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jueves, 29 de julio de 2010

RESUMEN DEL LIBRO LOS MENSAJEROS (ESPIRITUALES)


Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com




Autor: André Luiz (seudónimo de un consagrado médico brasileño)
Psicografía: Francisco Cândido Xavier



Es el segundo libro de la serie y describe la renovación de André Luiz. Su aburrimiento con el pasado y su sincero deseo de trabajar en beneficio del prójimo. Narra André Luiz:


“Desligándome de los lazos inferiores que me prendían a las actividades terrestres, elevado entendimiento me alegró el espíritu. Semejante liberación, no obstante, no se me hizo de manera espontánea. Sabía en el fondo cuánto me costó abandonar el paisaje doméstico, soportar la incomprensión de la esposa y la divergencia de los hijos amados. Guardaba la certeza de que amigos espirituales, abnegados y poderosos, me habían auxiliado el alma pobre e imperfecta en la gran transición.”


“Antes, la inquietud relacionada a mi compañera torturaba mi corazón incesantemente; pero ahora, viéndola profundamente identificada con su segundo esposo, no veía otro recurso que buscar diferentes motivos de interés.”


“Así, en el curso de los acontecimientos, evidentemente sorprendido, observé mi propia transformación.”


Pensando de manera feliz y renovada, André Luiz es conducido a Aniceto por Tobías, su compañero de trabajo en las Cámaras de Rectificación.


Aprobado para integrar el cuadro de aprendices, André Luiz tiene la oportunidad de conocer al fascinante trabajo de formación de médiums y adoctrinadores quienes deben reencarnar para las tareas específicas de la Costra.


André se espanta por la grandiosidad de la organización del movimiento de transmisión de mensajes y Tobías le explica que “El Centro prepara entidades a fin de que se transformen en cartas vivas de socorro y auxilio a los que sufren en el Umbral, en la Superficie y en las Tinieblas”. Igualmente se espanta porque nota que “salen millares de mensajes aptos para el servicio”, pero muchos son los que fracasan en la tarea. Aniceto era instructor de unos de los grupos de aprendices y André Luiz, en condición de aprendiz, tendría a Vicente por compañero.


Vicente también había sido médico en la Tierra y André Luiz le contó sobre su existencia terrena y supo sobre la de él. La desencarnación de Vicente fue planeada y ejecutada por su mujer y su hermano, quienes se enamoraron y ahora vivían casados en la Tierra. No obstante Vicente no pensaba en venganza, argumentando que “el mal es el simple resultado de la ignorancia y nada más.”


Los dos aprendices escuchan las explicaciones del instructor Telésforo sobre el trabajo de intercambio entre los trabajadores encarnados y desencarnados y advierten a los compañeros que fracasan. Les cita los obstáculos impuestos por las religiones a la tarea, destacando que la mayoría de los hombres encarnados, en este periodo de transición del Planeta, están “absolutamente distraídos sobre las realidades eternas.” Termina sus aclaraciones diciéndoles: “Precisamos ofrecer, al mundo, los instrumentos adecuados para las rectificaciones espirituales, habilitando a nuestros hermanos encarnados a un mayor entendimiento del Espíritu del Cristo. Pero, para conseguirlo, necesitamos colaboradores fieles, que no impongan condiciones, compensaciones y discusiones, sino que se interesen por la sublimidad del sacrificio y de renuncia con el Señor.”


Muchos son los trabajadores que se van de “Nuestro Hogar” a la Tierra preparados para la actividad mediúmnica y doctrinaria, pero unos pocos alcanzan resultados parciales y la mayoría “fracasa ruidosamente”. Muchos, cuando encarnados, prefieren los desvíos sexuales, la tiranía doméstica, la pereza y la vanidad. Los adoctrinadores utilizan la tarea como “un vehículo de exportación” y no para su propio uso.


El libro trae un ejemplo de un médium fracasado, Otávio, quien se preparó en “Nuestro Hogar” durante treinta años “para regresar a la Tierra en tarea mediúmnica”, a fin de saldar sus cuentas y elevarse un poco. Además, se comprometió a amparar a seis amigos que serían huérfanos. No obstante, se entregó al sexo vicioso y al alcohol, además de ignorar el compromiso con los amigos y con el Plano Espiritual. Se casó obligado y murió joven “roído por la sífilis, por el alcohol y por los disgustos, sin haber construido nada en el terreno del bien”.


