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viernes, 27 de agosto de 2010

RESUMEN DEL LIBRO MISIONEROS DE LA LUZ


Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com


 

Autor: André Luiz (seudónimo de un consagrado médico brasileño)
Psicografía: Francisco Cândido Xavier




Esta obra describe varios procesos mediúmnicos y cómo se desarrollan las providencias del Plano Espiritual antes, durante y después de las reuniones mediúmnicas. En ellas son detalladas las asistencias a los encarnados y desencarnados, destacando preciosas enseñanzas.

Hay la descripción de la belleza de la reencarnación de un Espíritu a partir de la fecundación.
En este libro, André Luiz desea profundizar su conocimiento sobre la mediumnidad y es invitado por el bondadoso mentor Alexandre a acompañarlo en su núcleo.


En el primer capítulo, André Luiz tiene la oportunidad de examinar la mente de un médium psicógrafo con el auxilio magnético de Alexandre. “Los conductores medulares formaban un extenso cordón, sustentando la luz mental. El cerebro mostraba fulguraciones, los lóbulos cerebrales recordaban corrientes dinámicas. Las células corticales y las fibras nerviosas, constituían delicadísimos elementos de conducción de las energías recónditas e imponderables. En ese concierto, bajo una luz mental indefinible, la epífisis emitía rayos azulados e intensos”.


Aún en este capítulo se detalla el trabajo de los amigos desencarnados en el ambiente y en el médium. Es importante que los médiums psicógrafos lo estudien.


“Cuanto más le notaba las singularidades del cerebro, más le admiraba la luz creciente que la epífisis dejaba percibir. La minúscula glándula se había transformado en un núcleo radiante y alrededor de ella, sus rayos formaban un loto de sublimes pétalos”. Se trataba de la glándula de la vida mental, que segrega hormonas psíquicas. A André Luiz le espanta las funciones espirituales de esta glándula, reveladas por primera vez en las enseñanzas espíritas. Tiene potencial magnético que controla las glándulas genitales, actúa como una poderosa usina que segrega unidades-fuerzas en las energías generadoras. Es sobre todo la glándula de la vida espiritual del hombre encarnado.


Más tarde, André Luiz es conducido por Alexandre a observar “algunas demostraciones de desarrollo mediúmnico”. Alexandre le explica que “algunos pretenden la psicografía, otros intentan la mediumnidad de psicofonía pero, desgraciadamente, casi todos confunden poderes psíquicos con funciones fisiológicas, olvidando que toda edificación del alma requiere disciplina, educación, esfuerzo y perseverancia.


André Luiz se acercó a un joven que intentaba la psicografía y vio que sus órganos genitales estaban llenos de bacilos psíquicos de la tortura sexual, producidos por la sed febril de placeres inferiores. En otro candidato a médium, André Luiz observó que su “aparato gastrointestinal parecía totalmente ensopado en aguardiente, que invadía todas las partes del estómago, y comenzaba a invadir las paredes del esófago y manifestaba su influencia hasta en el bolo fecal; pequeñas figuras horripilantes se situaban a lo largo de la vena porta, luchando desesperadamente con los elementos sanguíneos más nuevos; toda la estructura del órgano se mantenía alterada bajo terrible ingurgitación, los lóbulos cilíndricos, modificados, abrigaban células enfermas y empobrecidas; el bazo presentaba extrañas anomalías”. En una candidata a la mediumnidad de psicofonía, André Luiz observó que “el estómago se le dilataba y los intestinos parecían sufrir extrañas alteraciones; en gran zona del vientre, sobrecargado de alimentación, se veían muchos parásitos conocidos y otros corpúsculos semejantes a lombrices voracísimas que se agrupaban en colonias, desde los músculos y las fibras del estómago hasta la válvula ileocecal. Semejantes parásitos atacaban los jugos nutritivos con asombroso potencial de destrucción”.

Tales descripciones representan preciosa enseñanza para que respetemos nuestro cuerpo físico, alimentándonos con equilibrio y luchando por librarnos de los vicios (alcohol, drogas, maledicencia, etc.).


La sesión de desarrollo mediúmnico fue pobre de resultados y hubo mucho trabajo contra el vampirismo, tema que a André Luiz le llama la atención y lo conduce a querer saber más. Alexandre le explica que “vampiro es toda entidad ociosa que se vale, de las posibilidades ajenas siempre que encuentre oportunidad en la estructura carnal de los hombres”, robándoles energías y sensaciones deletéreas. “La cólera, la desesperación, el odio y el vicio, ofrecen campo a peligrosos gérmenes psíquicos en la esfera del alma y el contagio es un hecho consumado desde el momento en que la impresión o la necesidad de lucha establecen ambiente propicio entre compañeros de un mismo nivel. La muerte del cuerpo, casi siempre sorprende al alma en terrible condición parasitaria y los infelices, que cayeron en semejante condición de parasitismo, sirven de alimento habitual a las larvas que André Luiz observó”.


Le causa espanto a André Luiz las elucidaciones del mentor, pero Alexandre le dice: “¿No se mantenían nuestras mesas a costa de carne y vísceras de bovinos y de aves? Con el propósito de buscar recursos proteicos, exterminábamos incontables animales.”


Alexandre invita a André Luiz a seguir algunos de los candidatos a médiums que vuelven a casa. Ya en la puerta del Centro Espírita, los esperan desencarnados explotadores, sus obsesores. Dos entidades inferiores se ligan al joven torturado sexualmente, su madre es vampirizada por el marido desencarnado y solamente su joven hermana se muestra madura y equilibrada. La narración nos invita a la vigilancia y a la oración para mantener las vibraciones elevadas.


Las observaciones referentes a la microbiología psíquica lo impresionaban fuertemente y André Luiz se preguntaba qué hacer contra el vampirismo. Alexandre una vez más le enseña a través de la observación. Ante ellos, caminaba un enfermo en condiciones muy graves, se le veían los parásitos obscuros, se le observaba la desesperación íntima en vista del asedio incesante y Alexandre lo invita a visitarle el hogar para que conozca al más poderoso antídoto contra el vampirismo. André Luiz observa que las infelices Entidades se mostraban ahora terriblemente disgustadas. Algo les impedía acompañar la víctima al interior. Es que allí residía una hermana que tiene la felicidad de cultivar la oración fervorosa y recta.


Alexandre le dice que “el santuario doméstico que encuentre personas amantes de la oración y de los sentimientos elevados, se transforma en campo sublime de las más bellas floraciones y cosechas espirituales. Toda oración elevada, es manantial de magnetismo creador y vivificante y toda persona que cultiva la oración, con el debido equilibrio de sentimiento, se transforma gradualmente en foco irradiante de las energías de la Divinidad”.


André Luiz y Alexandre se dirigieron a una reunión educativa para hermanos encarnados y fueron abordados por una amiga del instructor, quien le pedía ayuda al hijo Antonio que desencarnaría pronto, pero precisaba de más algunos meses en la carne. Siguen a la residencia de Antonio, lo encuentran en avanzada apoplejía y en algunos instantes más, la víctima desencarnaría. Un magnetizador encarnado, que fue conducido al lugar en desdoblamiento, le transfiere al enfermo vigorosos fluidos que le permitirían continuar 5 meses más en la carne.


Después de la asistencia a Antonio, los amigos espirituales regresaron al objetivo de la noche: un curso espiritual ministrado por un Instructor espiritual a trescientos alumnos encarnados y desdoblados durante el sueño. Sin embargo faltan dos de los alumnos quienes se desdoblaron de manera desequilibrada. El primero encuentra a un desencarnado de quien había hablado livianamente durante el día, el segundo estaba en compañía de “tres Entidades femeninas de burlona expresión que permanecían en actitud poco edificante”. De los 298 alumnos presentes apenas treinta y dos asimilan las lecciones. Es una preciosa enseñanza a nosotros encarnados para que mantengamos pensamientos y actitudes dignas durante el día, los cuales nos permitirán aprovechar los desdoblamientos en tareas edificantes.


