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sábado, 11 de septiembre de 2010

RESUMEN DEL LIBRO OBREROS DE LA VIDA ETERNA

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com




Autor: André Luiz (seudónimo de un consagrado médico brasileño)

Psicografía: Francisco Cândido Xavier



Esta obra nos fornece noticias de las zonas de la erraticidad que envuelven la Costra terrestre. El Espiritismo comprueba que nadie muere y que el perfeccionamiento continúa en todas partes.

Muestra que la muerte no modifica el hombre de forma milagrosa sino que éste vive la consecuencia del cumplimiento de las Leyes Divinas en la búsqueda del equilibrio y de la evolución.

Analiza las experiencias de los Espíritus en la vida que sigue en el Plano Espiritual, con sus instituciones, templos y hogares.

Presenta el trabajo de los obreros de Jesús en la asistencia cristiana, luchando contra las tinieblas, aliviando los sufrimientos y renovando las criaturas.

Demuestra que la muerte no extingue la colaboración amiga, el amparo mutuo, la intervención consoladora y el trabajo evolutivo.

A través de esta obra André Luiz nos revela las diferentes regiones donde estacionamos cuando desencarnamos, que comprueban la investigación de Kardec sobre la existencia de la erraticidad, donde demoran los seres desencarnados, que viven una nueva vida y preparándose para volver a la jornada terrena.

Además, explica las diferentes zonas que forman parte de la Costra terrestre y comenta los cuadros emocionales basados en las eternas Leyes Divinas que definen la organización de justicia, orden y equilibrio.

Es un retrato del bien y del mal en interacción entre la Costra terrestre y la erraticidad.

Comprometido en el trabajo de asistencia espiritual, el Autor integra un equipo de bienhechores vinculados a una institución de socorro ubicada en el entorno de la Costra terrestre, denominada “Casa Transitoria”.

En síntesis, el libro desvenda y aclara el proceso de desencarnación y reemplaza el miedo a la “muerte” por la comprensión de este fenómeno tan natural.

La narración comienza con las palabras de André Luiz:

“Antes de dar inicio a los trabajos de nuestra expedición de socorro, el Asistente Jerónimo nos condujo al Templo de la Paz, en la zona consagrada al servicio de auxilio, donde un esclarecido Instructor comentaría las necesidades de cooperación junto a las entidades infelices en los círculos más bajos de la vida espiritual que rodean la Corteza de la Tierra.”

Después de los comentarios, “Metelo hizo exhibir un gran globo de sustancia lechosa” que mostraba “varios cuadros vivos de su campo de acción en las zonas inferiores. Se trataba de un tipo de fotografía, animada con la presentación de todos los sonidos y detalles anatómicos inherentes a las escenas observadas por él, en su ministerio de bondad cristiana. Infelices desencarnados en abismos de dolor imploraban piedad. Monstruos de variadas especies, comparecían horripilantes al pie de víctimas desventuradas. Los paisajes infundían terror. Aparecían lúgubres procesiones de seres humanos despojados del cuerpo, bajo cielos nublados y amenazadores, cortados por cataclismos de naturaleza magnética”. Eran los asistidos por las acciones socorristas de los bienhechores.

El instructor Jerônimo, la enfermera Luciana, el padre Hipólito y André Luiz se dedicarían a atender a cinco dedicados colaboradores que estaban por desencarnar en la Corteza. Trabajaron fieles a la causa del bien y las autoridades los encargaron de atender sus casos particulares.

A la víspera de la partida, el Asistente Jerónimo condujo el grupo al “Santuario de la Bendición”, donde recibirían la palabra de mentores iluminados, habitantes de planos más elevados.

“Apenas tres grupos de socorristas, preparados para partir hacia regiones inferiores aprovechaban la oportunidad”, el grupo de Simprônia, el de Nicanor y el de Jerónimo, del cual André Luiz formaba parte. Cornelio, el director del Santuario, conversaba sobre la importancia de la palabra, argumentando que “la conversación crea el ambiente y coopera en definitiva para el éxito o para la negación” y “si estamos verdaderamente interesados en nuestra elevación”, debemos conocer el valor del tiempo y saber definir cada cosa y situación en su propio lugar, “para que el verbo sea en nuestras acciones el colaborador del Padre”.

Cornelio nos alerta que las palabras crean formas vivas y que estas formas “se desarrollan en el terreno mental”, son proyectadas y producen sus consecuencias según su buena o mala naturaleza.

André Luiz conoce a Barcelos, quien asiste a locos en la Tierra, y se sorprende por las revelaciones que este le hace sobre la Psiquiatría. Además de la asistencia a los desequilibrados mentales, Barcelos se esfuerza por inspirar a los médicos humanitarios en el trato a estos enfermos.

Barcelos le explica que “la locura es un campo doloroso de redención humana”, “con excepción de rarísimos casos, todas las anomalías de orden mental se derivan de los desequilibrios del alma”, muchos “encarcelados en la prisión de las obsesiones terribles y amargas”. Los obsesores “se agarran a la organización magnética de los encarnados”, les vician los centros de fuerza, les relajan los nervios y les abrevian el proceso de extinción del tono vital.

