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jueves, 9 de febrero de 2012

ESTUDIO DEL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO: La Reencarnación 2

Cap. IV, Ítems 10 al 15




“(…) y si queréis comprender lo que os dije, él es el mismo Elías, que debe venir. Oiga aquél que tenga oídos para oír.” (San Mateo, cap. XI, v. de 12 a 15)

El fragmento del Evangelio de Jesús no da lugar a duda, respecto de la reencarnación, aunque muchas religiones tratan de ignorarlo o distorsionarlo. Pero no hay mucho que inventar, o Jesús se equivocó o se equivocaron los que dieron a conocer sus palabras.

Si partimos de la creencia en Dios y en sus atributos, es muy lógico el principio de la reencarnación, pues de otro modo, Dios no sería justo, tampoco misericordioso, luego el equívoco es una tesis que no se sostiene por su debilidad.

Además de afirmar que Juan el Bautista era Elías reencarnado, Jesús agregó la frase: “oiga aquél que tenga oídos para oír”, no obstante nuestro aparato auditivo aún se halla concentrado en la superficie, en los sonidos, en los asuntos banales, sin profundizarnos en temas más elevados y trascendentales.

Emmanuel nos describe muy bien la posición inferior de nuestros oídos, cuya atención aún se limita a temas perturbadores, a chusmeríos a pesimismos y convenciones, entre otros asuntos de menor importancia. (3)

El problema es que todavía no conocemos la muerte, justamente por lo ya expresado, y le ponemos una carga negativa y simplista, sino necia. Algo que el Espíritu Vinícius refuta, citando Maeterlinck:

"¿No es sorprendente que la idea de la muerte, que debería ser, además, la más perfecta y luminosa de nuestras ideas, por ser la más constante e inevitable de todas, es en realidad la más enferma y atrasada?” (2)

“Nacimiento y muerte son fenómenos naturales y correlativos”, ya que es necesaria la muerte para que haya el nacimiento y el nacimiento para que se dé la muerte. Son dos etapas distintas, pero esenciales en nuestra vida de Espíritu en evolución y que transforman la idea de aniquilamiento de la vida en una ilusión de los sentidos. (2)

Encarada de este modo, la muerte se desmitifica y la reencarnación, como lo afirma Cairbal Schutel (1), pasa a ser uno de los principios fundamentales del Cristianismo, ya que partimos de la enseñanza de Jesús, informando la reencarnación de Elías. Y como postulado cristiano, nos aclara que “las cualidades buenas o malas” pertenecen al Espíritu y que a través de la evolución, “los buenos serán aún mejores y los malos se volverán buenos”, siempre de acuerdo con el “trabajo que cada uno de nosotros desarrolle para beneficio propio.” (1)



Fuentes consultadas

(1) SCHUTEL, Cairbar. Parábolas y enseñanzas de Jesús. Reencarnación o pluralidad de las existencias corpóreas. 12. ed. Matán: El Clarín, 1987, p. 197-201.

(2) VINICIUS, Pedro de Camargo. En la Escuela del Maestro. Nacer y morir. 5. ed. Sao Paulo: FEESP, 1988, p. 84-6.

(3) XAVIER, Francisco. Espíritu Emmanuel. Palabras de Vida Eterna. Oídos. 11. ed. Uberaba: CEC: 1988. p. 161-2.

viernes, 3 de febrero de 2012

En los Dominios de la Mediumnidad

Autor: Espíritu André Luiz
Psicografía: Francisco Cândido Xavier

En este libro André Luiz organizó el resultado de sus estudios y observaciones sobre la mediumnidad por comprender la importancia del intercambio espiritual entre las criaturas.

Dividido en 30 capítulos, el libro aborda temas como la asimilación de corrientes mentales, la psicofonía, la posesión, el sonambulismo, el desdoblamiento, la clarividencia y la clariaudiencia, las fuerzas viciadas, el mandato mediúmnico, la fascinación, los efectos físicos, la mediumnidad corrompida, entre otros temas.

Cita el papel de la jornada evolutiva del Espíritu y explica que la busca de la Ciencia por comprender los hechos del alma humana la conduce a la comprensión de las matices de la mediumnidad.

Sus orientaciones reposan en las enseñanzas de Jesús y representan manual seguro para quienes desean dedicarse a la tarea mediúmnica.