El capítulo nueve es para estudio obligatorio a quienes se quieren dedicar a la tarea mediúmnica. Durante el curso nocturno para encarnados desdoblados y desencarnados, Alexandre nos ofrece reflexiones muy profundas sobre la práctica mediúmnica equilibrada y responsable. Alerta a los “hermanos que pretenden desarrollar las percepciones mediúmnicas; sin embargo, aguardan simples expresiones fenoménicas, suponiendo erróneamente que las fuerzas espirituales permanecen circunscriptas a puro mecanismo de fuerzas ciegas y fatales, sin ningún esfuerzo en la preparación, disciplina y constructividad”. Dice que “urge estimar el trabajo antes del reposo, aceptar el deber sin exigencias, desarrollar las tareas aparentemente más pequeñas, antes de inquietarnos por las grandes obras y colocar los designios del Señor por encima de todas las preocupaciones individuales. Urge huir de la apropiación indebida en el intercambio con las fuerzas invisibles, huir del encantamiento temporal y de la obsesión sutil y perversa”. “Sin el Cristo, la mediumnidad es un simple ‘medio de comunicación’ y nada más. La pasión del fenómeno puede ser tan viciosa y destructora para el alma, como lo es la del alcohol embriagando y aniquilando los centros de la vida física”.


Aún en el capítulo 9, Alexandre nos revela que Jesús es el “Espíritu de Verdad”.


Más adelante, André Luiz tiene la oportunidad de examinar el fenómeno de materialización en compañía de Alexandre. Observa los cuidados dispensados a su ejecución porque es arriesgada para los médiums, pues ellos reúnen pocas condiciones espirituales y valores morales que la tarea exige (en su mayoría). Recordemos que estábamos en 1945, cuando se realizaban muchas reuniones de materialización, inclusive en residencias.


En una noche, Alexandre conduce André Luiz a la casa de una viuda encarnada que había solicitado ayuda para solucionar la rara muerte del marido en la vía pública. Encontraron allá muchos espíritus desencarnados, diversos familiares atraídos por las vibraciones pesadas y enfermas de los encarnados. “Seis entidades envueltas en círculos oscuros, los acompañaban durante la comida, como si estuviesen tomando alimentos por absorción”. Se trataba de una vampirización recíproca en la que “los propios encarnados retienen con sus pesadas vibraciones de apego enfermizo” a los parientes desencarnados, que “se mantienen ligados a la casa, a las situaciones domésticas y a los fluidos vitales de la familia; se alimentan con la parentela y duermen en los mismos aposentos en que perdieron sus cuerpos físicos”.


En este capítulo se relata, además, el terrible ambiente de los mataderos, donde “gran número de desencarnados, en lastimosas condiciones, se tiraban sobre los borbotones de sangre viva, como si procurasen beber el líquido con sed devoradora”. A André Luiz le impresiona la escena pero Alexandre le dice: “con el mismo derecho, los desencarnados, tan inferiores hoy como lo fuimos nosotros en el ayer, se acercan a los animales muertos cuya sangre humeante les ofrece vigorosos elementos vitales”. Es decir la escena no es diferente de nuestro desequilibrio alimentario cuando estamos encarnados. Y es en el entorno de del matadero que André Luiz y Alexandre encuentran el marido de la viuda encarnada. Raúl se había suicidado y ahora sufría el remordimiento de sus actos, agravados por haber asesinado a un amigo para robarle la novia. Raúl recibe la ayuda de los amigos espirituales, que se lo llevan.


Alexandre y André Luiz se iban a su sede espiritual de trabajo, cuando el instructor fue solicitado por Herculano, que le pedía ayuda a Segismundo. Segismundo debía reencarnar como hijo de un matrimonio a quien había dañado en otra encarnación, pero el que sería su padre lo rechazaba. Alexandre prometió dedicarse al caso en la próxima semana.


André Luiz quería acompañar el instructor y fue orientado a prepararse. Alexandre lo condujo al Centro de Planeamiento de Reencarnaciones, donde conocería como era el proceso reencarnacionista. André Luiz observó a “dos estatuas maravillosas: la delicada figura de un cuerpo masculino y otro modelo femenino” y el asistente Josino le explica que “el cuerpo físico en la Tierra representa una bendición de nuestro Eterno Padre” y merece cuidados. El ex médico observa que hay Espíritus que se preparan para reencarnar y que ellos conversan sobre su cuerpo físico, pidiendo que sean dotados de características o defectos que les serán útiles en la Tierra. Josino, además, le dice que todas las reencarnaciones son asistidas por los bienhechores espirituales, no importa el nivel evolutivo del reencarnante. Más adelante escucha elucidaciones sobre los “completistas”, los pocos hermanos que aprovechan todas las posibilidades cuando están encarnados.


Después de la preparación, André Luiz fue invitado a acompañar a Alexandre en la reencarnación de Segismundo. Era la primera vez que tendría conocimiento directo del fenómeno reencarnacionista. Herculano había pedido la presencia del reencarnante para ejecutar el trabajo de aproximación pero Adelino, el futuro padre, tenía mala condición espiritual. Alexandre, inspirando el hijo de tres años del matrimonio, logró suavizar el espíritu de Adelino. Cuando éste se desdobló, el equipo espiritual logró la aproximación y combinaron el proceso reencarnatorio para la semana siguiente.


Este capítulo sobre la reencarnación es hermoso. Nos invita a reflexionar sobre la sublimidad del sexo con amor y responsabilidad, nos conforta saber los cuidados que nos dispensan los amigos del espacio en cada encarnación.


Se abordan los temas de la “fecundación física”, propia de las uniones físicas y de la “fecundación psíquica”, propia de la uniones espirituales. Además, relata interesantes informaciones sobre el periespíritu, que da forma a los elementos celulares y se radica en la sangre. André Luiz describe: “Segismundo se unía a ella [la madre carnal], como la flor que se une al tallo.


Raquel, ahora embarazada de Segismundo, sentía las consecuencias “de la adaptación de las energías creadoras en el útero materno”, como ocurre “en los procesos de la reencarnación” pero fue asistida por los amigos espirituales.


Después de las enseñanzas recogidas en el caso de Segismundo, “sería justo que André Luiz observase algún proceso diferente, de los que existen por ahí por centenares”, en los cuales los encarnados no colaboran sino que se complican.


André Luiz ahora acompaña el drama de un embarazo que sería interrumpido por la no-vigilancia de la mujer, que aborta por tercera vez. Es un aborto involuntario porque ella sale a la noche buscando placeres mundanos y a la mañana sufre el aborto, como consecuencia de sus actos.


Es que ese caso era muy diferente del proceso de reencarnación verificado en casa de Raquel. La forma física embrionaria demostraba manchas violáceas, revelando dilaceraciones. Pequeñitos monstruos, sólo perceptibles a la mirada espiritual, nadaban en el líquido amniótico, invadiendo el cordón umbilical y apropiándose de la mayor parte del delicado alimento reservado al cuerpo en formación. Toda la placenta era asediada por ellos, provocando en André Luiz terrible impresión”. Espíritus inferiores vampirizaban la pobre mujer y no querían que fuera madre.


Después de aprender un poco más sobre el proceso de reencarnación, André Luiz vuelve a los estudios sobre la mediumnidad, concurriendo al grupo orientado por Alexandre. Los compañeros encarnados solicitaban con insistencia la manifestación de Dionisio, antiguo miembro del grupo, ahora desencarnado. La médium destacada para la tarea era Otávia, quien pese a ser una mujer devotada, sufre agresiones del marido alcohólico, pero recibe la asistencia de los amigos espirituales. Dionisio se comunica a través de Otávia con mucha emoción, sin embargo sus antiguos compañeros no creen en la manifestación, creyendo tratarse de animismo de la devotada médium.


Más adelante, después de concluir una reunión de estudios evangélicos, una señora muy agradable busca la ayuda de los instructores para el adoctrinamiento de su hijo Marinho, quien había sido sacerdote cuando estaba encarnado y ahora vivía en las sombras. Alexandre destaca a Necésio, habilidoso trabajador desencarnado y experimentado en la tarea de establecer contactos preliminares con entidades rebeladas. Marinho se somete a los cuidados de los amigos espirituales después de mucho trabajo. Tenemos en este punto del libro, el relato de la materialización en el Plano Espiritual, cuando la madre de Marinho se le presenta en la reunión de adoctrinamiento. Marinho llora de arrepentimiento y deseo de renovación.


