conquistaste el más alto clima de paz dentro de tu casa?”
El hogar es un gran laboratorio para el Espíritu, es donde nos reencontramos con otros Espíritus con quienes podemos tener o no afinidades. Nos hallamos reunidos para aprender a convivir, a amarnos y como espíritas somos más responsables de promover un ambiente de paz y armonía en nuestro domicilio, ejemplificando la Doctrina que predicamos en la manera de pensar, hablar y actuar.
¿Colaboras con más entusiasmo en las tareas que te corresponden en el templo doctrinario?
El verdadero espírita es constante, es disciplinado, es responsable. Ejecuta su labor amorosamente y sabe que si no lo hace sobrecargará a sus compañeros, quienes terminan por hacerlas delante de la negligencia del hermano distraído. El espírita sincero tampoco trabaja por autopromocionarse o para complacer a su vanidad de buen orador, buen médium, buen escritor o lo que sea.
“¿Tienes el Evangelio más vivo en tus actitudes?
Lamentablemente somos muy buenos citando las enseñanzas evangélicas, predicando los ejemplos de Jesús y las palabras de los Buenos Espíritus, pero dejamos de ponerlos en práctica en reiteradas oportunidades de nuestra vida cotidiana, sobre todo cuando nuestro orgullo es lastimado.
¿Te ves con mejor disposición para servir en modo voluntario?
Muchas veces abrazamos nobles tareas voluntarias que benefician a muchos, pero las dejamos por cosas superfluas o las cambiamos por otras actividades más interesantes, “impuestas” por nuestros quehaceres sociales. Creemos equivocadamente que el bien sólo se hace cuando no tenemos otra actividad que hacer. Confundimos caridad con limosna. El trabajo voluntario es una autodonación y como tal debe ser llevada a cabo con responsabilidad, constancia y amor.
¿Estás menos susceptible a la influencia de los bienes materiales?
Aunque tengamos muy en claro que somos seres espirituales, en muchas oportunidades priorizamos lo material y olvidamos la parte espiritual. Aún nos vestimos fielmente según nos dicha la moda, buscamos demasiadamente lo superfluo y “olvidamos” ciertos principios y valores - “sin mucha importancia”, según nuestros criterios -, para alcanzar ciertas comodidades financieras o conseguir determinada suma de dinero.
¿Usas con más frecuencia los pronombres “nosotros” y “nuestros” y con menos frecuencia “yo” y “mío”?
Los Espíritus nos dicen en “El Evangelio según el Espiritismo” que el egoísmo es uno de los mayores defectos del hombre, sin embargo, nos cuesta vencerlo y amar al prójimo como a nosotros mismos, tal como nos enseñó Jesús. El orgullo también nos traiciona cuando queremos hacernos notar individualmente por alguna virtud o por algo que hicimos bien.
¿Tus instantes de tristeza o enojo son menos frecuentes?
Afirmamos nuestra fe en Dios, sabemos que somos Espíritus inmortales que poseemos un bagaje espiritual, de buenas y malas acciones, pero a la menor contrariedad o vicisitud, lo olvidamos y nos dejamos quedar en largos períodos de llanto, alimentando la autocompasión o pataleando, sin reflexionar sobre la enseñanza que esos momentos nos traen, sin confiar en la justicia de Dios que siempre nos ubica donde nos sea mejor.
¿Disminuyeron los pequeños remordimientos ocultos en lo profundo de tu alma?
Cuando algunas personas estudian el Espiritismo y toman conocimiento de su responsabilidad ante sus acciones se vuelven demasiadamente exigentes, no solamente con los demás, sino también con ellas mismas. No se permiten equivocarse y cuando eso sucede no pueden perdonarse. Somos Espíritus imperfectos y aún fallaremos algunas veces, pero siempre podremos recomenzar, rectificar los errores. Para ello es necesario no perder el tiempo con remordimientos inútiles. ¡A trabajar!
¿Superaste antiguos desafectos y aversiones?
Los rencores son fuertes lazos que nos mantienen atados a las regiones inferiores, sin que logremos liberarnos, elevarnos y crecer. Nos mantienen vinculados a nuestro desafecto hasta que podamos olvidar las ofensas. Jesús nos enseñó a reconciliarnos con nuestros “enemigos” mientras aún caminamos juntos. De no ser así, tarde o temprano deberemos solucionar esa pendencia en una de las sucesivas encarnaciones, cuando podremos regresar en la misma familia como parientes muy cercanos, para aprender a perdonarnos y amarnos.
¿Corregiste los lapsos crónicos de desatención y negligencia?
Es importante realizar con atención y empeño las tareas que nos son confiadas, ya que todo nos sirve de aprendizaje. Aún más importante es dedicarnos a las personas, a prestarles atención, a serles solícitos y cariñosos. Las oportunidades están y deben ser aprovechadas.
¿Estudias más atentamente la doctrina que profesas?
El Espiritismo tiene sus bases muy definidas en las obras codificadas por Allan Kardec y sería precipitado considerarnos espírita sin haber estudiado sus postulados básicos. Más grave aún es repetir las enseñanzas equivocadas que escuchamos de personas que estudian poco o que interpretan la literatura espírita según su conveniencia, distorsionando importantes principios y mezclando conceptos que contradicen la lógica kardeciana. Es imposible conocer la Doctrina sin estudiarla en modo sistematizado y disciplinado y hay algunos que se aburren cuando estudian, dando excusas infantiles para no hacerlo y justificar su pereza. ¿Cómo podemos profesar algo que nos aburre? El Espiritismo es el Cristianismo restaurado y bien comprendido. Es un conjunto de principios lógicos y profundos que no pueden ser comprendidos por osmosis.