En el primer capítulo André Luiz, Hilário y decenas de otros Espíritus concurren a un curso rápido de ciencias mediúmnicas y escuchan a una conferencia del Instructor Albério, que esclarece que la mente humana es la base de todos los fenómenos mediúmnicos, que en la familia terrena actuamos y reaccionamos unos sobre los otros continuamente. Creamos, alimentamos y destruimos formas y situaciones, paisajes y cosas con las cuales estructuramos nuestros destinos.

Agrega que la mente es un núcleo de fuerzas inteligentes que generan plasma sutil, el cual nos ofrece recurso a lo que pensamos cuando lo exteriorizamos.

En el mundo mental del agente, el que recibe sus impresiones puede interpretar los pensamientos recibidos según su capacidad, y al médium le cabe elevar su nivel vibracional, a través del estudio y de la práctica de virtudes, para que pueda recoger los mensajes de las Grandes Almas.

En el capítulo que sigue, André Luiz y Hilário conocen al psicoscopio, un pequeño aparato capaz de identificar las vibraciones del alma y observar la materia sin la necesidad de gran concentración mental. Por su uso los Espíritus pueden averiguar las posibilidades morales, sentimentales e intelectuales de un médium o de un equipo mediúmnico, según las radiaciones que proyectan.

Acompañados por Áulus, los dos aprendices se dirigen al plano terreno y entran a una casa espírita. Quedaron deslumbrados cuando verificaron la armonía de los diez médiums allí presentes. A través del psicoscopio, pudieron ver un hermoso espectáculo de luces en los dos planos y los rayos ectoplasmáticos exteriorizados por los encarnados.

Conocen a los médiums que forman parte del equipo mediúmnico que observarán durante el aprendizaje.

Raúl Silva, el dirigente y esclarecedor, es un instrumento fiel de los benefactores desencarnados, quienes hallan en su mente un espejo cristalino que reproduce sus instrucciones sin nada distorsionar. Eugênia, médium de intuición clara y elevada categoría moral, tiene la ventaja de mantenerse consciente. Anélio Araújo viene conquistando progreso en la clarividencia, la clariaudiencia y la psicografía. Antônio Castro es sonámbulo que necesita todavía de mayores estudios y experiencias más amplias. Y Celina, tiene las facultades de la clarividencia y la clariaudiencia, la incorporación sonambúlica, así como el desdoblamiento de la personalidad, las cuales ejecuta con la misma espontaneidad con la que respira y con gran responsabilidad.

Por el uso del psicoscopio, pueden ver la naturaleza de los pensamientos del Espíritu observado. Y se les explica a los aprendices que en el cerebro se concentran todas las manifestaciones de la individualidad que gobiernan las acciones del alma a través de los pensamientos. Además, se comenta el peligro que rondan a los médiums que se creen dueños de los recursos espirituales que no les pertenecen.

En el capítulo 4, se presentan dos enfermos para la asistencia. Eran almas en turbación mental que acompañan a parientes, amigos o enemigos a las reuniones públicas de la institución. Es que las exposiciones evangélicas pueden desconectar enchufes mentales entre encarnados y desencarnados, liberándoles el pensamiento.

Por esa razón, Espíritus vampirizadores pueden provocar sueño en sus víctimas durante la charla, para que no sean asistidos.

André Luiz nota que entre los Espíritus sufrientes están seres que presentan mutilaciones, ulceraciones y parálisis y es informado que tales deformaciones sobreviven en el periespíritu, alimentadas por los pensamientos que las generaron.

Aún en este capítulo son descritos dos casos de hipnosis y obsesión, el primero caso era de amnesia causada por sugestión post-hipnótica y el segundo era de un hombre que había accedido a una maldición de su padre y la concretó en su periespíritu.

Más adelante, los aprendices acompañan la preparación de una reunión mediúmnica, en la cual el dirigente espiritual desciende su nivel vibratorio para estar conectado al dirigente encarnado, quien eleva su vibración por la oración.

El instructor explica la importancia del pensamiento y André Luiz comprende que somos víctimas o beneficiarios naturales de nuestras propias creaciones. Según las corrientes mentales que proyectamos, nos esclavizamos a compromisos contraídos por el equívoco de nuestras experiencias o nos liberamos con el bien hacia el progreso.

Además, hay valiosa explicación sobre cómo percibir e identificar la naturaleza de las interferencias en nuestra mente.

El capítulo 6 relata un caso de obsesión en el que un hombre enamorado de una mujer, la vampiriza durante 5 años y se adapta a su organismo, utilizándolo como instrumento de sensaciones. Tal conexión genera graves desequilibrios en el organismo de la mujer y es necesario asistirlos a los dos.