Este capítulo – 17 – nos aporta explicaciones sobre el adoctrinamiento en las reuniones mediúmnicas y porqué son ejecutadas por los encarnados, quienes donan su magnetismo humano. Además, describe la asistencia a los Espíritus necesitados. Hay uno que no sabe que desencarnó y Alexandre le hizo ver, a distancia, sus despojos en descomposición. El segundo quiso agredir a los compañeros encarnados, pero antes de que pudiera poner en práctica el siniestro plan, los técnicos del Plano Espiritual trabajaron activos en la composición de una forma sin vida propia; era un esqueleto de terrible aspecto, que él contempló de arriba hacia abajo, poniéndose a temblar, humillado, olvidando el triste propósito de herir a sus benefactores.


“Aconsejados por experimentados orientadores, el grupo al que Alejandro prestaba valiosa colaboración, se reunía en noches previamente determinadas, para atender a los casos de obsesión”. Varios vengadores son previamente adoctrinados en el Plano Espiritual antes de que se manifiesten a través de los médiums. Las enseñanzas nos sugieren cuidado en los diagnósticos y en las promesas de cura en el campo físico.


André Luiz, fascinado por lo aprendido, observa a los “técnicos en auxilio magnético que comparecen allí para dar pases de socorro” y Anacleto le explica que se trata de un departamento delicado de las tareas espirituales, que exige mucho criterio y responsabilidad. En la ejecución de la tarea que les está encomendada, no basta la buena voluntad sino poseer determinadas cualidades de orden superior y ciertos conocimientos especializados”. André Luiz narra algunas asistencias inclusive a un encarnado no vigilante, quien a pesar de haber sido atendido por diez veces, no promueve su cambio interior. Ahora, después de diez veces de socorro completo, es indispensable dejarlo entregado a sí mismo, hasta que se decida a adoptar nueva resolución.


André Luiz esperaba la continuación de sus nuevos estudios en compañía de Alexandre pero, Lisias fue portador de una invitación para una reunión de despedidas del caritativo instructor. Alexandre se iba a planos más elevados a desempeñar tareas de sublime expresión, las cuales todavía no podemos comprender. Conmocionados, todos escuchan la hermosa oración proferida por el abnegado instructor, como si conversara con el Maestro presente, aunque invisible.



OBRA COMPLETA DISPONIBLE EN:


jueves, 19 de agosto de 2010

¿POR QUÉ OCURREN LAS MUERTES EN MASA?





Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com




Siempre que leo o escucho algo sobre “muertes” colectivas me acuerdo de mi primer contacto real con ese tipo de suceso. Creo que tenía diez años cuando quedé impactada ante fotos de la erupción de un volcán. Veía a muchas personas presas en un tipo de barro gris, sin saber qué miembros pertenecía a cada cuerpo. Pese a mi gusto por la lectura, no pude leer el reportaje y durante mucho tiempo las imágenes quedaron grabadas en mi cabeza.



Por no tener acceso a determinados programas televisivos que el cuidado materno y paterno prohibían, tampoco pude obtener detalles sobre el acontecimiento. Pero en la edad adulta conocí la Doctrina Espírita y lo investigué a él y a otros acontecimientos similares, para comprenderlos mejor bajo un abordaje espiritual.



Se trataba del volcán Nevado del Ruiz, de los Andes colombianos, que entró en erupción el 13 de noviembre de 1985 y mató a más de 25 mil personas.



En la Navidad de 2004, un tsunami “afectó a zonas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia, dejando 229.866 muertes”. (Periodismo Humano)



El 30 de diciembre de 2004, se presentaba en República Cromañón (Argentina) el grupo Callejeros, cuando un incendio comenzó casi a las 11 horas de la noche y dejó a 194 muertos.



El 12 de enero de 2010, fue registrado un terremoto en Haití que mató a más o menos 200 mil personas.



El 27 de febrero de 2010, Chile también sufrió un terremoto que mató a 521 personas.



El 17 de julio de 2007, un avión que viajaba entre Porto Alegre y São Paulo, en Brasil, se estrelló contra una estación gasolinera, mató a las 187 personas que estaban a bordo y a 12 más que estaban en el suelo.



Sólo este año (2010) se registraron cinco accidentes aéreos con gran cantidad de víctimas fatales, cuyo número supera a los 1.370.



Eso sin citar el gran número de asesinatos en masa que se dan en varios países, por ambición, por diferencias ideológicas, por intolerancia o por cualquier otra razón que no alcanza para justificar que un Ser humano extinga la vida de otro.



El hecho es que ante situaciones como ésas, es común que las personas se pregunten cuáles serán sus razones. ¿Por qué algo tan terrible ocurre y mata en gran cantidad, sin elegir edad, sexo, raza o religión? Muchos creen que es mala suerte; para otros es un castigo; algunos piensan que es obra del acaso. Pero y ¿la Doctrina Espírita?, ¿Cuál es su explicación sobre el tema?

Las Leyes
El Espiritismo explica con mucha coherencia que cada uno recibe según sus obras porque todos estamos sometidos a la Ley de Acción y Reacción o de Causa y Efecto, y a la Ley de Evolución o del Progreso.



Según la primera, los seres humanos con nuestros pensamientos, sentimientos y acciones creamos causas que tendrán un efecto posterior. Dependiendo de la naturaleza positiva o negativa de las causas, así serán los efectos posteriores. Es una Ley que no castiga, sino que reajusta los actos cometidos bajo la dirección de nuestro libre albedrío. Actúa devolviendo el caminante extraviado y perdido al camino correcto del bien y del progreso, a través de las sucesivas encarnaciones.



La Ley de Evolución o del Progreso rige la transformación continua de todo lo que posee vida, desde estados rudimentarios e inferiores hacia formas más perfectas y complejas. A través de esta Ley, el ser humano ha pasado a ser el hombre civilizado de hoy día, abandonando sus etapas salvajes y primitivas. Gracias a la Ley de Evolución y a las pruebas sucesivas a que ésta nos somete en nuestras múltiples existencias, los seres humanos vamos corrigiendo nuestras imperfecciones, transformando nuestros defectos y debilidades en virtudes o cualidades que nos empujan hacia la conquista de la vida espiritual. El empleo de nuestro libre albedrío hará que esta Ley nos haga caminar por el sendero del bien, del amor y de la felicidad, o por el contrario, por el camino del dolor.



Esas dos Leyes determinan la naturaleza de las pruebas y de las expiaciones que nos son “impuestas” según nuestras acciones y aspiraciones. “La prueba es la lucha que enseña al discípulo rebelde y negligente el camino del trabajo y de la edificación espiritual”, o que el Espíritu, cansado de permanecer estancado, se auto-impone para evolucionar. “La expiación es la pena impuesta al malhechor que comete un crimen.”[1] Pero “pruebas o expiaciones, son siempre señales de una inferioridad relativa, porque lo que es perfecto no tiene necesidad de ser probado”[2] y porque el Espíritu estancado ignora temporalmente su naturaleza evolutiva. El que expía recoge los efectos de sus malas acciones, el que es probado atiende a la Ley de Evolución que durante mucho tiempo prefirió ignorar.

Individualidad colectiva

Por la lógica de las expuestas enseñanzas espíritas, es muy fácil comprender como las Leyes citadas son llevadas a cabo y lo que vamos a demostrar es que el género de muerte que pesa sobre el hombre también está directamente vinculado a ellas, ya sea como prueba o como expiación. Pero antes nos falta comprender cómo las faltas individuales pueden ser cobradas colectivamente.



En “Obras Póstumas[3] encontramos interesantes aclaraciones que nos permiten comprender mejor ese proceso, pues nos dice que las mismas Leyes que “rigen al individuo”, rigen también “a la familia, a la nación, a las razas y al conjunto de los habitantes de los mundos, que son individualidades colectivas (…) El individuo, la familia y la nación cometen faltas y cada una de ellas, cualquiera que sea su carácter, se expía en virtud de una misma ley.”



Otro tanto acontece, tratándose de crímenes cometidos solidariamente por un cierto número de personas. Las expiaciones son solidarias, lo que no reduce la expiación simultánea de las faltas individuales.


