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domingo, 26 de septiembre de 2010

EL CAMINO ESPÍRITA

En los ítemes 4 y 5 del capítulo 20 de “El Evangelio según el Espiritismo”, el noble Espíritu Erasto diserta sobre la misión de los espíritas. Nos exhorta a predicar la Doctrina sin temor, a sacrificarnos por un bien mayor.

Explica que el suelo ya está preparado para la siembra pero no habrá frutos sin sudor, sin “esfuerzos reiterados”.

Para él, tal tarea es una bendición que Dios nos confió, la cual deberíamos agradecer, sin embargo, muchos espíritas se desvían de su misión e ignoran el camino de la verdad. Serán cobrados por las disensiones de que sean objetos y por causar el retardo de la cosecha.

Los verdaderos espíritas son reconocidos por la caridad que predican y practican, por su amor al prójimo, “por su abnegación, por su desinterés personal (…) y el triunfo de sus principios”

Sin querer discordar de las elevadas palabras del benefactor Erasto, estoy obligada a decir que no siento que la mayoría de los espíritas estamos encarnados en la Tierra en la condición de misioneros, sino en la de Espíritus portadores de serios compromisos asumidos en pasadas existencias.

Muchos todavía estamos dormidos, postergamos nuestras responsabilidades repetidas veces, no solamente en otras encarnaciones, sino en muchas oportunidades de la presente vida física.

El resultado son dolores íntimos, sensación de vacío, de vergüenza, de crisis existencial. Eso porque nuestro Espíritu reconoce el deber contraído y sufre por elegir los placeres transitorios e inútiles en detrimento de ese deber.

Dios es quien sabe por cuánto tiempo hemos pospuesto la tarea divina.

Los espíritas no hemos venido de vacaciones, sino para dar fe de la existencia de la inmortalidad del Alma, de la vida espiritual, de la bondad y de la Justicia de Dios, de la necesidad de perfeccionarnos incesantemente, de proclamar la Nueva Era en nuestro Planeta para que sus habitantes podamos alcanzar otro escalón en la evolución individual y colectiva.

Hace más de 2 mil años que ha venido Jesús, que sus mensajeros prosiguen en su trabajo de informar y orientar sobre la Ley de Amor y de consolar a través de la misma Ley.

Kardec, el venerable codificador de la Doctrina Espírita, nos iluminó la senda en el siglo XIX. Ya estamos en el siglo XXI y el trabajo debe continuar, incansable, sin interrupciones inútiles.

Al espírita no le está permitido simplemente trabajar en beneficio de sí mismo. Además de la auto-edificación, el espírita debe auxiliar a sus hermanos en su auto-iluminación, por el ejemplo, es cierto, pero también por la orientación y la asistencia amorosa.

El espírita verdadero se dedica al estudio no solamente para desarrollar su “ala” intelectual sino también para saber orientar a los demás sobre los temas trascendentales con argumentos lógicos y coherentes, para que nos elevemos juntos.

El espírita verdadero se esfuerza por extinguir sus malas inclinaciones no solamente para desarrollar su “ala” moral, sino también para saber comprender las debilidades de su prójimo y auxiliarlo a luchar contra ellas.

Reconoce su necesidad de descanso, pero no la confunde con un permiso para la práctica de acciones inferiores. Sin embargo no juzga a sus hermanos que aún se complacen en ellas.

El espírita verdadero respeta la libertad de los demás y aunque no esté de acuerdo con sus ideas y creencias, las respeta todas con amor cristiano.

Atiende con amor a las invitaciones celestiales, a las inspiraciones, a las pruebas, a pesar de las lágrimas, y jamás se considera un privilegiado, sino un depositario imperfecto de los designios de Dios.

Es cierto que muchas veces el espírita se siente sin lugar en este mundo, en la sociedad vigente, un elemento extraño que no es comprendido sino por sus hermanos de ideal (y no siempre), pero no puede flaquear.

Como lo dice Joanna de Ângelis en “Jesús y el Evangelio a la Luz de la Psicología Profunda”, aunque las circunstancias no sean favorables, un sentimiento superior domina el “servidor devotado” y lo impulsa a seguir esforzándose por su auto-transformación, por superar “los signos del pasado, las herencias primitivas” y trabajar con un amor purificado. Su objetivo es el Bien y pese a los condicionamientos del mundo, se mantiene psicológicamente con la conciencia de sí mismo; administra la vida material sin castrarse o escapar a sus compromisos; no se vincula a caprichos terrestres sino a la Vida sin límite.