Barcelos aún le dice que a las teorías de Freud y de sus seguidores les faltan los principios reencarnacionistas “y el conocimiento de la verdadera localización de los disturbios nerviosos”, cuyo inicio casi siempre está en el cuerpo periespiritual y está relacionado a otras existencias. Por esta razón algunos conflictos familiares “resultan en sucesivos choques de la subconciencia, conducida a recapitulaciones rectificadoras del pretérito distante” y “el Espíritu reencarnado que adquiere fuertes recuerdos de su pasado, aunque no sean tan precisos, se hace inevitable candidato a la locura”.

Después de la preciosa conversación con Barcelos, todos se reúnen en el salón iluminado del “Santuario de la Bendición” y Cornelio los orienta a “observar una actitud firme de serenidad y respeto” porque “el ambiente ofrece bases para la emisión de energías puras” y es necesario que haya armonía para la ejecución del trabajo que van a comenzar. Cornelio los invita a proyectar una pantalla en el interior de una cámara estructurada en material similar al vidrio puro y transparente. La pantalla capta las vibraciones mentales y forma cuadros vivos de paisaje de aguas mansas, de árboles, de flores, todo para recibir a Asclepios, el emisario espiritual de las Esferas Superiores, quien surgió en la pantalla entre los árboles, las flores y las aguas, en preciosa explanación filosófica sobre la evolución infinita del hombre.

Después de hacer un viaje normal, alcanzaron una oscura región. El Asistente Jerónimo procuraba la “Casa Transitoria de Fabiano”, gran institución piadosa donde se reúnen almas recién desencarnadas, en las cercanías de la Corteza Terrestre. Era raro encontrar compañeros carnales en condiciones de atravesar semejante zona inmediatamente después de la muerte del cuerpo físico. Casi todos permanecen aturdidos en los primeros días. Destinada a prestar socorros urgentes, sufre permanente cerco de Espíritus desesperados y sufridores. Allí se centralizan numerosas expediciones de hermanos leales al bien, que se dirigen a la Corteza Planetaria o a las esferas oscuras, donde Seres angustiados e ignorantes se debaten en el dolor. Además, la Casa recogería a cuatro Espíritus, cuya desencarnación tendría el amparo del equipo de André Luiz.

La administración estaba a cargo de la hermana Zenóbia, quien aguardaba oportunidad para auxiliar a un ser querido que estaba en las sombras y lo encaminarían a reencarnación expiatoria. Contaría con la ayuda de la hermana Luciana, clarividente que sería útil en la tarea en el abismo.

La Institución sufre frecuentes amenazas de invasión de seres maldosos y cuenta con defensas eléctricas. André Luiz presencia un intento de invasión y se asusta, escuchando voces y ruidos de animales feroces. Zenóbia le explica que se trata de seres que están entre la humanidad y la irracionalidad, por las profundas raíces del mal y de desesperación que llevan dentro de sí.

Después de que todo se calmara, André Luiz fue presentado al Hermano Gotuzo, con quien simpatizó inmediatamente. Gotuzo también era médico y estuvo por algún tiempo en zonas oscuras después de su desencarnación. Hablan sobre la importancia del estudio sobre el periespíritu y sobre el equilibrio como condición indispensable para la comprensión del auxilio recibido. Gotuzo le informa a André Luiz que es tan grande el servicio en este asilo que la jefatura se ejerce de manera alternada por un año. Le cuenta sobre su trabajo en el proceso de reencarnaciones compulsorias, explicándole sobre las dificultades en las relaciones familiares, cuando conviven antiguos enemigos.

La diferencia de atmósfera entre el día y la noche, era casi imperceptible en la Casa Transitoria de Fabiano. Era una región entremezclada de principios mentales extremadamente viciados, donde la materia obedecía a otras leyes. Se congregaban allí extensos precipicios infernales y vastísimas zonas de purgatorio de las almas culpadas y arrepentidas. Allí, Espíritus infelices se presentan como fieras, a veces gigantes, y eran repelidos por rayos de choque. En intervalos de tiempo, los socorristas aplicaban el fuego depurador en beneficio de la región y de sus tristes habitantes.

En el capítulo VII, André Luiz narra un interesante caso de clarividencia entre desencarnados, cuando Luciana, un Espíritu poseedor de la facultad de clarividencia, desdoblada, ve y narra acciones infelices de Domênico, un Espíritu sufriente e insistente en el mal, cuando estaba encarnado y ocupaba responsabilidad clerical.

Allí, ante benefactores, Luciana puede ver y narrar los sucesos que antecederían su desencarnación:

- Arrebatado por la visión embriagadora de los sentidos, penetrasteis en un hogar honesto, cegado por una pasión irrespetuosa hacia alguien que oyó, inocentemente, vuestras finas palabras de seducción y malicia.

Se trataba de una mujer casada, cuyo marido envenenó al cura.

Una y otra vez, Luciana podía ver y narrar diversos episodios infelices en los cuales Domênico era el verdugo implacable.