Cada hombre reúne (…) caracteres (…) de individuo (…), de miembro de la familia,(…) de ciudadano. Bajo cada una de estas fases, puede ser criminal o virtuoso, es decir, que puede ser virtuoso como padre de familia y criminal (…) como ciudadano.



(…) hay faltas del individuo y del ciudadano, y las expiaciones del uno no absuelven al otro, pues toda deuda ha de ser pagada hasta el último óbolo.


Un (…) buen padre de familia, probo y honrado en sus negocios, puede ser un mal ciudadano, haber atizado el fuego de la discordia, oprimido al débil y manchado su mano con crímenes de lesa sociedad. Estas faltas colectivas son las que expían colectivamente los individuos que a ellas han concurrido, los cuales vuelven a encontrarse para sufrir juntos la pena del Talión (…).


La humanidad se compone de personalidades que constituyen las existencias individuales y de generaciones que constituyen las existencias colectivas.

Reorganizando nuestro raciocinio podemos afirmar que somos los responsables por el mal que nos atinge, dado que lo atraemos por nuestros pensamientos, acciones y omisiones, en cualquier ámbito de nuestra acción; que nuestras acciones en el hogar influyen en el conjunto familiar (una individualidad colectiva), las realizadas como ciudadano afectan nuestra comunidad (otra individualidad colectiva) y nuestra actividad como habitante del mundo aportará en el nivel evolutivo del planeta en general. Que la Justicia Divina lo examina muy bien, analiza lo que contribuimos y los daños que causamos como individuos y como individualidad colectiva para dar a cada uno según nuestras obras, a través de la aplicación de la Ley de Acción y Reacción.

Para mejor comprender esa justicia, presentaremos hipótesis y hechos reales que explican cómo tales responsabilidades colectivas son ajustadas en los procesos de desencarnación.

Reajustes necesarios
Gerson Simões Monteiro, presidente de la “Fundación Cristiana Espírita Cristiana C. Pablo de Tarso”, en un artículo sobre las muertes colectivas escribe que las víctimas de un terremoto podrían ser antiguos guerreros que, en encarnación anterior, destruyeron ciudades, hogares, mataron a mujeres y niños bajo los escombros de sus casas y victimaron a miles de personas. En nueva encarnación, son atraídos a reunirse en conjunto y en determinadas circunstancias, por los crímenes que practicaron, para sufrir lo que impusieron a sus víctimas en otra existencia. Son faltas individuales que influyen en lo colectivo.



Por nuestra parte, agregamos que los sobrevivientes también son llamados a una transformación moral, a un cambio profundo en sus vidas, pero hay personas que se aprovechan de la situación de caos, en una región que sufrió dicho terremoto, para saquear, robar, violar y que se benefician con egoísmo de las donaciones recibidas. A ésas no les alcanza la enseñanza y se comprometen más seriamente ante la colectividad.



Gerson aún nos cuenta un caso de una familia que incendió la casa de un vecino por venganza y mató a todos que estaban allí. En otra encarnación, los miembros de la familia criminal se reunieron en nueva encarnación y expiaron sus crímenes en un accidente. Mientras viajaban, su auto se encendió y todos murieron quemados sin poder salir del vehículo.



El estudioso explica que cada miembro de la familia reparó sus crímenes de forma individual, pero en un rescate colectivo.



Tenemos además, otro ejemplo real, incluso explicado en las páginas de la literatura espírita. El 17 de diciembre de 1961, un circo se encendió en la ciudad de Niteroi (Rio de Janeiro – Brasil) y cerca de 300 personas fallecieron.



En el libro “Cartas y Crónicas”, psicografiado por Francisco Cândido Xavier, el Espíritu Humberto de Campos relata la causa del accidente.

En el año 177 de la Era Cristiana, Marco Aurelio reinaba en el imperio romano. Mujeres, hombres, niños, ancianos y enfermos cristianos eran detenidos, torturados y exterminados. “Más de 20 mil personas ya habían sido muertas”.


Llegó la noticia de la visita del famoso guerrero Lucio Galo en aquellas tierras y los dueños del poder querían homenajearlo de manera grandiosa y original. Decidieron quemar a miles de cristianos en un espectáculo a la altura del visitante.



“Durante toda la noche, personas ávidas de crueldad allanaron residencias humildes” y al día siguiente a la tarde, “largas filas de mujeres y niños, gritando y llorando, encontraron la muerte al final del soberbio espectáculo, quemadas en las llamas intensificadas por el soplo del viento o despedazadas por los caballos en carrera”.


Casi dieciocho siglos se pasaron tras el tenebroso acontecimiento… Sin embargo, la justicia de la Ley reaproximó a todos los responsables, a través de la reencarnación, y en diferentes edades físicas para dolorosa expiación, el 17 de diciembre de 1961, en la ciudad brasileña de Niteroi, en conmovedora tragedia en un circo.”

El notable Mediumnato de Chico Xavier también nos aclara otro hecho real ocurrido en São Paulo, otra ciudad brasileña, el 1º de febrero de 1974, fecha en que el edificio Joelma se incendió y dejó a 188 muertos.


El Espíritu Cyro Costa y Cornélio Pires se manifestaron por psicografía y dictaron dos sonetos que revelaban la causa de las muertes en masa en el incendio. Las víctimas “rescataron los últimos vestigios de la culpa que aún cargaban en su propia alma, como residuos de compromisos adquiridos en la guerra de las Cruzadas.”[4] (Cyro Costa)

Barren con fuego y llanto las sombras de otras eras
Combatientes de la Cruz en probaciones austeras,
No obstante héroes del mundo, honrando los tiempos idos.
(Cyro Costa)

En el libro “Acción y Reacción”, cuya temática principal es exponer ejemplos reales que demuestran cómo se manifiesta la Ley de Acción y Reacción o de Causa y Efecto, tenemos un caso muy interesante y lo resumimos aquí:

Trabajadores del Plano Espiritual recibieron un pedido de auxilio a víctimas de un accidente aéreo y el instructor Druso le cuenta a André Luiz la historia de Ascânio y Lucas, quienes, a pesar de contar con casi 5 siglos sucesivos en aprendizaje y trabajo digno, no lograron ascender a esferas más elevadas porque tenían una deuda del siglo 15, cuando asesinaron a dos compañeros precipitándolos desde el alto de una fortaleza.



Decidieron reencarnar, dedicarse a la aeronáutica y ahora formaban parte de las víctimas de ese accidente aéreo. Es que aquellos que poseen grandes créditos morales pueden seleccionar el género de prueba con la cual saldarán sus deudas.


El benefactor le explica que el socorro es brindado a todas las víctimas, pero que no se puede olvidar que, aunque el desastre es el mismo para todos, la muerte es diferente para cada uno. La liberación depende de la “vida anterior” de cada individuo. Algunos serían retenidos por algunas horas, otros, tal vez por largos días. La muerte física es diferente de la emancipación espiritual.


Le dice que si el origen de la prueba fuera analizado, entre los accidentados estarían delincuentes que, en otras épocas, lanzaron hermanos de elevada altura; otros que cometieron crímenes en la superficie del mar; y suicidas que se lanzaron desde las alturas.


Tales pruebas sirven, además, como luchas expiatorias para la familia. Padres que fracasaron con sus hijos en otras épocas, aprenden por medio de la nostalgia.


El dolor colectivo es el remedio que corrige las fallas mutuas.

Por las enseñanzas del instructor Druso entendemos que la desencarnación colectiva no ignora las condiciones individuales y que ni siempre aquellos que se reúnen para rescates colectivos están involucrados en un mismo acto del pasado.


A través de la mediumnidad de Divaldo Franco, tenemos noticias sobre las víctimas del tsunami de 2004. Según Joanna De Ângelis, la mentora de Divaldo, ellas formaron parte de antiguas legiones de bárbaros que destruyeron parte de Europa y de otros pueblos, cuando Alarico I y sus ejércitos dominaron a varios países con crueldad, conquistaron a Roma, la saquearon y la quemaron durante seis días, en el año 410 después de Cristo.[5]



Nos parece que está más que demostrado que en realidad no hay víctimas inocentes en las tragedias colectivas, sino Espíritus que poseen culpas en su bagaje espiritual. Muchos quieren rectificarse y, cuando están en el Plano Espiritual, le piden a Dios la oportunidad de hacerlo; eligen el género de rescate, lo planean y lo llevan a cabo durante la reencarnación. Otros son intimidados a hacerlo porque insisten en la rebeldía y en la maldad y necesitan sentir en carne propia el dolor que causaron a sus semejantes, para comprenderlo y transformarse.