Llamados a servir, jamás debemos evitar la tarea ocultándonos en nuestras debilidades y discapacidades. Comprendiendo la invitación de Jesús para servir como sea, sin desánimos, en la condición de Espíritus imperfectos, pero comprometidos y dispuestos a regenerarnos, a disciplinarnos y a contribuir en el progreso y plenitud de nuestros hermanos.

La obra no fallará porque pertenece a Dios, es administrada por Jesús y asistida por Espíritus Puros.

A nosotros sólo nos corresponde sembrar y esperar que los misioneros que reencarnan y reencarnarán el la Tierra se encarguen de cuidar de tan preciosa semillas, pues no falta mucho para que las sombras abandonen la Humanidad y brille entre nosotros la luz de la renovación.




Una oración de lo más profundo de mi Alma



Dame, Maestro Jesús, el discernimiento necesario para elegir el camino correcto, el coraje para seguirlo, la fuerza para sobreponerme a los espinos y las piedras que se me presenten, la fe para poder ver las flores mientras camino con pasos firmes.

Perdóname las debilidades, el descanso indebido y las distracciones que me hicieron postergar el deber asumido.

Hoy vuelvo a ti con superior entendimiento y dedicación.

Quiero seguirte, Maestro amado, sea cual fuere los planes que tienes para mi condición de Espíritu imperfecto y débil.

Contigo seré fuerte.

Contigo seré indulgente.

Contigo sabré perdonar.

Contigo aprendo a amar.

Gracias por aceptarme de vuelta y por esperarme.

Te amo con todas la capacidad de mi Alma y ya no quiero detenerme en el servicio asignado.



Que así sea,





Marina

sábado, 11 de septiembre de 2010

RESUMEN DEL LIBRO OBREROS DE LA VIDA ETERNA

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com




Autor: André Luiz (seudónimo de un consagrado médico brasileño)

Psicografía: Francisco Cândido Xavier



Esta obra nos fornece noticias de las zonas de la erraticidad que envuelven la Costra terrestre. El Espiritismo comprueba que nadie muere y que el perfeccionamiento continúa en todas partes.

Muestra que la muerte no modifica el hombre de forma milagrosa sino que éste vive la consecuencia del cumplimiento de las Leyes Divinas en la búsqueda del equilibrio y de la evolución.

Analiza las experiencias de los Espíritus en la vida que sigue en el Plano Espiritual, con sus instituciones, templos y hogares.

Presenta el trabajo de los obreros de Jesús en la asistencia cristiana, luchando contra las tinieblas, aliviando los sufrimientos y renovando las criaturas.

Demuestra que la muerte no extingue la colaboración amiga, el amparo mutuo, la intervención consoladora y el trabajo evolutivo.

A través de esta obra André Luiz nos revela las diferentes regiones donde estacionamos cuando desencarnamos, que comprueban la investigación de Kardec sobre la existencia de la erraticidad, donde demoran los seres desencarnados, que viven una nueva vida y preparándose para volver a la jornada terrena.

Además, explica las diferentes zonas que forman parte de la Costra terrestre y comenta los cuadros emocionales basados en las eternas Leyes Divinas que definen la organización de justicia, orden y equilibrio.

Es un retrato del bien y del mal en interacción entre la Costra terrestre y la erraticidad.

Comprometido en el trabajo de asistencia espiritual, el Autor integra un equipo de bienhechores vinculados a una institución de socorro ubicada en el entorno de la Costra terrestre, denominada “Casa Transitoria”.

En síntesis, el libro desvenda y aclara el proceso de desencarnación y reemplaza el miedo a la “muerte” por la comprensión de este fenómeno tan natural.

La narración comienza con las palabras de André Luiz:

“Antes de dar inicio a los trabajos de nuestra expedición de socorro, el Asistente Jerónimo nos condujo al Templo de la Paz, en la zona consagrada al servicio de auxilio, donde un esclarecido Instructor comentaría las necesidades de cooperación junto a las entidades infelices en los círculos más bajos de la vida espiritual que rodean la Corteza de la Tierra.”