El equipo espiritual ubica el obsesor al lado de Eugenia para la manifestación psicofónica y adoctrinamiento, y la médium nos ofrece gran ejemplo de una correcta práctica mediúmnica. Siempre consciente, Eugenia lo mantiene controlado para que no se exprese de manera grosera y no actúe de manera violenta, pues el nivel vibratorio del medianero no debe bajar al nivel del comunicante.

A quienes se dedican o se quieren dedicar a la tarea de esclarecedor, en el capítulo 7 van a encontrar precioso material de estudio. Raul asiste a un Espíritu sufriente e irónico y utiliza el proceso de regresión de memoria con la ayuda de una pantalla fluídica, formada con la manipulación del ectoplasma de los médiums. Es un capítulo hermoso que prueba que el amor supera las palabras.

La asistencia sigue en el capítulo siguiente, cuando vino a la reunión un Espíritu infeliz que permanecía estancado en el egoísmo y apegado a los bienes materiales hacía más de dos siglos. Fue atendido por doña Celina a través de la psicofonía sonambúlica con pleno control moral del ejercicio mediúmnico.

El instructor espiritual le explica a Hilário que cuando el médium psicofónico sonambúlico (inconsciente) no posee méritos morales para su auto-defensa, puede ser conducido a la posesión, tema del capítulo 9.

En la fila de los que esperaban ser asistidos, había un hombre enfermo que parecía afligido e incómodo. Su estado se agrava cuando tal hombre suelta un grito agudo y se cae desamparado. Es que fue atacado por su obsesor y ahora ambos parecían un único ser, mientras la víctima tenía un ataque epiléptico.

Áulus explica que se trata de una posesión completa o epilepsia esencial, considerada como un transe mediúmnico de bajo nivel y agrega que los valiosos aparatos mediúmnicos no son improvisados. Vemos la inconveniencia de la presencia de personas desequilibradas en las reuniones mediúmnicas.

En el capítulo 10, una mujer encarnada comienza a gritar por la llegada de su perseguidor desencarnado. Se transfigura, se contrae, llora convulsivamente y tiene la respiración oprimida. Es que estaba imantada cerebro a cerebro a su perseguidor espiritual, quien en otra existencia fue su compañero en actos infelices.

La familia no lograba comprender lo que le pasaba, pues pese a sus adquisiciones culturales, la mujer mostraba comportamiento desequilibrado. Conoció a un caballero que la desposó creyendo que podría sanarse, pero su estado empeoró. Debió recibir a su perseguidor como hijo, pero provocó el aborto cuando se descubrió embarazada. Tal acción agravó su desequilibrio.

Una vez más, queda claro que personas desequilibradas y obsesadas no pueden estar en la reunión mediúmnica, sino en las conferencias evangélicas, en la recepción de pases, en las tareas asistenciales, en el estudio doctrinario y en las oraciones.

El capítulo 11 relata con detalles el fenómeno de desdoblamiento del médium, seguido de psicofonía, bajo la acción del Plano Espiritual. Antônio Castro recibe pases espirituales, adormece y se duplica, desligado del vehículo carnal. A principio su doble etérico acompaña su periespíritu, pero regresa al cuerpo físico enseguida.

Completamente desdoblado, Castro se eleva en el espacio tomado de las manos de dos asistentes espirituales. El médium todavía tiene miedo pero con la ayuda de los asistentes logra alcanzar el lugar donde está antiguo trabajador de la institución, ahora desencarnado y que puede comunicarse a través de la psicofonía de Castro.

Es un capítulo para ser estudiado con mucha dedicación.

Después de dos horas de asistencia, la reunión mediúmnica entraba a su etapa final y los Espíritus sufrientes podrían recibir vibraciones de auxilio y los encarnados se beneficiarían del agua fluidificada.

El amigo espiritual Clementino fluidificó el agua, los médiums fueron instruidos por Raul a prepararse para recibir posibles enseñanzas de los mentores espirituales y André Luiz fue informado que las facultades mediúmnicas pueden ser idénticas en personas diversas pero cada persona tiene su manera personal de aplicarlas.

En este capítulo (12), se nota además el cuidado del plano espiritual en aumentar o disminuir las percepciones de los médiums para que ellos estén equilibrados.

En el mismo capítulo se explica que la clariaudiencia y la clarividencia son facultades de percepción mental e independen de los órganos físicos.