Además están los familiares, los amigos y los sobrevivientes que también sufren la tragedia, pero tampoco lo sufren injustamente. La Justicia Divina siempre utiliza todos los recursos disponibles y necesarios para aplicar valiosas enseñanzas a los involucrados, los cuales también son deudores ante las Leyes o necesitan pasar por ese género de prueba para perfeccionarse.



No obstante, cuando reflexionamos sobre esas afirmaciones nos preguntamos si Dios es el causador de tales tragedias o sólo las utiliza para aplicar su justicia. Es algo que pasaremos a analizar.

Los desastres naturales
El capítulo VI de la tercera parte de “El Libro de los Espíritus”, comenta sobre las finalidades de la Ley de Destrucción, una ley natural muy necesaria a la renovación de la naturaleza y del hombre como Espíritu. En ella, encontramos los fenómenos naturales, como los terremotos, los volcanes, entre otros.



Sabemos que la Tierra, como planeta de prueba y expiación, camina hacia la condición de un planeta de regeneración y para que eso ocurra, debe haber una transformación general, que incluye no solamente el perfeccionamiento moral e intelectual del hombre, sino también un cambio en la estructura material del planeta.



Los fenómenos naturales sobre los cuales el hombre no tiene dominio pueden ser entendidos perfectamente como acciones del Creador para acelerar ese progreso.



Divaldo Franco, en entrevista concedida a Luis Hu Rivas, para “La Revista Espirita”, explica que hay Seres que trabajan en el mantenimiento de la Naturaleza, “tanto en la construcción como en la destrucción, para que la Tierra alcance” un nivel más elevado. Y son ellos, bajo la orientación de Espíritus Elevados, quienes llevan a cabo los sucesos necesarios para el cambio del planeta. “Después de estudiadas las necesidades de aquellos que estarán incluidos en la depuración a través del flagelo destructivo, son elaboradas las acciones, utilizándose de los fenómenos geológicos (como en el caso del tsunami)” para la aplicación de la justicia.



En esos casos, están en curso la transformación física de la estructura del Planeta y la utilización de ese recurso para la renovación moral de sus habitantes, ya sea por el proceso de desencarnación, por la “pérdida” de seres queridos, o incluso por la sensibilización generalizada que el hecho despierta en la humanidad cuando ella es invitada a practicar la solidaridad para ayudar a las “víctimas” directas del suceso.



Pero no podemos confundir los flagelos necesarios, programados por la Espiritualidad Mayor, con aquellos que ocurren por la mano irresponsable del hombre, como las inundaciones, originadas por la falta de respeto a la Naturaleza; como las guerras, cuya fuente es siempre la ambición; o los incendios causados por la omisión o por la mente criminal.



Jesús dijo que los tropiezos son necesarios, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo![6] Lo que nos permite comprender que la Ley de Acción de Reacción utiliza los equívocos de un hombre para rectificar los errores de otro. El segundo se está liberando de la culpa, el primero asume débitos ante la Ley y más adelante se le cobrará.



Pero ¿cómo la Justicia Divina utiliza los fenómenos naturales y los equívocos de ciertos individuos como herramienta de depuración de otros?



Américo Domingos Nunes Filho, en un artículo publicado en la Revista “O Consolador”, explica que si consideramos que los Espíritus influyen en nuestros pensamientos, como dice la pregunta 459 de “El Libro de los Espíritus[7], es probable que los Espíritus nos inspiren en casi todos los actos de nuestra vida, y ¿por qué no, de nuestra muerte?



El artículo presenta ejemplos:



Si a una persona le llega el momento de desencarnar por un accidente, según su programación reencarnatoria, la Espiritualidad la puede inspirar a que ella se suba a una escalera estropeada que no le resista el peso. Los Espíritus no rompen la escalera, pero utilizan su debilidad.



A un hombre, cuya programación es la de morir electrocutado por un rayo, le será inspirada la idea de abrigarse bajo un árbol que será atingido durante una tormenta.



De la misma manera, si alguien no debe morir en un accidente o desastre natural, le es inspirado evitarlo. Y es por ello que muchas personas escapan de lo que, con certeza, le causaría la muerte. Como aquellas que desistieron de viajar sobre la hora y más tarde el transporte que usarían sufre un accidente.



En definitiva, es importante comprender que aquellos que perecen en las tragedias colectivas (o no) ya lo tenían programado antes de que nacieran. La Espiritualidad solamente los inspira a reunirse para cumplirlo. Es un compromiso que asumieron ante la Ley.



Y no menos importante es destacar que el mal no es planeado, que nadie nace programado para servir de herramienta al cumplimiento de una prueba o de una expiación. Los actos homicidas y genocidas, el terrorismo, las irresponsabilidades que terminan por eliminar vidas, o las omisiones que matan, son elecciones individuales de cada Espíritu y tarde o temprano la Justicia también los alcanzará, en esta o en otra existencia.



Queremos aclarar que tampoco podemos condenar a las personas que perecieron en las tragedias colectivas como antiguos criminales. Es más justo considerarlos como hijos pródigos que lograron vencer una gran etapa en su camino evolutivo, que vuelven a casa, más leves y serenos, porque se liberaron de culpas que los lastimaban.



A sus familiares, les queremos decir que no se rebelen, ni sientan que Dios los haya fallado. Tenemos una visión muy limitada de Su bondad, de Su amor y de Su justicia, ya que sólo podemos recordar la actual existencia y en la mayoría de las veces ella es incapaz de explicarnos las causas de tales sucesos.



Confía, ama, ora y ayuda a tus semejantes que aún caminan contigo. Intenta vislumbrar la imagen descrita por el Espíritu Cyro Costa cuando rindió homenajes a los muertos en el incendio del edificio Joelma:



En la Tierra el sufrimiento, la angustia, la ceniza, la escoria…
Pero en el Más Allá se escuchan los himnos de victoria
De las Milicias del Cielo saludando a los redimidos.





Referencias



FRANCO, Divaldo. Por el Espíritu Manuel Philomeno de Miranda. Temas da Vida e da Morte. Flagelos e Males.
KARDEC, Allan. El Evangelio según el Espiritismo, capítulo V, ítem 9; capítulo XIV, ítem 9.
_____________ El Libro de los Espíritus. Preguntas, 459, 737, 738, 738b, 741, 783, 851 y 852.
_____________ El Cielo y el Infierno. Capítulo VIII - Expiaciones terrestres.
_____________ Obras Póstumas. Cuestiones y Problemas: Las Expiaciones Colectivas.
XAVIER, F. Cândido. Espíritu Emmanuel. El Consolador. Preguntas 246 y 250.
XAVIER, F. Cândido. Espíritu Humberto de Campo. Cartas y Crónicas. Capítulo 6.
_____________ Espíritu André Luiz. Acción y Reacción. Capítulo 18.
XAVIER, F. Cândido. PIRES, J. Herculano. Espíritus Diversos. Chico Xavier Pede Licença. Capítulo 19.
_____________ Diálogo dos Vivos. Capítulos 25 a 27.
DEMÉTRIO, João. O Porquê das Mortes Coletivas? Disponible en:
http://www.feal.com.br/colunistas.php?art_id=40&col_id=9
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SCHUBERT, Suely Caldas. Tragédias coletivas: por quê?. Disponible en:http://www.lema.not.br/indexcanais.php?pagecanais&acao=resposta&sub=11&princi=Canais&recstart=0&q_id=222
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http://es.wikipedia.org/wiki/Terremoto_de_Hait%C3%AD_de_2010
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http://pt.wikipedia.org/wiki/Voo_TAM_3054
http://g1.globo.com/mundo/noticia/2010/07/os-maiores-desastres-aereos-dos-ultimos-dez-anos.html
http://periodismohumano.com/sociedad/de-tanzania-a-haiti.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Erupci%C3%B3n_del_Nevado_del_Ruiz_de_1985
[1] El Consolador, por el Espíritu Emmanuel, psicografía de Francisco Cândido Xavier, pregunta 246.[2] El Evangelio según el Espiritismo, capítulo V, ítem 9.[3] Capítulo: Cuestiones y Problemas: Las Expiaciones Colectivas[4] Del libro “Diálogo de los Vivos”, de Francisco Cândido Xavier, J. Herculano Pires y Espíritus Diversos.[5] Entrevista concedida a Luis Hu Rivas, para “La Revista Espirita”
[6] Mateo, 18:7[7] 459. ¿Influyen los Espíritus sobre nuestros actos y pensamientos? - A ese respecto su influjo es mayor de lo que creéis, porque son sobrada frecuencia son ellos los que os dirigen.