Después de los comentarios, “Metelo hizo exhibir un gran globo de sustancia lechosa” que mostraba “varios cuadros vivos de su campo de acción en las zonas inferiores. Se trataba de un tipo de fotografía, animada con la presentación de todos los sonidos y detalles anatómicos inherentes a las escenas observadas por él, en su ministerio de bondad cristiana. Infelices desencarnados en abismos de dolor imploraban piedad. Monstruos de variadas especies, comparecían horripilantes al pie de víctimas desventuradas. Los paisajes infundían terror. Aparecían lúgubres procesiones de seres humanos despojados del cuerpo, bajo cielos nublados y amenazadores, cortados por cataclismos de naturaleza magnética”. Eran los asistidos por las acciones socorristas de los bienhechores.

El instructor Jerônimo, la enfermera Luciana, el padre Hipólito y André Luiz se dedicarían a atender a cinco dedicados colaboradores que estaban por desencarnar en la Corteza. Trabajaron fieles a la causa del bien y las autoridades los encargaron de atender sus casos particulares.

A la víspera de la partida, el Asistente Jerónimo condujo el grupo al “Santuario de la Bendición”, donde recibirían la palabra de mentores iluminados, habitantes de planos más elevados.

“Apenas tres grupos de socorristas, preparados para partir hacia regiones inferiores aprovechaban la oportunidad”, el grupo de Simprônia, el de Nicanor y el de Jerónimo, del cual André Luiz formaba parte. Cornelio, el director del Santuario, conversaba sobre la importancia de la palabra, argumentando que “la conversación crea el ambiente y coopera en definitiva para el éxito o para la negación” y “si estamos verdaderamente interesados en nuestra elevación”, debemos conocer el valor del tiempo y saber definir cada cosa y situación en su propio lugar, “para que el verbo sea en nuestras acciones el colaborador del Padre”.

Cornelio nos alerta que las palabras crean formas vivas y que estas formas “se desarrollan en el terreno mental”, son proyectadas y producen sus consecuencias según su buena o mala naturaleza.

André Luiz conoce a Barcelos, quien asiste a locos en la Tierra, y se sorprende por las revelaciones que este le hace sobre la Psiquiatría. Además de la asistencia a los desequilibrados mentales, Barcelos se esfuerza por inspirar a los médicos humanitarios en el trato a estos enfermos.

Barcelos le explica que “la locura es un campo doloroso de redención humana”, “con excepción de rarísimos casos, todas las anomalías de orden mental se derivan de los desequilibrios del alma”, muchos “encarcelados en la prisión de las obsesiones terribles y amargas”. Los obsesores “se agarran a la organización magnética de los encarnados”, les vician los centros de fuerza, les relajan los nervios y les abrevian el proceso de extinción del tono vital.

Barcelos aún le dice que a las teorías de Freud y de sus seguidores les faltan los principios reencarnacionistas “y el conocimiento de la verdadera localización de los disturbios nerviosos”, cuyo inicio casi siempre está en el cuerpo periespiritual y está relacionado a otras existencias. Por esta razón algunos conflictos familiares “resultan en sucesivos choques de la subconciencia, conducida a recapitulaciones rectificadoras del pretérito distante” y “el Espíritu reencarnado que adquiere fuertes recuerdos de su pasado, aunque no sean tan precisos, se hace inevitable candidato a la locura”.

Después de la preciosa conversación con Barcelos, todos se reúnen en el salón iluminado del “Santuario de la Bendición” y Cornelio los orienta a “observar una actitud firme de serenidad y respeto” porque “el ambiente ofrece bases para la emisión de energías puras” y es necesario que haya armonía para la ejecución del trabajo que van a comenzar. Cornelio los invita a proyectar una pantalla en el interior de una cámara estructurada en material similar al vidrio puro y transparente. La pantalla capta las vibraciones mentales y forma cuadros vivos de paisaje de aguas mansas, de árboles, de flores, todo para recibir a Asclepios, el emisario espiritual de las Esferas Superiores, quien surgió en la pantalla entre los árboles, las flores y las aguas, en preciosa explanación filosófica sobre la evolución infinita del hombre.