Acelino fue otro ejemplo que André Luiz conoció. Fue preparado para ser médium vidente, auditivo y psicógrafo, pero se inclinó a transformar sus facultades en fuente de renta material. Desencarnó rodeado de “la ronda obscura de los consultantes criminosos” desencarnados y permaneció en las zonas umbralinas durante once años.


En el capítulo 9 André Luiz oye diálogos de médiums que fracasaron en sus tareas por falta de vigilancia, presentando variadas excusas para el fracaso: la familia, el miedo, la incomprensión. No obstante, volviendo al Plano Espiritual, se dan cuenta de que sus argumentos eran débiles.


Joel es otro de los muchos médiums fracasados. Se utilizó de la facultad mediúmnica en “beneficio” propio, como herramienta para revelar sus vidas pasadas, ubicar los amigos presentes en ellas, ignorando totalmente sus débitos hacia los necesitados del mundo. Desencarnado, sufre grandes perturbaciones relacionadas a su curiosidad. Las impresiones del pasado lo impresionan y lo perjudican.


Pero André Luiz también quería recoger relatos de la experiencia de los adoctrinadores que fallaron y su amigo Vicente le presentó a Belarmino, quien fue enviado a la Tierra para ser adoctrinador pero se dejó conducir “por el excesivo apego a la posición de comando del barco doctrinario”, sobrevalorando el precepto científico, desconfiando de los médiums, olvidando el esfuerzo propio y alimentando propósitos egoístas y vanidosos, se dejó arrastrar por el negativismo y se sujetó a enfermedades, además de cultivar un desierto en el corazón.


Al ejemplo de Belarmino, se sumó el de Monteiro, adoctrinador que talló el Espiritismo a su modo, asegurándose garantías a sí y valiosos consejos al prójimo. De verbo fácil e inteligente, le complacía demostrar su superioridad sobre los desencarnados que atendía, sin encender su propia luz. No vivenciaba la Doctrina en su vida social y profesional. Desencarnó como “un demente necesitado de hospicio”. Ya no Plano Espiritual, oyó de la Ministra Veneranda algunas palabras: “- Usted se entregó excesivamente al Espiritismo práctico junto a los hombres, nuestros hermanos, pero nunca se interesó por la verdadera práctica del Espiritismo junto a Jesús, Nuestro Maestro.”


Las experiencias relatadas representan grandiosa lección a los que deseamos dedicarnos a la práctica del trabajo mediúmnico.


Sin embargo, es preciso que quede claro que no solamente esta tarea es pasible de equívocos. Existen los padres y los profesionales fracasados. Y en este libro, son destacados los peligros a que se exponen los médicos que hacen mercantilismo de la sagrada profesión.

André Luiz y Vicente se preparan para ir a la Costra, donde van a permanecer durante una semana. Deben recibir la dilatación del poder visual en el “Gabinete de Auxilio Magnético a las Percepciones”. Se les sugiere recibir el auxilio en oración, que representa “el compromiso de la criatura con Dios”. La oración es la fidelidad del corazón y jamás la corrupción del sentimiento.

El viaje a la Costra fue semejante a una peregrinación por caminos difíciles. Hacía frío, no había luz solar, los paisajes eran misteriosos con la presencia de aves horripilantes y fuertes vientos. Aniceto les explica que se trata de una región que está sujeta a la influencia astral de la Tierra. Además, les cita datos astronómicos, informándoles la “existencia de otros mundos sutiles dentro de los mundos groseros”.


Alcanzando el Puesto de Socorro, llegan al “castillo educandario soberbio”, guardado por pesados muros. En su interior hay pomares y jardines maravillosos y André Luiz ve a un cuadro ya conocido suyo en París cuando estaba encarnado. Supo que el pintor francés lo había copiado tras verlo durante el sueño.


El equipo se alimenta de varios frutos. El Puesto produce alimentos y remedios para los hambrientos y enfermos. El dirigente del Puesto les relata la historia de su unión a la esposa, quien fue abandonada por él después de ser calumniada. La pobre mujer desencarnó tuberculosa.