Versión en Portugués

martes, 10 de agosto de 2010

CONVERSANDO ES QUE NOS ENTENDEMOS




Por: Marina Silva





Cuenta Hermínio Miranda, en su libro “Nossos Filhos São Espíritos”[1] (Nuestros Hijos Son Espíritus) que un niño que tenía entre siete y ocho años de edad, tenía dificultades en el colegio, no por los estudios, sino por una sensación de pánico que lo dominaba cuando entraba al aula. A veces era imposible obligarlo a permanecer allí, otras veces necesitaba la compañía de su hermana durante las clases, lo que también la perjudicaba en su educación.

La familia pensó en muchas explicaciones para el hecho. “¿Estaría él bajo presión de Espíritus desarmonizados? ¿Sería sólo una aversión al colegio? ¿Precisaría de una reacción más rígida de los padres, como castigos físicos? ¿O le hacía falta tratamiento psiquiátrico?”

Un miembro de la familia decidió pedir la ayuda de los amigos espirituales, quienes les dijeron que en otra existencia en Francia, cuando el niño tenía más o menos la misma edad que tenía actualmente, el colegio se incendió y causó su desencarnación. Era lo que explicaba su pánico en la presente existencia.

Los amigos espirituales orientaron a los padres a tener paciencia y a conversar con él por la noche, durante su sueño físico, explicándole que el accidente era un hecho del pasado que no volvería a suceder. Que él ahora estaba protegido.

Con amor, paciencia y diálogo, los padres lograron ayudar a su hijo en la superación de ese trauma.

Sigue el ilustre escritor en el mismo libro, contando que en otra familia cercana a la suya, había una niña con características preocupantes. Era nerviosa, agitada y con tendencia a la agresividad. Su sueño era agitado por pesadillas. A veces fingía dispararles a los demás con armas invisibles como si estuviera en una guerra. Si quería un juguete de su hermana menor, se lo quitaba.

Además, no gozaba de buena salud. Su organismo era descoordinado, sentía dolor en los pies y no soportaba los zapatos con cordones. Quería zapatos que dejaran libres sus pies, como si ello le fuera vital.
Cuando amigos espirituales fueron consultados, la familia supo que en una vida pasada la niña había sido una dedicada y patriótica guerrillera que había desencarnado despedazada en una explosión, de la cual no pudo escapar por tener el pie preso a un hoyo.

Les orientaron a conversar con ella, sobre todo cuando estuviera dormida. Que le transmitiera paz y seguridad para convencerla de que el terrible incidente estaba superado. Además, deberían insistir en decirle que su pie estaba perfecto y sano ahora.

***
Pero ¿qué quiere decir Hermínio Miranda con esas narraciones? Y ¿Por qué las contamos nosotros?

Es muy sencillo, todos nosotros somos Espíritus inmortales que venimos de muchas encarnaciones. Algunas muy difíciles, otras más suaves, pero todas ellas con su aprendizaje y tal vez con su trauma.

Nuestros hijos también son Espíritus inmortales, incluso pueden ser más experimentados que nosotros espiritualmente. Si estamos todos reunidos bajo el mismo techo es porque tenemos algo por hacer juntos.

La agresión física o verbal, la presión psicológica o la indiferencia no nos ayudan a convivir bien, todo lo contrario. El diálogo es la mejor manera de entendernos siempre.

Cuando los niños se equivocan, debemos buscar la forma de conversar, de explicarles que actuaron mal y porque lo hicieron. Darles alternativas y ejemplos de cómo ellos pudieron haber actuado en la misma situación.

Algunos pueden creer que ya es demasiado tarde, pues ya no hay posibilidad de diálogo, pero no es cierto. Recordemos las orientaciones de los amigos espirituales contadas por Hermínio y hablémosle cuando estén dormidos. Con amor, paciencia, comprensión y diálogo, alcanzaremos el éxito.


Pero recordemos que diálogo no es solamente hablar, sino también escuchar. ¨
[1] Editorial Lachatre, 9ª edición

viernes, 6 de agosto de 2010

SÍNTOMAS DE LA MEDIUMNIDAD

Por: Marina Silva




Toda persona que siente, con mayor o menor intensidad, la influencia de los Espíritus es médium. (…) Por consiguiente, se puede decir que todas las personas, poco más o menos, son médiums. (KARDEC, El Libro de los Médiums, ítem 159)

Son muchas las personas que desean saber si poseen alguna facultad mediúmnica y cuáles son los indicios que pueden confirmar o negar tal existencia.

Según las palabras de Kardec, el noble codificador de la Doctrina Espírita, todos somos médiums, pues hay continua interacción entre los dos planos (material y espiritual). Pero el grado de intensidad de la comunicación entre encarnados (vivos) y desencarnados (llamados muertos) es diferente para cada persona.

En determinados contactos el encarnado siquiera registra la influencia de un Ser desencarnado, mientras que en otros la influencia es patente.

En este estudio queremos enfocarnos en la facultad mediúmnica ostensible, es decir, la que permite identificar la existencia del contacto.

Es muy común que escuchemos relatos de personas que buscaron la asistencia de un Centro Espírita por sufrir algún desequilibrio y fueron orientadas a “desarrollar” la mediumnidad; algunas incluso, fueron direccionadas a los trabajos mediúmnicos de la institución sin ninguna preparación, asistencia o estudio.

Sin detenernos demasiado en analizar la irresponsabilidad de tal actitud que lamentablemente aún es común en muchas instituciones dichas espíritas, recordamos las palabras de Kardec:

Hasta el presente ningún diagnóstico se conoce para la mediumnidad. Todos los que se habían considerado como tales carecen de valor. (…)
Si la mediumnidad se tradujese por una señal exterior cualquiera, implicaría esto la permanencia de la facultad, mientras que ésta es esencialmente móvil y fugitiva. (Qué es el Espiritismo. Capítulo I. Breve conferencia espiritista - Medios de Comunicación)

No hay ningún indicio de la facultad mediúmnica; sólo la experiencia puede darla a conocer. (El Libro de los Médiums, ítem 62)
Por lo que podemos notar, la facultad mediúmnica no puede ser identificada en el Centro Espírita o donde sea como si se tratara de un diagnóstico elemental y aunque así fuera, nos informa el codificador que la mediumnidad puede ser transitoria y alguien “diagnosticado” como médium hoy, puede no serlo mañana.

Pero ¿cómo saber si somos médiums?

Cuando estamos ante desequilibrios que nos afectan, lo principal es buscar un médico y considerar la hipótesis de un disturbio orgánico y que la asistencia espiritual, en una institución idónea, ocurra de manera simultánea.

Sabemos que determinadas influencias espirituales (obsesiones) de larga duración pueden alcanzar el organismo físico, pero la obsesión no es sinónimo de mediumnidad ostensible. Por lo tanto, es recomendable cuidar del cuerpo y del espíritu antes de pensar en una supuesta facultad mediúmnica, hasta porque la existencia de la mediumnidad exige ciertas responsabilidades.

Nos pareció importante hacer esas aclaraciones antes de profundizar un poco más en el tema para que no sea creada una falsa idea sobre la mediumnidad.

Kardec la explicó con mucho criterio y propiedad y no es nuestra intención contradecirlo, pues concordamos con sus enseñanzas.