Después de hacer un viaje normal, alcanzaron una oscura región. El Asistente Jerónimo procuraba la “Casa Transitoria de Fabiano”, gran institución piadosa donde se reúnen almas recién desencarnadas, en las cercanías de la Corteza Terrestre. Era raro encontrar compañeros carnales en condiciones de atravesar semejante zona inmediatamente después de la muerte del cuerpo físico. Casi todos permanecen aturdidos en los primeros días. Destinada a prestar socorros urgentes, sufre permanente cerco de Espíritus desesperados y sufridores. Allí se centralizan numerosas expediciones de hermanos leales al bien, que se dirigen a la Corteza Planetaria o a las esferas oscuras, donde Seres angustiados e ignorantes se debaten en el dolor. Además, la Casa recogería a cuatro Espíritus, cuya desencarnación tendría el amparo del equipo de André Luiz.

La administración estaba a cargo de la hermana Zenóbia, quien aguardaba oportunidad para auxiliar a un ser querido que estaba en las sombras y lo encaminarían a reencarnación expiatoria. Contaría con la ayuda de la hermana Luciana, clarividente que sería útil en la tarea en el abismo.

La Institución sufre frecuentes amenazas de invasión de seres maldosos y cuenta con defensas eléctricas. André Luiz presencia un intento de invasión y se asusta, escuchando voces y ruidos de animales feroces. Zenóbia le explica que se trata de seres que están entre la humanidad y la irracionalidad, por las profundas raíces del mal y de desesperación que llevan dentro de sí.

Después de que todo se calmara, André Luiz fue presentado al Hermano Gotuzo, con quien simpatizó inmediatamente. Gotuzo también era médico y estuvo por algún tiempo en zonas oscuras después de su desencarnación. Hablan sobre la importancia del estudio sobre el periespíritu y sobre el equilibrio como condición indispensable para la comprensión del auxilio recibido. Gotuzo le informa a André Luiz que es tan grande el servicio en este asilo que la jefatura se ejerce de manera alternada por un año. Le cuenta sobre su trabajo en el proceso de reencarnaciones compulsorias, explicándole sobre las dificultades en las relaciones familiares, cuando conviven antiguos enemigos.

La diferencia de atmósfera entre el día y la noche, era casi imperceptible en la Casa Transitoria de Fabiano. Era una región entremezclada de principios mentales extremadamente viciados, donde la materia obedecía a otras leyes. Se congregaban allí extensos precipicios infernales y vastísimas zonas de purgatorio de las almas culpadas y arrepentidas. Allí, Espíritus infelices se presentan como fieras, a veces gigantes, y eran repelidos por rayos de choque. En intervalos de tiempo, los socorristas aplicaban el fuego depurador en beneficio de la región y de sus tristes habitantes.

En el capítulo VII, André Luiz narra un interesante caso de clarividencia entre desencarnados, cuando Luciana, un Espíritu poseedor de la facultad de clarividencia, desdoblada, ve y narra acciones infelices de Domênico, un Espíritu sufriente e insistente en el mal, cuando estaba encarnado y ocupaba responsabilidad clerical.

Allí, ante benefactores, Luciana puede ver y narrar los sucesos que antecederían su desencarnación:

- Arrebatado por la visión embriagadora de los sentidos, penetrasteis en un hogar honesto, cegado por una pasión irrespetuosa hacia alguien que oyó, inocentemente, vuestras finas palabras de seducción y malicia.

Se trataba de una mujer casada, cuyo marido envenenó al cura.

Una y otra vez, Luciana podía ver y narrar diversos episodios infelices en los cuales Domênico era el verdugo implacable.

En el capítulo siguiente, André Luiz nos cuenta sobre la asistencia en las zonas inferiores, ofreciéndonos excelente argumentación evangélica a los médiums esclarecedores. Allí están Espíritus rebeldes y endurecidos y la asistencia exige mucha paciencia, dado que es un proceso lento y de pequeños resultados.

De regreso a la Casa Transitoria, André Luiz registra la visita de encarnados, en desdoblamiento, a la Casa Transitoria para encontrarse con sus parientes desencarnados.

Además, hay el extraño fenómeno de la mediumnidad de psicofonía entre desencarnados. Luciana, es intermediaria entre un Espíritu elevado y su hijo y los trabajadores de la Casa Transitoria.

Más adelante, André Luiz nos muestra como se recoge los Espíritus necesitados en la Casa Transitoria, explicándonos que la selección considera el arrepentimiento sincero de ellos, que puede ser visto a través de sus auras.

