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miércoles, 27 de octubre de 2010

¿TODO ES OBSESIÓN?


Por Marina Silva


Una vez escuché en la radio “Boa Nova”, una radio espírita de São Paulo, la siguiente anécdota:

Una señora era totalmente obcecada por una idea de persecución. Creía que todo lo que le pasaba era obra de su obsesor. Si se enfermaba, la culpa la tenía su obsesor. Si se caía, la culpa la tenía su obsesor. Si algo desaparecía, la culpa la tenía su obsesor… La señora se sometía al tratamiento de desobsesión en una Institución espírita, el Espíritu obsesor entró en razón, aceptó la asistencia del Plano Espiritual y la abandonó. Sin embargo la mujer, que nunca había participado de las reuniones mediúmnicas, seguía culpándolo al pobre hermano por todo lo malo que le sucedía. Pasado algún tiempo, cuando la mujer aún insistía en portarse de la misma manera, su ex obsesor se manifestó en la reunión mediúmnica y les pidió a sus miembros que le avisaran a la señora que él hacía tiempo que ya no la influenciaba, y más, que se preparaba para reencarnarse y ya no podría ser el culpable por todo cuanto le ocurría a ella.

Lamentablemente, el caso de esa señora no es el único. Incluso en los medios espíritas es común que escuchemos de nuestros hermanos de ideal que sufren constante influencia de los Espíritus aún en ignorancia. Los culpan por todo cuanto les ocurran de malo, sin detenerse un sólo momento a razonar sobre lo que dicen y piensan.

Hay casos también en que compañeros se niegan a asistir a un hermano encarnado que necesita auxilio, por miedo a “llevarse puesto” su obsesor o a “cargarse” con sus malas energías.

Sin comentar la falta de caridad que tal comportamiento encierra, recordemos un poco al noble codificador de la Doctrina Espírita y las enseñanzas de los Espíritus sobre la obsesión, sobre la influencia de los Espíritus.

La obsesión es la acción persistente que un mal Espíritu ejerce sobre un individuo. Presenta caracteres muy diferentes, desde la simple influencia moral, sin señales exteriores sensibles, hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales. [1]

En la pregunta 459 de “El Libro de los Espíritus”, tenemos:

¿Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y acciones?
– En este aspecto su influencia es mayor de la que creéis, porque, con frecuencia son ellos quienes os dirigen.

Por las enseñanzas presentes en la Codificación podemos notar que estamos expuestos a la influencia de los Espíritus y tal influencia puede tomar proporciones muy serias, pero ¿será que estamos totalmente desprotegidos y susceptibles a las acciones de los malos Espíritus?

Si seguimos apoyados en las enseñanzas kardecianas, observaremos en “La Génesis” la afirmación de que “la obsesión es siempre el resultado de una imperfección moral que atrae a los espíritus” y en la pregunta 467 de “El Libro de los Espíritus”, se explica que los malos Espíritus buscan a los que se sintonizan con ellos por los pensamientos.

El gran estudioso espírita Herculano Pires, en el libro “Obsesión, el Pase, la Adoctrinación”, afirma que las causas de las obsesiones pueden ser diversas y las más comunes son las de problemas reencarnatorios, las de inclinaciones viciosas, exceso de egoísmo, ambiciones exageradas, aversión a determinadas personas, odio, sentimientos de venganza, futilidad, vanidad excesiva, apego a lo material y otras clases de apego. [2]

Las citaciones nos permiten concluir que, si bien estamos todos expuestos a la influencia de los malos Espíritus por nuestra condición de Espíritus imperfectos, no podemos culpar a los desencarnados por todo lo malo que nos sucede. Y si de hecho algo malo nos pasa por su influencia, la culpa debe ser compartida, ya que los malos Espíritus sólo nos tienen acceso cuando se lo permitimos, ya sea por errores practicados en otras existencia - los cuales debemos reparar en ésta -, ya sea por la inferioridad de nuestros actos y pensamientos.
Tampoco debemos temer “llevarnos puesto” los obsesores de los demás, ya que en casos de reparaciones por errores pasados el obsesor no va a abandonar a su “víctima” para irse con nosotros. Y aunque no se trate de un caso de expiación, no nos hace falta “robarles” a los demás sus obsesores, ya que hay un sin números de Espíritus imperfectos que se pueden sintonizar con nosotros en todo momento y lugar.