En el capítulo siguiente, André Luiz nos cuenta sobre la asistencia en las zonas inferiores, ofreciéndonos excelente argumentación evangélica a los médiums esclarecedores. Allí están Espíritus rebeldes y endurecidos y la asistencia exige mucha paciencia, dado que es un proceso lento y de pequeños resultados.

De regreso a la Casa Transitoria, André Luiz registra la visita de encarnados, en desdoblamiento, a la Casa Transitoria para encontrarse con sus parientes desencarnados.

Además, hay el extraño fenómeno de la mediumnidad de psicofonía entre desencarnados. Luciana, es intermediaria entre un Espíritu elevado y su hijo y los trabajadores de la Casa Transitoria.

Más adelante, André Luiz nos muestra como se recoge los Espíritus necesitados en la Casa Transitoria, explicándonos que la selección considera el arrepentimiento sincero de ellos, que puede ser visto a través de sus auras.

En el capítulo XI, el equipo de André Luiz inicia el trabajo de auxilio a las desencarnaciones programadas en la Corteza terrestre, razón por la cual se trasladaron de Nuestro Hogar.

Comenzaron la tarea con una visita de auxilio a Dimas, quien se había dedicado a asistir a los necesitados y sufrientes y ahora era víctima de cirrosis hipertrófica en estado adelantado. André Luiz le aplicó pases de alivio y se fueron a la siguiente visita.

Visitaron a Fábio, hombre equilibrado, amante de la meditación, de la espiritualidad superior y muy bueno donador de energías magnéticas, pero que ahora tenía sus fuerzas disminuidas por la tuberculosis. Repitieron la donación de pases y fueron a visitar a Albina, hermana que cultivaba la religión protestante, se dedicaba a la educación de niños y jóvenes y ahora padecía de insuficiencia cardiaca y un aneurisma. Luego de auxiliarla con fluidos magnéticos, se fueron.

Llegaron a un hospital donde estaba Cavalcante, virtuoso católico abandonado por su familia pero amparado por el plano espiritual. Le aplicaron pases en la ulceración duodenal y en la inflamación en el apéndice, sin que el asistido notara sus presencias, dado que no tenía bastante educación religiosa.

Del hospital se fueron a la última visita. Se trataba de Adelaide, espírita dedicada y preparada para la desencarnación. Registraba la presencia de los Espíritus benefactores y les agradecía.

Durante la noche, el equipo conduce a esos Espíritus a la Casa Transitoria para una charla elucidativa sobre su breve desencarnación y solamente Adelaide y Fabio revelan consciencia más nítida sobre la situación.

Dimas es el primero en desencarnar pero su familia dificultaba el proceso, manteniéndolo preso al cuerpo físico, así que el equipo espiritual decide ministrarle una mejora ficticia para apartarlo de la mala influencia mental de la familia. Comienzan liberando el centro de las manifestaciones fisiológicas, luego los lazos del centro emotivo y deliberaron desatar el cordón de plata al día siguiente.

En el capítulo XIV André Luiz nos enseña que en los velatorios debemos mantener el silencio, la oración y evitar la conversación fútil. Además, describe casos de desencarnaciones y de suicidio inconsciente.

En el capítulo siguiente se comenta la acción de Espíritus malhechores que se juntan en los cementerios a espera de la llegada de despojos humanos para absorberles los residuos vitales. También hay registros de desencarnados que siguen vinculados al cuerpo físico en descomposición, en razón de su apego material o por la insistencia en rechazar el auxilio de los Espíritus benefactores.

Después de la desencarnación de Dimas, André Luiz y Jerónimo se dedicarían al desenlace de Fabio, que no les exigiría mucho trabajo, dado que el asistido estaba preparado y había preparado a su familia. Los amigos espirituales le inspiraron el deseo de bañarse y le prepararon el agua con fluidos edificantes para darle algo de alivio y sacarle la materia fluídica dañosa en las glándulas sudoríparas. Aliviado, Fabio y su familia leyeron el Evangelio y oraron, mostrándonos los beneficios del culto de la oración en el hogar.

El proceso de desenlace fue tranquilo y Jerónimo lo desprendió totalmente.

En cuanto a la hermana Albina, le fue concedido permanecer un poco más en la carne en beneficio de muchos niños huérfanos, a quienes cuidaba.

O caso de Cavalcante era más complicado porque él insistía en vivir en el cuerpo físico enfermo pese a todo el esfuerzo del equipo espiritual. Su insistencia en permanecer le costó los graves inconvenientes de la eutanasia antes de que se pudiera completar el proceso de desencarnación en el plano espiritual.

Por su merecimiento y tranquilidad, Adelaide realizó gran parte de la separación de los lazos y el equipo espiritual solamente le desprendió el cordón de plata. Fue la desencarnación más fácil.

Estaba terminada la tarea del equipo enviado a la Tierra y él se despide de los amigos de la Casa Transitoria, donde cuatro de los recién desencarnados permanecieron luego de desencarnar.

Después de las despedidas y de la oración, el grupo vuelve a Nuestro Hogar.

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