En el capítulo XI, el equipo de André Luiz inicia el trabajo de auxilio a las desencarnaciones programadas en la Corteza terrestre, razón por la cual se trasladaron de Nuestro Hogar.

Comenzaron la tarea con una visita de auxilio a Dimas, quien se había dedicado a asistir a los necesitados y sufrientes y ahora era víctima de cirrosis hipertrófica en estado adelantado. André Luiz le aplicó pases de alivio y se fueron a la siguiente visita.

Visitaron a Fábio, hombre equilibrado, amante de la meditación, de la espiritualidad superior y muy bueno donador de energías magnéticas, pero que ahora tenía sus fuerzas disminuidas por la tuberculosis. Repitieron la donación de pases y fueron a visitar a Albina, hermana que cultivaba la religión protestante, se dedicaba a la educación de niños y jóvenes y ahora padecía de insuficiencia cardiaca y un aneurisma. Luego de auxiliarla con fluidos magnéticos, se fueron.

Llegaron a un hospital donde estaba Cavalcante, virtuoso católico abandonado por su familia pero amparado por el plano espiritual. Le aplicaron pases en la ulceración duodenal y en la inflamación en el apéndice, sin que el asistido notara sus presencias, dado que no tenía bastante educación religiosa.

Del hospital se fueron a la última visita. Se trataba de Adelaide, espírita dedicada y preparada para la desencarnación. Registraba la presencia de los Espíritus benefactores y les agradecía.

Durante la noche, el equipo conduce a esos Espíritus a la Casa Transitoria para una charla elucidativa sobre su breve desencarnación y solamente Adelaide y Fabio revelan consciencia más nítida sobre la situación.

Dimas es el primero en desencarnar pero su familia dificultaba el proceso, manteniéndolo preso al cuerpo físico, así que el equipo espiritual decide ministrarle una mejora ficticia para apartarlo de la mala influencia mental de la familia. Comienzan liberando el centro de las manifestaciones fisiológicas, luego los lazos del centro emotivo y deliberaron desatar el cordón de plata al día siguiente.

En el capítulo XIV André Luiz nos enseña que en los velatorios debemos mantener el silencio, la oración y evitar la conversación fútil. Además, describe casos de desencarnaciones y de suicidio inconsciente.

En el capítulo siguiente se comenta la acción de Espíritus malhechores que se juntan en los cementerios a espera de la llegada de despojos humanos para absorberles los residuos vitales. También hay registros de desencarnados que siguen vinculados al cuerpo físico en descomposición, en razón de su apego material o por la insistencia en rechazar el auxilio de los Espíritus benefactores.

Después de la desencarnación de Dimas, André Luiz y Jerónimo se dedicarían al desenlace de Fabio, que no les exigiría mucho trabajo, dado que el asistido estaba preparado y había preparado a su familia. Los amigos espirituales le inspiraron el deseo de bañarse y le prepararon el agua con fluidos edificantes para darle algo de alivio y sacarle la materia fluídica dañosa en las glándulas sudoríparas. Aliviado, Fabio y su familia leyeron el Evangelio y oraron, mostrándonos los beneficios del culto de la oración en el hogar.

El proceso de desenlace fue tranquilo y Jerónimo lo desprendió totalmente.

En cuanto a la hermana Albina, le fue concedido permanecer un poco más en la carne en beneficio de muchos niños huérfanos, a quienes cuidaba.

O caso de Cavalcante era más complicado porque él insistía en vivir en el cuerpo físico enfermo pese a todo el esfuerzo del equipo espiritual. Su insistencia en permanecer le costó los graves inconvenientes de la eutanasia antes de que se pudiera completar el proceso de desencarnación en el plano espiritual.

Por su merecimiento y tranquilidad, Adelaide realizó gran parte de la separación de los lazos y el equipo espiritual solamente le desprendió el cordón de plata. Fue la desencarnación más fácil.

Estaba terminada la tarea del equipo enviado a la Tierra y él se despide de los amigos de la Casa Transitoria, donde cuatro de los recién desencarnados permanecieron luego de desencarnar.