Si el obsesor de un hermano lo dejara para seguirnos, la culpa sería nuestra porque resultaríamos más atractivos por nuestra inferioridad moral.

Así que no culpemos a los demás por “cargarnos” o por dejarnos sus obsesores, sino a nosotros mismos.

Además, debemos considerar que si no tenemos ningún tipo de afinidad con el desencarnado obsesor y aún así él nos sigue, es porque Dios así lo permite para que lo ayudemos a través de las oraciones, de los ejemplos o hasta conduciéndolos a las reuniones mediúmnicas de desobsesión. Eso también representa un aprendizaje para nosotros, ya que nos fuerza a ser más atentos en la vigilancia y en la conexión con el Plano Espiritual de Luz.

No obstante, hay algo que es importante destacar. La condición de trabajadores y dirigentes espíritas no nos vuelve inmunes a las obsesiones. Es cierto que tenemos mucha protección espiritual, pero tampoco debemos creernos perfectos como para exentarnos de un mal que alcanza la Humanidad (encarnada y desencarnada). Es posible que durante las actividades de amor al prójimo no dejemos brechas a las influencias negativas, pero eso pasa si estamos sintonizados con los Buenos Espíritus responsables por las tareas, si estamos en verdad haciéndolo con amor y no solamente como un encargo más.

Pero ¿y durante el período en que no estamos realizando tales actividades? ¿Tenemos total control de nuestros pensamientos las 24 horas del día?

Por supuesto que no. Somos Espíritus imperfectos, con muchas malas inclinaciones, con muchas virtudes por conquistar. Todavía no somos capaces de permanecer equilibrados y sintonizados con los Planos Superiores continuamente.

Muchos pueden preguntarse por qué Dios permite que los malos Espíritus influyan negativamente en la vida de sus trabajadores. Es simple, tenemos nuestro libre albedrío, las conquistas de las virtudes y la extinción de nuestros defectos deben ser una conquista nuestra, personal, intransferible. Además, al lado de los malos Espíritus están también los buenos y somos nosotros quienes elegimos que influencia tomar. En ese sentido, nuestros hermanos aún en la ignorancia nos sirven de instructores y sólo por esa razón ya merecen por lo menos una oración nuestra hacia ellos.

En el mismo párrafo citado de “La Génesis” leemos que “para preservarse de las enfermedades, se fortifica el cuerpo; para prevenir la obsesión, hay que robustecer al alma, razón por la cual el obseso necesita trabajar en su propio mejoramiento, lo que suele bastar para liberarse del obsesor sin el concurso de otras personas”; y podemos concluir de tal afirmación que debemos estar siempre atentos a nuestros pensamientos, atentos a las posibles influencias espirituales perniciosas que podamos sufrir.

El autoconocimiento, la atención constante, la oración sincera y el discernimiento nos llevarán a adoptar una conducta más acertada y equilibrada ante el tema de la obsesión:

NO PODEMOS PENSAR QUE SOMOS COMO ESPONJAS QUE ABSORBEMOS TODO LO MALO.

TAMPOCO PODEMOS PENSAR QUE SOMOS INMUNES A LA OBSESIÓN.

Estamos en proceso de aprendizaje mutuo y para alcanzar el éxito es necesaria la práctica.



Qué Jesús nos bendiga.


[1] El Evangelio según el Espiritismo. Capítulo 28, ítem 81.
[2] Capítulo Obsesión y Posesión: ítem 46.



Referencias

KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Preguntas 459 y 467
______________ El Evangelio según el Espiritismo. Capítulo XXVIII, ítem 81
______________ La Génesis. Capítulo Obsesión y Posesión: ítem 46
PIRES, J. Herculano. Obsesión, el Pase, la Adoctrinación. Informaciones Preliminares.

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