En el Puesto llegan señales de las batallas sangrientas en la Tierra (en 1944), provocando grande tormenta magnética. Grandes masas de desencarnados (por la Segunda Guerra Mundial) llenan los Puestos de Socorro de varias colonias espirituales. “Las perspectivas de destrucción eran aterradoras”, “pero los cristianos edificarían en la Tierra los refugios anti-tinieblas”.


“Donde exista espíritu de cooperación en la criatura humana, existe igualmente el servicio de Dios. Nuestros amigos podrían colaborar en las actividades de asistencia”, como los trabajos de oración, por ejemplo. Y ante la situación de guerra, la necesidad de asistencia era mayor. Precisaban de técnicos del soplo curador.


En el capítulo 19, hay esclarecimientos sobre el citado soplo y el pase, explicando que quienes se quieren dedicar a estas tareas, deben observar que “es imprescindible que el hombre tenga el estómago sano, la boca habituada a hablar bien, con la abstención del mal, y la mente recta, interesada en auxiliar“. Agrega que los técnicos desencarnados en el asunto no se formaron de pronto sino que se ejercitaron largamente, adquiriendo experiencia a precio alto. Tales explicaciones representan una advertencia a quienes desean dedicarse a la labor de curar: es preciso mantener conducta cristiana y estudiar para prepararse.


Durante su presencia en el Puesto de Socorro, algo más despertó el espanto de André Luiz, la defensa del lugar. “Identificaba la presencia de maquinaria instalada a lo largo de los muros, copiando los pequeños cañones conocidos en la Tierra”, pero Alfredo, el administrador, le explicó que las armas no exterminaban sino que defendían, disparando proyectiles eléctricos que causaban la impresión de muerte. Eso porque en la esfera espiritual la materia mental puede modificar el cuerpo denso todos los días. “Mientras no impere la ley universal del amor, es indispensable que persevere el reinado de la justicia”, agregó Alfredo.


André Luiz y Vicente visitaron los albergues del Puesto acompañando a los encargados de la asistencia y el jefe del Puesto atiende y conforta a varios espíritus necesitados aún presos a problemas inferiores porque creen que siguen encarnados.


Fueron aun a pabellones oscuros, donde había enfermerías amplias. Casi dos mil espíritus adormecidos están allí y “en casi todos, se les estampaba en los ojos, aparentemente vitrificados, el extremo pavor y la dolorosa desesperación de la muerte”. Contaban con “la colaboración de ochenta auxiliares para este género de Servicio” pero cada uno sólo puede atender a cinco enfermos, sumando cuatrocientas asistencias. Son los “embriones de la vida” o “fetos de la espiritualidad”, paralíticos del bien, quienes creían en la nada cuando encarnados.

André Luiz, concentrando todas las posibilidades mentales que puede, enfoca el sufriente Espíritu de una mujer, pasando a vislumbrar la pesadilla a la que se prendía en consecuencia de haber asesinado al amante, que ya era casado. Se le presentan toda la escena, el lugar, los personajes y los diálogos relacionados al caso.


Volviendo al centro del Puesto, nuestros amigos debían colaborar en la oración y en los pabellones de los adormecidos. Los efectos de la oración de un Espíritu elevado, Ismália, aliada al amor de Espíritus dedicados a la fraternidad, alcanzan numerosos pacientes en profundo sueño y les producía beneficios. Sin embargo, sólo dos se levantan y corren, desesperados.

Luces irradiantes en copos de varios colores partían de cada Espíritu del equipo, se multiplicaban en el aire y “caían permanentemente sobre los cuerpos inanimados y endurecidos, dando la impresión de que penetraban en sus células más íntimas”. Hay aún una alerta a los adoctrinadores en cuanto al despropósito de informar al Espíritu desencarnado (ignorante) sobre su actual realidad. No se le debe decir que está desencarnado. Otra alerta es que no hay oración sincera que no le ofrezca respuesta a quien la pronuncia.


André Luiz notaba el trabajo desarrollado en el Puesto y lo impresionaba el ambiente de camaradería y respeto. Oyó de Alfredo instrucciones preciosas cuando éste orientaba a un desencarnado a no prenderse a los ruegos y lamentaciones de la familia encarnada. “La nostalgia no es loable ni útil. Es una enfermedad del corazón” que nos precipita en abismos.