Después de las despedidas y de la oración, el grupo vuelve a Nuestro Hogar.

viernes, 3 de septiembre de 2010

ESTUDIO DEL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO: La Reencarnación


TEMA 6


Cap. IV, Ítems 5 a 9






Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com





Este estudio tiene como objetivo reflexionar sobre la enseñanza de Jesús a Nicodemo en cuanto a la reencarnación.



Nicodemo era maestro en Israel, conocedor de las Leyes de Moisés, pero no comprendía como se daba el proceso de renacimiento del Espíritu y, según Paulo A. Godoy[1], el fariseo no consideraba tal dogma compatible con la Justicia Divina, así que decidió preguntárselo a Jesús para conocerle la opinión, lo que hizo por la noche, de modo a no comprometer su autoridad ante un simple carpintero.



Emmanuel, en “Camino, Verdad y Vida”, habla sobre la existencia del Alma y dice que “tiempo vendrá en que semejantes indagaciones serán consideradas pueriles”, lo que también se aplica a la reencarnación, pues cuando creemos en la Justicia Divina, no la podemos comprender desvinculada de la necesidad de las existencias sucesivas.



Muchos interpretaron el imperativo de “nacer de nuevo” de manera infantil, creyendo que bastaría el bautismo en las aguas para purificar al hombre y marcar su renacimiento a partir de tal ejecución, pero no podemos olvidar que el agua no nos exime de responder por nuestras acciones, de sufrirles las consecuencias justas.



Joanna de Ângelis, en “Jesús y el Evangelio a la Luz de la Psicología Profunda”, explica que es natural que el hombre pase por muchos renacimientos en una única existencia, ya que estamos en constante aprendizaje y evolución, pero nada puede reemplazar “el significado profundo de nacer de la carne, de nacer del Espíritu”.



Eso porque las varias existencias nos permiten experimentar diferentes situaciones y nos amplían las posibilidades de aprendizaje, sin lo cual no podemos progresar.



Entre las equivocadas interpretaciones acerca de la reencarnación, también está el dogma de la resurrección, que cree que el Espíritu se reintegraría a su cuerpo primitivo, práctica que el sentido común y las Leyes Naturales rechazan por lo absurdo que representa.



Ni renacimiento por el bautismo, ni regreso al mismo cuerpo. Ni premio, ni castigo. La Reencarnación es un proceso educativo que nos es otorgado por Dios para que evolucionemos por méritos propios, aprendiendo con las nuevas experiencias y reparando los errores de las anteriores.



Adenáuer Marcos Ferraz de Novaes, en el libro “Reencarnação: processo educativo” comenta el tema con mucha propiedad:


Los mecanismos de la justicia son siempre detallados. Nada se le escapa a Dios, ningún detalle es olvidado. Todo se da para que el Espíritu mejore. La justicia se procesa de modo a educar el Espíritu. Nunca para punirlo, sino para educarlo. (NOVAES, 1995)

El autor agrega que es común que las personas digan que el Espíritu reencarna para “pagar” sus deudas, pero tal afirmación sólo debe ser entendida de manera alegórica, pues la deuda no es más que la ignorancia, el desconocimiento de las Leyes de Dios. Si el Espíritu odia es porque desconoce la Ley de Amor y reencarna para aprenderla.

Pero no podemos olvidar el compromiso que nos vincula a la Tierra, esa escuela que nos permite evolucionar como Espíritus inmortales, hacia la perfección. No nos conviene detenernos a alimentar remordimientos por nuestras acciones pasadas, de esa y de otras existencias. Siempre es tiempo de recomenzar, como lo decía Chico Xavier: “Aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar ahora y hacer un nuevo fin”.

Tampoco podemos postergar indefinidamente el aprendizaje, pues cada instante es una oportunidad y debe ser bien aprovechada.

Emmanuel, en el mensaje 56 de “Fuente Viva”, escribe hermosas palabras y las usaremos para concluir este estudio.


Déjate revivir, cada día, en la corriente cristalina e incesante del bien.
No olvides el consejo del Maestro: - “Aquel que no naciera de nuevo no puede ver el Reino de Dios.
Renace ahora en tus propósitos, deliberaciones y actitudes, trabajando para superar los obstáculos que te rodean y alcanzando la anticipación de la victoria sobre ti mismo, en el tiempo…
Más vale auxiliar, aun hoy, que ser auxiliado mañana. (Emmanuel, 1987)


Qué el Maestro Jesús nos ilumine y bendiga siempre.