El mentor espiritual crea formas-pensamientos, las cuales pueden ser vistas por los médiums clarividentes y asimiladas de diferentes maneras por los demás médiums, según sus posibilidades. Y el asistente espiritual aclara que los obsesores utilizan igual proceso para causar impresiones alucinatorias en sus víctimas.

Pero Castro se desligó de la reunión porque pasó a alimentar propósitos diferentes y ya no se concentraba por creer que ya había cumplido con su tarea.

El mensaje espiritual solamente se concreta en el capítulo que sigue y representa hermosa lección. Nos recuerda que la renovación mental es el único instrumento de recuperación de la armonía, sobre todo en los casos de mediumnidad torturada. Que la educación mediúmnica, la lectura de libros de orientadores del progreso, la bondad y la elevación de sí mismo son deberes del buen médium. Que el amor y la sabiduría son las alas para el vuelo definitivo rumbo a la perfecta comunión con el Padre Celestial.

Cuando ya se iban de la institución, el marido desencarnado de doña Celina se les acercó. Abelardo fue un hombre temperamental que desencarnó joven e intentó obsesar su viuda sin lograrlo. Anduvo por las zonas purgatoriales hasta que reflexionó sobre sus acciones, recibió el auxilio de la esposa y ahora se reajustaba a través del trabajo. Abelardo buscaba ayuda para Libório, el primer Espíritu a manifestarse en la reunión mediúmnica.

Más tarde el equipo espiritual se reunió con doña Celina (desdoblada por el sueño) y entraron a regiones inferiores para asistir a Libório.

El capítulo es rico de informaciones sobre las uniones a través del matrimonio y su alcance en el plano espiritual. Además nos ofrece lecciones sobre la obsesión recíproca entre encarnado y desencarnado.

El equipo espiritual se dirigía a otra institución espírita cuando una escena le llamó la atención. En la puerta de un restaurante barato dos policías arrestaban a un señor embriagado, que se hallaba abrazado a una entidad ensombrecida, también ebria.

Decidieron entrar al local, donde recogerían preciosas lecciones. Allí pueden ver el vampirismo sobre alcohólicos y fumadores y reciben informaciones sobre la inexorabilidad de la Ley de Acción y Reacción, manifiesta en las reencarnaciones de almas endurecidas en los vicios: mongolismo, hidrocefalia, parálisis, ceguera, epilepsia secundaria, idiotismo, deformidades natas. Todo como recursos angustiosos, pero necesarios.

Además, observan un joven periodista, médium de psicografía que escribe ideas infelices que captaba de un Espíritu inferior al que estaba imantado. El obsesor lo usaba para perturbar a una joven encarnada involucrada en un crimen. Excitados por el alcohol y por el humo pretendían elaborar un reportaje nocivo.

Cuando el equipo espiritual salía de triste ambiente se fijó en una ambulancia que pasaba por ellos. Se trataba de un médico acompañado por un Espíritu que le envolvía la cabeza en luz, con suaves irradiaciones calmantes.

No solamente los Espíritus obsesores trabajaban. Los Espíritus superiores seguían asistiendo a quienes lo necesitaban.

El capítulo 16 nos muestra como se ejecuta la Asistencia Fraterna en los dos planos, el cuidado del plano espiritual en la protección magnética aplicada donde haya trabajo serio y amoroso y como una médium dedicada, Ambrosina, es asistida por los Benefactores espirituales.

Además, relata que cuando hay pedidos en beneficio de personas ausentes, se arma una pantalla fluídica en la que aparece cada una de ellas para que los amigos espirituales las analicen, les recoja los pensamientos y necesidades y les ministren la asistencia a sus problemas.

Con todas las informaciones necesarias, los amigos espirituales inspiraban a la médium escribiente a anotar las orientaciones y la asistencia adecuadas a cada situación.

El mandato mediúmnico es ampliamente relatado y representa condición esencial al médium comprometido con el deber y con el Evangelio de Jesús.

El capítulo que sigue representa valiosa lección a los que desean dedicarse a la mediumnidad sanadora.

Áulus explica que todos que buscan el socorro magnético con amor y confianza reciben emanaciones mentales sublimes. Que el éxito de la tarea exige experiencia, horario, seguridad y responsabilidad del trabajador fiel a los compromisos asumidos.

Agrega que la oración expulsa los fluidos negativos y renuevan las energías, así que los pasistas no necesitan temer el agotamiento.