En el capítulo 28, el Puesto recibe la visita de amigos del “Campo de Paz” y André Luiz, una vez más, escucha interesantes lecciones. Bacelar, el jefe de un grupo de asistencia a encarnados, le explica la dificultad de ayudar a éstos. Es un trabajo de paciencia esperar que el tiempo se encargue de germinar las semillas que lanzan en el pensamiento de ellos. Le narra, además, la lista de excusas usadas por los encarnados para huir de sus compromisos: exceso de deberes, ausencia de oportunidades, por ser demasiado joven, por impedimentos de la familia, la ausencia de una familia, enfermedades... Son algunas de las tantas excusas.


“Campo de Paz” es una colonia espiritual de socorros urgentes, como un avanzado centro de enfermería. Asiste a recién desencarnados y a un promedio de quince a veinte reencarnacionistas diarios, quienes son cuidados hasta los primeros siete años de la existencia carnal.


André Luiz, Vicente y Aniceto se dirigen hacia la Costra y caminan por vía oscura y nebulosa porque “las emisiones vibratorias de la Humanidad encarnada son de naturaleza bastante inferior. La mayoría de las criaturas terrestres y de estas regiones están repletas de residuos obscuros de materia mental de los encarnados y desencarnados de baja condición”. Era un camino cuyas condiciones se diferencian del camino que une “Nuestro Hogar” a la Costra y solamente algún tiempo después lograron vislumbrar la luz solar. A partir de ahí, podían volitar.
Llegando a Rio de Janeiro, a André Luiz le sorprende la cantidad de desencarnados “de orden inferior, siguiendo los pasos de varios transeúntes, o adheridos a ellos, en singular abrazo. Muchos se colgaban de los vehículos. Algunos en grupos, vagaban por las calles, formando verdaderas nubes obscuras, como si hubiesen bajado repentinamente al suelo”. Había recibido la intensificación del poder visual con vistas al aprendizaje.

Alcanzando a una casa humilde, André Luiz se sintió mejor. Es una casa-taller que representa a “Nuestro Hogar”. Aniceto, notando la sorpresa de André Luiz ante la existencia de una sucursal de “Nuestro Hogar” en el plano terrestre, le explica: “precisamos de hermanos valientes y abnegados a fin de que, por ellas, puedan los grandes benefactores de la Espiritualidad Superior hacerse sentir entre los hombres aún embrutecidos, ignorantes e infelices”.


La familia encarnada de la casa-taller de “Nuestro Hogar” hizo el culto del “Evangelio en el Hogar”, comentando sobre la irreflexión del suicidio y sobre la parábola que compara el Reino de los Cielos a un grano de mostaza. Comentan además sobre la riqueza y la pobreza. “La pobreza es una de las mejores oportunidades de elevación, a nuestro alcance”, “es más fácil encontrar la amistad sincera, la visión de la asistencia de Dios, los tesoros de la Naturaleza, la riqueza de las alegrías simples y puras”. Nos recuerdan la buena educación que debemos darles a nuestros hijos y destacan que los ejemplos deben ser utilizados de manera útil.


Las observaciones de André Luiz nos muestran que “el culto familiar del Evangelio no es tan sólo un curso de iluminación interior, sino también un proceso avanzado de defensa exterior por las claridades espirituales que enciende a su alrededor. El hogar donde se cultiva la oración se transforma en una fortaleza”. “Seres vagabundos de las sombras se mueven procurando asilo y “con preferencia buscan las casas de diversión nocturna, donde la ociosidad encuentra válvula propicia en las disipaciones. Cuando esto no se les hace posible, penetran en las residencias abiertas, considerando que, para ellos, la materia del plano aún presenta la misma densidad característica. El intercambio entre o mundo físico y el espiritual está abierto y somos quienes decidimos, por nuestros pensamientos y acciones, con quienes nos queremos sintonizar.


André Luiz acompaña la intensa actividad en aquel lugar, cuando encarnados enfermos en desdoblamiento son atendidos allí. Son comentados los simbolismos existentes en los sueños, cuales son “entrevistos y archivados en la memoria real y profunda” de los desdoblados para que recuerden su esencia cuando se despierten. André Luiz, encantado por las enseñanzas que los sueños pueden ofrecer, recordó a Freud y Aniceto le explica que este “fue un gran misionero de la Ciencia; no obstante, se mantuvo, como cualquier Espíritu encarnado, bajo ciertas limitaciones. Hizo mucho, pero no todo, en la esfera de la investigación psíquica”.


