Buscar en este blog

martes, 10 de agosto de 2010

CONVERSANDO ES QUE NOS ENTENDEMOS




Por: Marina Silva





Cuenta Hermínio Miranda, en su libro “Nossos Filhos São Espíritos”[1] (Nuestros Hijos Son Espíritus) que un niño que tenía entre siete y ocho años de edad, tenía dificultades en el colegio, no por los estudios, sino por una sensación de pánico que lo dominaba cuando entraba al aula. A veces era imposible obligarlo a permanecer allí, otras veces necesitaba la compañía de su hermana durante las clases, lo que también la perjudicaba en su educación.

La familia pensó en muchas explicaciones para el hecho. “¿Estaría él bajo presión de Espíritus desarmonizados? ¿Sería sólo una aversión al colegio? ¿Precisaría de una reacción más rígida de los padres, como castigos físicos? ¿O le hacía falta tratamiento psiquiátrico?”

Un miembro de la familia decidió pedir la ayuda de los amigos espirituales, quienes les dijeron que en otra existencia en Francia, cuando el niño tenía más o menos la misma edad que tenía actualmente, el colegio se incendió y causó su desencarnación. Era lo que explicaba su pánico en la presente existencia.

Los amigos espirituales orientaron a los padres a tener paciencia y a conversar con él por la noche, durante su sueño físico, explicándole que el accidente era un hecho del pasado que no volvería a suceder. Que él ahora estaba protegido.

Con amor, paciencia y diálogo, los padres lograron ayudar a su hijo en la superación de ese trauma.

Sigue el ilustre escritor en el mismo libro, contando que en otra familia cercana a la suya, había una niña con características preocupantes. Era nerviosa, agitada y con tendencia a la agresividad. Su sueño era agitado por pesadillas. A veces fingía dispararles a los demás con armas invisibles como si estuviera en una guerra. Si quería un juguete de su hermana menor, se lo quitaba.

Además, no gozaba de buena salud. Su organismo era descoordinado, sentía dolor en los pies y no soportaba los zapatos con cordones. Quería zapatos que dejaran libres sus pies, como si ello le fuera vital.
Cuando amigos espirituales fueron consultados, la familia supo que en una vida pasada la niña había sido una dedicada y patriótica guerrillera que había desencarnado despedazada en una explosión, de la cual no pudo escapar por tener el pie preso a un hoyo.

Les orientaron a conversar con ella, sobre todo cuando estuviera dormida. Que le transmitiera paz y seguridad para convencerla de que el terrible incidente estaba superado. Además, deberían insistir en decirle que su pie estaba perfecto y sano ahora.

***
Pero ¿qué quiere decir Hermínio Miranda con esas narraciones? Y ¿Por qué las contamos nosotros?

Es muy sencillo, todos nosotros somos Espíritus inmortales que venimos de muchas encarnaciones. Algunas muy difíciles, otras más suaves, pero todas ellas con su aprendizaje y tal vez con su trauma.

Nuestros hijos también son Espíritus inmortales, incluso pueden ser más experimentados que nosotros espiritualmente. Si estamos todos reunidos bajo el mismo techo es porque tenemos algo por hacer juntos.

La agresión física o verbal, la presión psicológica o la indiferencia no nos ayudan a convivir bien, todo lo contrario. El diálogo es la mejor manera de entendernos siempre.

Cuando los niños se equivocan, debemos buscar la forma de conversar, de explicarles que actuaron mal y porque lo hicieron. Darles alternativas y ejemplos de cómo ellos pudieron haber actuado en la misma situación.

Algunos pueden creer que ya es demasiado tarde, pues ya no hay posibilidad de diálogo, pero no es cierto. Recordemos las orientaciones de los amigos espirituales contadas por Hermínio y hablémosle cuando estén dormidos. Con amor, paciencia, comprensión y diálogo, alcanzaremos el éxito.


Pero recordemos que diálogo no es solamente hablar, sino también escuchar. ¨
[1] Editorial Lachatre, 9ª edición

4 comentarios:

  1. Gostamos de ficar de pé e falar. Precisamos mais é sentar e ouvir.
    Falar é fácil mas ouvir requer humildade e compreensão. E aos nosso pequenos o mais importante é o exemplo, não é mesmo? Ouvir faz parte!!!

    Um grande abraço!!!

    ResponderEliminar
  2. É verdade, Jorge.
    Uma vez circulou por Internet um texto muito interessante. Dizia que fala-se muito em cursos de oratória, mas deveriam ser promovidos cursos de "escutatória", já que temos muita dificuldade para ouvir.

    Um abraço

    ResponderEliminar
  3. Me alegro que te haya gustado.
    Gracias, Mirta.
    Un beso

    ResponderEliminar