El objetivo de este estudio es mostrar el resultado de experiencias serias y las lecciones expuestas en la literatura espírita confiable y fiel a la base kardeciana sobre los síntomas más comunes descritos por las personas que manifestaron la facultad mediúmnica ostensible.

Según Herculano Pires, en “Mediumnidad (Vida y Comunicación)” “la Mediumnidad se desarrolla como la inteligencia y las demás facultades humanas”, en un proceso cíclico que obedece a “etapas sucesivas”. En los niños es muy evidente y es común que registren presencias espirituales hasta más o menos los siete años. A partir de esa edad, “se desvinculan progresivamente de las relaciones espirituales” y se proyectan más en las relaciones terrenas. En la adolescencia se inicia el segundo ciclo y la mediumnidad se manifiesta de modo más intenso.

Recomienda el respetable estudioso que no se estimule la facultad en el primer ciclo, sino que el niño sea asistido con pases[1] y oraciones. El adolescente puede comenzar a estudiar para entender mejor lo que le ocurre, pero sin intentar desarrollar la práctica mediúmnica. Y cuando las manifestaciones sean espontáneas “es conveniente limitarlas al círculo privado de la familia o amigos íntimos en instituciones para jóvenes, hasta que la mediumnidad se defina”.

El tercer ciclo ocurre entre los dieciocho y los veinticinco años y se orienta a que el joven estudie la Doctrina Espírita y la Mediumnidad más profundamente. A partir de esa edad, el médium ya puede dedicarse a la educación y a la práctica mediúmnica según su madurez y preparación.

Recuerda Herculano que en algunos casos el proceso de eclosión de la mediumnidad tarda hasta unos treinta años de madurez biológica.

El autor aún describe un cuarto ciclo, cuando la mediumnidad aparece en la edad madura o en la vejez por el proceso natural de desprendimiento entre el espíritu y el cuerpo físico. A eso Herculano lo llama “preparación mediúmnica para la muerte”, que puede durar muchos años.
La UEM (Unión Espírita Mineira), en su “Curso Básico sobre Mediumnidad”, explica que la Mediumnidad presenta diferentes naturalezas: propia o natural, de prueba o trabajo, de expiación, y misionera; y cada una de ellas posee características peculiares y se manifiesta de diferentes maneras:

La Mediumnidad propia o natural es adquirida a través de la evolución moral del individuo, cuando su facultad psíquica y su percepción se intensifican. La Mediumnidad de prueba o trabajo es precaria “como una tarea a ser desarrollada” por el encarnado para su mejora espiritual y la de sus semejantes, con una preparación antes de su reencarnación que le permitirá obtener excelente oportunidad de trabajo. La Mediumnidad de expiación es concedida a personas muy comprometidas ante las Leyes Divinas y se caracteriza por la imposición de una sensibilidad psíquica muy intensa, la cual debe ser utilizada para que el médium se libere de sus actos infelices del pasado y crezca espiritualmente. Generalmente surge causando sufrimiento y es común que se manifieste a través de fuerte obsesión. La Mediumnidad de Misión es concedida a Espíritus que ya alcanzaron cierta elevación espiritual y que quieren aportar voluntariamente en la evolución de sus semejantes, como intermediarios entre el Plano Material y el Espiritual.

Por las aclaraciones de la Unión Espírita Mineira nos resulta obvio deducir que la gran mayoría de los médiums encarnados se encuadran en la mediumnidad de prueba o en la de expiación, dado que nuestro planeta todavía es muy inferior y, para casi todos, las facultades mediúmnicas surgen causando muchos disturbios.

El Espíritu Manuel Philomeno de Miranda, en el libro “Temas de la Vida y de la Muerte”, comenta que muchas veces los efectos de la eclosión de la mediumnidad pueden ser confundidos con síntomas de algunas psicopatologías. Pueden surgir de manera sutil o vigorosa, “causan malestar, inquietud y trastorno depresivo”; en otros momentos exaltan la personalidad, producen sensaciones desagradables en el organismo, antipatías sin explicaciones y animosidades.

Añade que “muchas enfermedades de difícil diagnóstico, por la variedad de sintomatología, tienen raíces en los disturbios de la mediumnidad de prueba” o de expiación y acostumbran revelarse con desórdenes físicos y psicológicos.

Pasaremos a enumerar los síntomas de fondo mediúmnico más frecuentes que han sido observados por los estudiosos del tema y descritos por médiums que cuentan sus primeras experiencias.

El citado curso de la UEM explica que la mediumnidad propia o natural es el resultado del esfuerzo individual, de la perseverancia y perfeccionamiento en las sucesivas reencarnaciones y por ello dispensa las dificultades enfrentadas en la mediumnidad de prueba y expiación. Es una conquista del Espíritu que ya superó la fenomenología y penetró en el “plano extrafísico” por la intuición, la más elevada de las facultades mediúmnicas.

La manifestación de la mediumnidad de prueba o trabajo puede ser más o menos complicada según la elección del médium. Cuando es comprendida como una herramienta divina para la elevación espiritual, se presenta con signos de alerta. Si el médium rechaza la concesión, surge de manera dolorosa.

La mediumnidad de expiación, es impuesta al médium para su reajuste ante las Leyes Divinas y, por su naturaleza expiatoria, puede surgir con muchos sufrimientos si no encuentra la buena voluntad del deudor para la rehabilitación necesaria. Incluso puede revelarse como una obsesión de alto grado, la subyugación[2], cuyo aparecimiento exige asistencia espiritual y no el desarrollo mediúmnico, como equivocadamente se supone.

El Espíritu Manuel Philomeno de Miranda en el libro citado describe los posibles síntomas de la eclosión de la mediumnidad de expiación:

En lo físico:
“dolores en el cuerpo sin causa orgánica; cefalalgia periódica sin causa biológica; disturbios del sueño – insomnio, pesadillas, pánico nocturno con transpiración excesiva -; taquicardias sin explicación; colapso periférico sin cualquier disfunción circulatoria; son todas perturbaciones generadas por la eclosión de la mediumnidad con sintonía desequilibrada.”




Martins Peralva, en “Mediumnidad y Evolución”, también describe algunos síntomas que anuncian la mediumnidad: “reacciones emocionales insólitas, escalofríos, malestar, sensación de enfermedad, irritaciones raras”.

Eliseu Rigonatti, en “Mediumnidad sin Lágrimas”, además de algunos de los indicios de la eclosión de la mediumnidad ya enumerados, describe: “perturbación cerebral, sensación de peso en la cabeza y en los hombros, nerviosismo, sensación de cansancio, lasitud, cambios bruscos de sensación térmica corporal, falta de ánimo para trabajar, tristeza profunda o alegría excesiva sin razones”.

En el libro “Psicología y Mediumnidad”, Adenáuer Novaes amplía la lista de síntomas que caracterizan el aparecimiento de la mediumnidad:

Ideas y sentimientos inusitados que se presentan como presentimientos que se concretizan posteriormente; intuición aguzada; “arrepentimientos tardíos tras acciones inadecuadas” en las que faltó voluntad propia; alteraciones en el pensamiento y “desvíos en la elaboración de las ideas”; repetición de sueños premonitorios o con personas fallecidas; producción de ruidos y golpes extraños en el entorno; audición de voces y sonidos que parecen venir del interior de la cabeza; intenso deseo de escribir, a veces acompañado por temblores en uno de los brazos, con movimientos repetidos e involuntarios; sensación descontrolada de que puede ser tomado por algo y fuerte deseo de hablar; molestia toráxica y necesidad de gritar o llorar; manifestación de conocimientos inusitados; “frecuentes experiencias emocionales de “déjà vü”.

No obstante queremos aclarar que aunque nos hemos referidos a los síntomas de la eclosión de la Mediumnidad, no es demasiado decir que esa facultad no es la responsable por los sinsabores de los médiums.

El Espíritu Vianna de Carvalho, en el capítulo 7 del libro “Médiums y Mediumnidad”, afirma que no es la mediumnidad que genera el disturbio en el organismo, sino la acción fluídica de los Espíritus que favorece la posible sintonía, según la calidad de que ésta se reviste”. Y Manuel Philomeno añade que la ignorancia y la falta de asistencia son quienes generan los disturbios de fondo mediúmnico. Adenáuer Novaes explica que las invasiones psíquicas no tienen sus raíces en la mediumnidad sino que son facilitadas por ellas.