En el capítulo 39, André Luiz nos informa que hay otras sucursales de “Nuestro Hogar” en todo el país, además de sucursales de otras colonias espirituales. Este capítulo nos brinda una preciosa lección sobre la caridad, nos explica que ésta debe estar relacionada al deber y no representa una oferta de facilidades a las entidades ociosas, irónicas o de intenciones inferiores. Nos muestra el ejemplo de desencarnados que perjudicaron a una reunión mediúmnica por las facilidades que se les dio de ingresar en ella sin la preparación indispensable. Nos queda una alerta importante sobre la importancia de la preparación de las personas antes de admitirlas en las reuniones mediúmnicas.


Después de exhaustivo trabajo, Aniceto les recomienda el reposo y les explica su necesidad espiritual. Deciden irse al campo para el merecido descanso y mientras volitan Aniceto les llama la atención para las lecciones del camino. Veían “manchas obscuras en la vía pública” que eran “nubes de distintas bacterias. Fluctúan, casi siempre también en grupos compactos obedeciendo al principio de las afinidades. Son zonas de materia mental inferior, materia que es expelida incesantemente por cierta clase de personas”. Aniceto les explica: “Si nos demoramos en las investigaciones, veremos igualmente a los monstruos que se arrastran siguiendo los pasos de ciertas personas, atraídos por ellas mismas. Tanto asalta al hombre la nube de bacterias destructoras de la vida física, como las formas caprichosas de las sombras que amenazan el equilibrio mental. Como ven, el “orad y vigilad” del Evangelio tiene profunda importancia en cualquier situación y en cualquier tiempo”. Agrega además que la materia mental “tiene vida propia como el núcleo de corpúsculos microscópicos de los que se originan las enfermedades corporales”.


Aniceto les dice que “si no fuese por el poder de la luz solar, unida al magnetismo terrestre, la flora microbiana de orden inferior no habría permitido la existencia de un sólo hombre. Por esta razón, el suelo y las plantas están llenos de principios curativos y transformadores”.


Transcurridos algunos minutos, alcanzaron “una pequeña propiedad rural, poblada de acogedora arboleda” y André Luiz pudo ver que “el reino vegetal posee numerosos cooperadores, hermanos que se preparan para obtener el mérito de una nueva encarnación en el mundo, prestando servicio a los reinos inferiores”.


Allí conocen a un carretero que había recibido la patada de un burro porque “el infeliz no tiene el mínimo respeto por los dones materiales de Dios” y maltrataba al animal que lo ayudaba en su labor. Aprenden que “si los seres inferiores, nuestros hermanos en el gran hogar de la vida, nos suministran los valores del servicio, debemos darles, por nuestra parte, los valores de la educación”. Representa una valiosa lección a los encarnados quienes debemos “comprender que nadie le falta el respeto a la Naturaleza sin que reciba el doloroso choque de retorno en todo momento”.


El capítulo 42 nos alerta para el cuidado con la Naturaleza, demostrando nuestra inferioridad acerca del tema con nuestros “excesos de la alimentación, despreocupados de la inmensa deuda contraída con la Naturaleza amorosa y generosa”. Nos dice que “el Señor reserva créditos sublimes de valores evolutivos a los seres sacrificados. No olvidará Él al árbol útil, al animal exterminado, al ser humilde que se consumió para beneficio de otro ser”.
Volviendo a casa-taller, el grupo se prepara para la reunión mediúmnica y podemos notar que semejante tarea no es sencilla. Cuando los encarnados se entregan al trabajo con responsabilidad los amigos desencarnados ponen en acción grandes recursos a favor del éxito necesario, es que “donde se encuentre la actividad del bien, permanecerá la colaboración espiritual de orden superior”.


Antes de la reunión reciben a muchos desencarnados enfermos, muchos están cargados de vicios mentales por muchos siglos consecutivos. Algunos fueron hipocondríacos cuando encarnados y nos explican que “quien cultivó la enfermedad con adoración se somete a su imperio”.