¿Entiendes mejor la función del dolor?
El dolor es una alarma que nos avisa que algo no está bien. Si no sintiéramos dolor jamás iríamos al médico y no diagnosticaríamos la enfermedad. El dolor es una herramienta de crecimiento que nos madura y prueba nuestra fe. Forma parte de nuestra vida por nuestra condición de Espíritus imperfectos, deudores de las Leyes Divinas. El dolor nos vuelve más humanos, más solidarios ante las vicisitudes del prójimo. 
¿Oras, de hecho?
La oración es una conversación con los habitantes de los Planos Superiores, con los Buenos Espíritus, con nuestro Maestro Jesús y con Dios, nuestro Padre Amoroso. Por esa razón debe ser sentida en lo más profundo de nuestro ser. No puede ser pronunciada mecánicamente como un deber diario. Orar es una acción única, cuando podemos desvincularnos de los lazos inferiores que nos atan a la Tierra y probar sensaciones y sentimientos superiores, en contacto con otro nivel vibratorio. Nos tranquiliza, nos equilibra, nos prepara para un momento difícil y nos hace encarar la vida de modo más optimista y alegre.
¿Tus ideas evolucionaron?
Vencer los prejuicios es uno de los grandes desafíos que enfrentamos. Aún juzgamos una persona por su manera de vestirse, por su clase social, por su orientación sexual, por su religión y por otros tantos rótulos infelices.
¿Tu fe razonada se consolidó con más seguridad?
Traemos en nuestro bagaje espiritual conceptos y comportamientos oriundos de religiones que predicamos en el pasado remoto o incluso en esta encarnación, de los cuales nos cuesta desligarnos. La fe espírita se aleja totalmente de la creencia ciega y no está acorde con las negociaciones con Dios o con los Espíritus. Predica la fe en Dios, pero nos indica que no basta solamente pedir, sino actuar y nos ofrece explicaciones lógicas para entender el porqué de la vida.
¿Tienes la palabra más indulgente?
El espírita habla de manera dulce, no esparce ácido entre sus hermanos equivocados. Si no tiene palabras de aliento y de comprensión prefiere el silencio, pero trata de no ser agresivo ni juzgar a los demás.
¿Tienes los brazos más activos y las manos más dispuestas a proteger?
En uno de sus libros, el Espíritu Emmanuel dice que “la obra divina solicita brazos humanos” y son palabras muy ciertas. En el medio espírita encontramos muchos oradores, muchos maestros, muchos dirigentes, pero son muy pocos aquellos que se disponen al trabajo discreto de seleccionar, lavar y coser ropas para donación; de limpiar su Institución Espírita; de cocinar y repartir alimento entre las personas que lo necesitan; entre otras actividades que los “nobles” dirigentes, maestros, oradores y escritores no pueden hacer porque su título de “doctor” se lo impide. Jesús enseñaba a través de sus acciones. No se quedaba solamente predicando a los demás lo que no practicaba. Era humilde.
Evangelio es alegría en el corazón: ¿Estás, efectivamente, más alegre y feliz íntimamente en estos 3 últimos años?
Muchas personas creen que el verdadero espírita debe ser alguien exageradamente taciturno, lo que sería una contradicción. Las herramientas que tenemos nos permiten vivir con más alegría, con más tranquilidad, porque sabemos que no existe la muerte, que somos inmortales, que estamos de paso por la Tierra y que caminamos siempre para adelante. No confundamos Espiritismo con tristeza o aquella clase de resignación que paraliza. La Doctrina es dinámica, nos acerca al prójimo, a Jesús, a Dios; nos proporciona una visión más amplia de la vida y de las cosas.
 “¡Todo marcha! ¡Todo evoluciona! ¡Brindemos nuestro rendimiento individual a la obra de Cristo!” y a las enseñanzas de los Espíritus, y más que homenajear a la Doctrina Espírita con palabras, hagámoslo dándole muestras de nuestra transformación íntima, valorando “la existencia hoy  espontáneamente, viviendo en paz” para que mañana no lo aprendamos “bajo el impacto del dolor.”
No hay ilusiones, pues cada día “es una cuota más de responsabilidad, un paso más rumbo a la Vida Espiritual, una oportunidad más aprovechada o perdida.”
Interroguemos nuestra “conciencia en cuanto al aprovechamiento” de nuestro tiempo, de nuestro cuerpo, de nuestra salud, valorando nuestros seres queridos y el prójimo. Aprovechando “las oportunidades de hacer el bien” y ser útil a los demás y a nuestro Planeta.
Hagámoslo ya para no llevarnos una sorpresa cuando volvamos a nuestra casa espiritual.

 Como ya lo dijimos, el 18 de abril la Doctrina Espírita cumple 154 años y todavía no la comprendemos ni la practicamos en su plenitud y con todas las posibilidades que poseemos.

Referencias:

KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Brasília, Edicei, 2009. Págs. 563-566.
XAVIER, Francisco Cândido. VIEIRA, Waldo. Espíritus Emmanuel y André Luiz. Opinião Espírita. Libro Digital, Págs. 4-5.
XAVIER, Francisco Cândido. Por el Espíritu Emmanuel. Ave, Cristo. 5ª Ed. Rio de Janeiro: FEB, 1954. 7 p.

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