En definitiva, la elevación o inferioridad moral del médium y la aceptación o rechazo de su facultad son quienes influyen en el aparecimiento, en la intensidad y en la duración de los disturbios.

Después de tan amplia lista de síntomas relacionados a la Mediumnidad, el lector debe de creer que es muy fácil “diagnosticar” la facultad mediúmnica ostensible y que Kardec se equivocó, pero no es cierto. Todo lo que hemos descrito puede caracterizarse también por cuadros vinculados a la Medicina Tradicional o como casos de influencias espirituales que no “exigen” la práctica mediúmnica en una institución espírita.

Una vez más Manuel Philomeno explica que la manifestación de tales síntomas no significa que el individuo deba practicar la facultad mediúmnica, ya que luego de someterse a la asistencia espiritual adecuada y al estudio del Espiritismo, el equilibrio físico y el psíquico pueden ser recuperados por su transformación moral.

Chico Xavier decía que la mejor manera de distinguir los efectos mediúmnicos de la enfermedad física sólo se logra por la educación de la mediumnidad y que lo ideal es que la persona consulte un médico para confirmar o no la enfermedad.

Otro inconveniente en el diagnóstico de la mediumnidad es el caso de las facultades mediúmnicas temporales, como lo comenta Paulo R. Santos, en su libro “Casos y Experiencias con la Mediumnidad”. La facultad “puede manifestarse en cualquier época de la vida (…) y sufrir interrupciones, oscilaciones, cambios y excepcionalmente el desaparecimiento”, cuya “mayoría de las causas son conocidas solamente por la Espiritualidad Mayor”.

Continúa el autor diciendo que:

“la mediumnidad puede ser inducida o despierta por los Espíritus, por el uso de ciertas drogas o por el impacto de fuertes emociones. Será siempre temporal y artificial. (…) cuando son causadas por Espíritus Superiores el objetivo siempre será noble; (…) cuando son producidas por Espíritus imperfectos (…) son desagradables.”

El último caso pertenece al ámbito de las obsesiones a las que todos podemos exponernos si no mantenemos la vigilancia y la elevación moral, seamos o no médiums ostensibles.
Kardec, en la pregunta 459 de “El Libro de los Espíritus” expone:

¿Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y acciones?
– En este aspecto su influencia es mayor de la que creéis, porque, con frecuencia son ellos quienes os dirigen.

Si estamos atentos, podemos notar que la pregunta se refiere a todas las personas y no únicamente a los médiums, aunque es muy común que la mediumnidad surja bajo acciones obsesivas.

En el capítulo 23 del libro “En las Fronteras de la Locura”, Manuel Philomeno explica la frecuente incidencia de procesos obsesivos en el proceso de eclosión de la Mediumnidad diciendo que “el médium es un Espíritu endeudado” y por su inferioridad posibilita “el acoplamiento de mentes perniciosas del Más Allá” y de antiguos enemigos que intentan “impedirle el crecimiento espiritual”. Eso en los casos de la mediumnidad de prueba o de expiación.

Lo que queremos decir es que la Mediumnidad no es una misión o un privilegio, inclusive el Espíritu Emmanuel, en el capítulo XI del libro “Emmanuel” aclara que “los médiums generalmente son almas que fracasaron desastradamente (…) en el pasado” y que han reencarnado con el objetivo de “sacrificarse en beneficio de muchas almas que desviaron del sendero de la fe, de la caridad y de la virtud;” son “almas arrepentidas” que buscan reequilibrarse.

En ese momento el lector ya se imagina que este estudio es un tratado que desprecia a los médiums, pero tranquilízate porque no es este nuestro objetivo.

Queremos demostrar que la mayoría de los médiums son Espíritus que traen con ellos las características de nuestro planeta aún inferior, como la mayoría de los encarnados que no posee la facultad mediúmnica ostensible. No somos ni mejores ni peores. Todos estamos expuestos a la incidencia de las acciones obsesivas.

Queremos demostrar que es un error intentar desarrollar la mediumnidad a todo costo, sin reflexionar sobre las responsabilidades involucradas en la tarea, por creer que se trata de “un poder oculto que se puede desenvolver a través de la práctica de rituales o por el poder misterioso de un iniciado”. [Herculano Pires]

La mediumnidad no es un recurso para la autopromoción o para el enriquecimiento ilícito, sino una herramienta que Dios concede a las almas para su crecimiento moral, para que la usen en beneficio de su prójimo, para que se acerquen a Jesús, donando de sí mismo sin esperar recompensas.

El Espíritu deudor que utiliza su facultad mediúmnica como profesión, para obtener ventajas personales o para destacarse en la casa espírita es alguien que agrava su situación ante los Códigos Celestiales. Y los miembros de la institución que alimentan la vanidad de los médiums con la concesión de privilegios y con la aceptación de sus teorías y prácticas extrañas no aportan en su evolución, tampoco en la Causa Espírita.

No obstante, si alguien se identifica en los síntomas aquí expuestos, recomendamos que su primera preocupación deba ser su equilibrio espiritual y físico. Es importante buscar los recursos de la Medicina y la asistencia espiritual a través de la oración, la meditación y de los pases en una institución espírita seria, pero no la práctica mediúmnica.

La práctica mediúmnica es tarea para quien se siente bien, equilibrado y preparado. No es necesario apresurarse para empezarla, pues somos Espíritus inmortales y tenemos mucho tiempo. Además, sólo podemos donar lo que tenemos y no podemos brindar paz y equilibrio si todavía no lo conquistamos.

Cuando se concurre a una institución espírita seria, sus miembros sabrán orientar al asistido de modo adecuado y si la facultad mediúmnica se confirma, tras la asistencia, el estudio y el equilibrio, el obrero sincero podrá dedicarse a esa tarea de amor. Si no se trata de Mediumnidad no hay problema, pues hay muchas otras tareas hermosas que esperaban la colaboración de personas dedicadas.

Referencias Bibliográficas

FRANCO, Divaldo. Manuel Philomeno de Miranda. En las Fronteras de la Locura. Capítulo 23.
FRANCO, Divaldo. Vianna de Carvalho. Médiums y Mediumnidades. Capítulo 7.
KARDEC, Allan. El libro de los Espíritus. Pregunta 459
_____________ El Libro de los Médiums, ítems 62 y 159
_____________ Qué es el Espiritismo. Capítulo I.
NOVAES, Adenáuer. Psicología y Mediumnidad, 1ª Ed. Salvador – 2002. Ed. Fundação Lar Harmonia
PERALVA, Martins. Mediumnidad y Evolución.
PIRES, J. Herculano. Mediumnidad (Vida y Comunicación)
RIGONATTI, Eliseu. La Mediumnidad sin Lágrimas.
SANTOS, Paulo R. Casos y Experiencias con la Mediumnidad.
SIMONETTI, Richard. Mediumnidad, todo lo que necesitas saber.
UNIÓN ESPÍRITA MINEIRA. Curso Básico de Mediumnidad. 2008. Versión Digital.
XAVIER, F Cândido. Emmanuel. Emmanuel. Capítulo XI: Mensajes a los médiums.
[1] El pase espírita es una donación de energías psíquicas y espirituales.[2] La subyugación es una ligazón moral que paraliza la voluntad de quien la sufre, impeliendo la persona a las más disparatadas acciones, a veces, a las más contrarias a su propio interés. (Revista Espírita, octubre de 1858)

Pero Manuel Philomeno alerta que tales síntomas pertenecen a los cuadros de obsesiones simples y exigen cuidados en la educación y en la práctica mediúmnica.
En lo psicológico:
“ansiedad; variadas fobias; perturbaciones emocionales; inquietud íntima; pesimismo; desconfianzas generalizadas; sensación de presencias inmateriales – sombras, figuras, voces y toques -, los cuales surgen de forma inesperada, desaparecen sin uso de medicinas y representan disturbios mediúmnicos inconscientes en consecuencia de la captación de ondas mentales y vibraciones sincronizadas con el periespíritu del enfermo” (Entidad sufriente o vengadora).