André Luiz es designado para aplicar pase en espíritus necesitados y temía no estar preparado. Aniceto le dice que “bastan el sincero propósito de cooperación y la noción de responsabilidad para que seamos iniciados con éxito en cualquier trabajo nuevo”. Asiste a una mujer ciega, que recupera la visión, se emociona y emociona a André Luiz. El querido amigo lo advierte: “la excesiva contemplación de los resultados puede perjudicar al trabajador“. En ocasiones como ésta, la vanidad acostumbra despertar dentro de nosotros, haciéndonos olvidar al Señor. Recuerda que todo bien procede de Él, que es la luz de nuestros corazones. Somos sus instrumentos en las tareas de amor. El siervo fiel no es aquel que se inquieta por los resultados, ni el que permanece extasiado en su contemplación, sino el que cumple justamente la voluntad divina del Señor y sigue adelante”. André Luiz sigue trabajando y nota que algunos reaccionan mejor al auxilio. Le dice Aniceto: “un abrumador porcentaje de esos padecimientos se debe a la falta de educación religiosa”. Es decir, todos son auxiliados pero muchos siguen indiferentes a la bendición.


Deteniendo la observación también en los encarnados, André Luiz oía interesante diálogo entre dos adoctrinadores, uno de amplia cultura, apegado a la “inexistencia” de pruebas de la supervivencia humana comentaba sobre las investigaciones de fraudes mediúmnicas, el otro se apoya en el sentido común, en la fe y en las verdades espíritas. El primero, doctor Fidélis, según las aclaraciones de Aniceto, “es uno de esos enfermos que aún no se dispusieron a buscar el alivio, por hallarse excesivamente apegado a las sensaciones.


En la reunión mediúmnica había treinta y cinco encarnados, mientras que el número de necesitados desencarnados excedía los dos centenares. Aniceto nos vuelve a alertar sobre el buen uso de las facultades mediúmnicas. “Los desencarnados y los encarnados, que aún abusan de las posibilidades del intercambio entre las esferas visibles e invisibles para el hombre común pagarán un alto precio por su falta de vigilancia”.


Durante la reunión, André Luiz nota que “algunos hermanos encarnados se mantenían demasiado inquietos. Mayormente los más nuevos en conocimientos doctrinarios exhibían enorme irresponsabilidad. La mente les vagaba muy lejos de los comentarios edificantes. Se veían muy distintamente sus imágenes mentales. Algunos se apegaban a los quehaceres domésticos, otros se impacientaban por no lograr la realización inmediata de los propósitos que los habían llevado hasta allí”. Tales comportamientos influenciaban en la armonía de la reunión y exigía mayor esfuerzo de los amigos espirituales. Este capítulo, el 47, es de estudio obligatorio a quienes se quieren dedicar a la tarea mediúmnica.


André Luiz no comprendía por qué había tantos desencarnados allí si recibían asistencia espiritual y Aniceto le explica que “para fortalecer las posibilidades de adaptación de los desencarnados de ese orden al nuevo “hábitat”, el servicio de socorro es más eficiente al contacto de las fuerzas magnéticas de los hermanos que aún se encuentran envueltos en los círculos carnales.


Después de la reunión, fueron conducidos al interior de una morgue y vieron “el cadáver de una joven unida a los despojos”, teniendo a su lado el novio que había desencarnado hacía unos años intentando ayudarla sin lograrlo. El equipo la ayuda y se la lleva. La pobre joven no tiene condiciones de saber que desencarnó y se cree aún enferma y sometida a nuevo tratamiento. La narración vuelve a recordar a los adoctrinadores a tener cuidado en el trato a los desencarnados aún confundidos y no preparados para conocer su realidad.


Los amigos espirituales ayudan a un agonizante a desligarse periespíritualmente y muestra que todos los movimientos del cuerpo son administrados por la mente.


El capítulo 50 relata el auxilio espiritual en una desencarnación. Los parientes no vigilantes dificultaban el proceso desencarnación de un hombre y los benefactores espirituales le promueven una mejora ficticia para relajar la tensión de los encarnados. El desligamiento del cuerpo espiritual empieza por los pies y termina en la cabeza.


Cuando terminaron las pródigas tareas espirituales, André Luiz, Vicente y Aniceto se preparan para regresar a “Nuestro Hogar”. En la despedida André Luiz, Vicente y la responsable por la sucursal terrestre de “Nuestro Hogar”, desdoblada, acompañan una conmovedora oración pronunciada por el bondadoso Aniceto.






La obra completa está disponible para descarga gratis en: Centro Espírita Mies de Amor

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