Nos recuerda que durante la donación de fluidos no es necesario tocar el asistido; que el pensamiento influye de manera decisiva en la donación; que los que abusan de esa fuente de donación pueden terminar como víctimas de vampirismo; que al buen servidor le hace falta corazón noble, mente pura, amor, humildad y la fe viva para que el poder divino actúe sobre él. Que la ausencia de estudio significa estancamiento. Que todas las personas dignas y fervorosas conquistan la simpatía de los magnetizadores del plano espiritual, a través de la oración.

Las instrucciones de Áulus terminan explicando que el pase no reemplaza el esfuerzo individual sino que alivian los dolores, cuyas causas deben ser exterminadas por cada uno.

Hay un ejemplo de una señora que sufre de hepatitis por el exceso de cólera. Recibe alivio a la ictericia que es la consecuencia de la enfermedad, pero su cura por el pase es imposible.

En el capítulo 18 la médium Ambrosina sigue psicografiando mensajes de desencarnados a sus respectivos parientes encarnados, mientras algunos de ellos sufrían la vampirización de obsesores y se cerraban a los mensajes consoladores. Allí está una madre desesperada por recibir un mensaje de su hijo, que se había suicidado hacía unos meses y sufría a su lado, pero obviamente el joven no se podía comunicar.

Uno de los mensajes decía: (…) no debemos atribuir a los médiums obligaciones que nos caben a nosotros con carácter exclusivo, y tampoco esperemos de la mediumnidad funciones milagrosas (…)

En la parte que sigue, se relata un interesante tema de estudio: la dominación telepática. El esposo de una señora la traicionaba y la imagen mental de su amante perturbaba la paz de la familia. Después de cenar, tal imagen le aparecía ante los ojos como si fuera proyectada a la distancia y el hombre se fue de su hogar fascinado. Su esposa también la tenía ante ella y se peleaban mentalmente. Vibraciones silenciosas de crueldad y despecho, odio y celos, violencia y desesperación las alimentaban destructivamente. Se trataba de la obsesión entre encarnados.

Anésia, la esposa traicionada fue auxiliada durante el desdoblamiento y logró perdonar la amante. Aprende que a través de la oración se obtiene el amparo espiritual para manejar mejor la crisis conyugal.

Aún en la casa de Anésia los aprendices recogen otras enseñanzas. Elisa, su madre vive los últimos instantes de su existencia terrena y con el hijo desencarnado vive un proceso de obsesión mutua que termina en una simbiosis mental. En consecuencia de eso, tiene visiones que son del hijo desencarnado y no suyas.

Elisa es auxiliada por el Plano Espiritual en sus momentos finales y aún logra desdoblarse para visitar la única hermana que tenía sobre la Tierra, quien logra comprender que su hermana se murió.

El capítulo (21) nos alerta contra el apego dañoso entre encarnados y desencarnados y las consecuencias de la ignorancia de los parientes que no permiten que sus seres queridos sigan su camino luego de desencarnar.

El equipo espiritual vuelve a la institución espírita dirigida por Raul para la segunda reunión semanal. Allí había dos señoras acompañadas de sus maridos y un caballero de fisonomía cansada. Una de ellas que era médium, empieza a llorar convulsivamente y revive escenas de su pasado infeliz presentando el fenómeno de animismo. Aprendemos con este ejemplo que el caso es muy común y no debe ser considerado como una mistificación sino como una enfermedad mental a ser tratada con el auxilio evangélico, como si fuera la manifestación de un Espíritu desencarnado. Además, los instructores espirituales explican que existen antiguos hidalgos que renacen como mendigos que creen seguir viviendo en las mismas condiciones económicas de otras existencias.

Enseguida, otra señora entra en trance descontrolado porque una Entidad la quiere matar. Se trata de un obsesor desencarnado a quien la mujer estuvo vinculada hacía más de un milenio. Hay mucha sintonía entre ambos y la médium transmite las palabras del desencarnado en el dialecto muerto que usaban en el pasado, cuando fueron cómplices en un crimen. Es la mediumnidad políglota o xenoglosia.

Cerca de ellos un caballero que se ubicaba entre los enfermos cayó en estremecimientos y convulsiones. Y No lejos de él, dos Entidades de aspecto desagradable observaban sus movimientos, pero sin actuar magnéticamente de una manera manifiesta, provocándole la agitación que lo embargaba.

