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jueves, 9 de febrero de 2012

ESTUDIO DEL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO: La Reencarnación 2

Cap. IV, Ítems 10 al 15




“(…) y si queréis comprender lo que os dije, él es el mismo Elías, que debe venir. Oiga aquél que tenga oídos para oír.” (San Mateo, cap. XI, v. de 12 a 15)

El fragmento del Evangelio de Jesús no da lugar a duda, respecto de la reencarnación, aunque muchas religiones tratan de ignorarlo o distorsionarlo. Pero no hay mucho que inventar, o Jesús se equivocó o se equivocaron los que dieron a conocer sus palabras.

Si partimos de la creencia en Dios y en sus atributos, es muy lógico el principio de la reencarnación, pues de otro modo, Dios no sería justo, tampoco misericordioso, luego el equívoco es una tesis que no se sostiene por su debilidad.

Además de afirmar que Juan el Bautista era Elías reencarnado, Jesús agregó la frase: “oiga aquél que tenga oídos para oír”, no obstante nuestro aparato auditivo aún se halla concentrado en la superficie, en los sonidos, en los asuntos banales, sin profundizarnos en temas más elevados y trascendentales.

Emmanuel nos describe muy bien la posición inferior de nuestros oídos, cuya atención aún se limita a temas perturbadores, a chusmeríos a pesimismos y convenciones, entre otros asuntos de menor importancia. (3)

El problema es que todavía no conocemos la muerte, justamente por lo ya expresado, y le ponemos una carga negativa y simplista, sino necia. Algo que el Espíritu Vinícius refuta, citando Maeterlinck:

"¿No es sorprendente que la idea de la muerte, que debería ser, además, la más perfecta y luminosa de nuestras ideas, por ser la más constante e inevitable de todas, es en realidad la más enferma y atrasada?” (2)

“Nacimiento y muerte son fenómenos naturales y correlativos”, ya que es necesaria la muerte para que haya el nacimiento y el nacimiento para que se dé la muerte. Son dos etapas distintas, pero esenciales en nuestra vida de Espíritu en evolución y que transforman la idea de aniquilamiento de la vida en una ilusión de los sentidos. (2)

Encarada de este modo, la muerte se desmitifica y la reencarnación, como lo afirma Cairbal Schutel (1), pasa a ser uno de los principios fundamentales del Cristianismo, ya que partimos de la enseñanza de Jesús, informando la reencarnación de Elías. Y como postulado cristiano, nos aclara que “las cualidades buenas o malas” pertenecen al Espíritu y que a través de la evolución, “los buenos serán aún mejores y los malos se volverán buenos”, siempre de acuerdo con el “trabajo que cada uno de nosotros desarrolle para beneficio propio.” (1)



Fuentes consultadas

(1) SCHUTEL, Cairbar. Parábolas y enseñanzas de Jesús. Reencarnación o pluralidad de las existencias corpóreas. 12. ed. Matán: El Clarín, 1987, p. 197-201.

(2) VINICIUS, Pedro de Camargo. En la Escuela del Maestro. Nacer y morir. 5. ed. Sao Paulo: FEESP, 1988, p. 84-6.

(3) XAVIER, Francisco. Espíritu Emmanuel. Palabras de Vida Eterna. Oídos. 11. ed. Uberaba: CEC: 1988. p. 161-2.

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