Se trataba de Américo, que estuvo sintonizado y subyugado por Espíritus delincuentes cuando estaba desencarnado y que ahora reencarnó con deficiencias en el organismo periespiritual por consecuencia de tal sintonía.

Américo formaba parte de una familia que se había reunido para expiar. El padre paralítico, en otra existencia fue el jefe de una banda de malhechores y convenció a cuatro jóvenes a juntarse a él. Reencarnado era el padre de los cuatro y los tenía que conducir al camino correcto.

Esta parte de la obra (cap. 24) alerta a la vigilancia del pensamiento porque en una familia los pensamientos actúan y reaccionan unos sobre otros.

El capítulo 25 comenta minuciosamente el tema de la fijación mental. La falta de vigilancia mental y los desvíos generan angustias, las cuales no se extinguen sin esfuerzo, sino que se fijan en la mente de aquellos que actúan de esa manera. Tal estado puede prolongarse durante siglos porque ocurre una cristalización del tiempo y en el tiempo. Generan momias espirituales, Espíritus hibernados en el auto-desequilibrio. En algunos casos, las almas desequilibradas se aburren después de algún tiempo y deciden regenerarse, pero muchas son sometidas a la reencarnación compulsoria en su propio beneficio.

La fijación mental puede causar amnesia, esquizofrenia y paranoia.

El rápido curso de mediumnidad llegaba a su etapa final y los aprendices acompañaron al instructor a un museo. Allí están algunos objetos revestidos de fluidos opacos que representan los recuerdos de quienes fueron sus dueños (encarnados o desencarnados).

Se detienen a observar un espejo que era defendido por una joven desencarnada con gran expresión de tristeza y pueden conocer la historia relacionada a él a través de la lectura de sus fluidos. Un joven de familia francesa exiliada en Brasil en 1791 se enamoró de la joven y le prometió matrimonio, pero ante el éxito de Napoleón en Francia, la familia deliberó regresar a su país y el joven le regaló el espejo a la joven y le imploró que lo conservara hasta que él pudiera volver a Brasil y casarse con ella. No obstante, el muchacho conoció a otra joven, olvidó la promesa y la ex novia seguía esperándolo y guardando el espejo.

Áulus explica que los objetos son imantados por la fuerza mental y que las personas dotadas de la mediumnidad de psicometría pueden percibir esas formas-pensamientos cuando los toca.

En el capítulo 27 los aprendices van a observar casos de lo que llaman de mediumnidad extraviada en un recinto cargado de fluidos desagradables y pesados. Quedan impresionados, pues médiums utilizan desencarnados como siervos para trabajos vergonzosos. Se trata del comercio de la mediumnidad para la solución de problemas materiales, en que encarnados y desencarnados se vampirizan mutuamente.

Otro tema de aprendizaje fue la mediumnidad de efectos físicos, observado en una sesión que intentaba la materialización, la cual no se pudo lograr porque los encarnados presentes en el recinto no ofrecieron condiciones mentales edificantes. Áulus explica que tales sesiones sólo deben ser realizadas cuando existen nobles objetivos morales y no para que sirva de espectáculo a los encarnados curiosos.

Cerca del término del aprendizaje, André Luiz conversa con Áulus sobre la importancia de mantener la sencillez evangélica, sobre el Espiritismo y sobre la mediumnidad y los médiums. Las varias y sublimes acciones de los diferentes médiums son enunciadas filosóficamente. El sacerdocio de la paternidad y la maternidad son expresados con elocuencia evangélica y se comenta que la mediumnidad es más espontánea y más pura en el hogar.

André Luiz concluye su obra con una hermosa oración dirigida a los Benefactores Espirituales:

– ¡Señor Jesús!

¡Haznos dignos de aquellos que derraman la verdad y el amor!

Acrecienta los tesoros de sabiduría en las almas que se engrandecen amparando a sus semejantes.

Ayuda a los que se despreocupan de sí mismos distribuyendo en tu nombre la esperanza y la paz...

Enséñanos a honrar a tus discípulos fieles con el respeto y el cariño que les debemos.

Extirpa del camino de nuestras almas la hierba dañina de la indisciplina y del orgullo, para que la humildad favorezca nuestra renovación.

No nos dejes confiados a nuestra propia ceguera y guía nuestros pasos hacia aquellos compañeros que se elevan humillándose, aquellos que por ser nobles y grandes ante Ti no se sienten disminuidos, mostrándose pequeños con el fin de auxiliarnos...

¡Glorifícales, Señor, coronando su frente con tus laureles de luz!...