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miércoles, 12 de mayo de 2010

Por qué educar para la muerte

Finalmente llegamos al punto principal de este estudio, que es reflexionar sobre la preparación a lo inevitable: la muerte.
Según Kardec, en un artículo de la Revista Espírita de febrero de 1865, la causa de aprensión de la muerte es el instinto de conservación que nos fue otorgado por la Providencia Divina y es necesaria en el proceso de aprendizaje en la Tierra. Sin embargo, esa aprensión es menos intensa cuando sabemos que el alma es inmortal y tenemos consciencia de la importancia de las sucesivas reencarnaciones como herramientas evolutivas.
Ese nivel de consciencia sólo puede ser alcanzado a través de la educación. No la educación religiosa que prepara el hombre para conquistar el Cielo, sino la educación para la realidad que encara “nacimiento y muerte como fenómenos naturales de la vida, los cuales no deben ser confundidos con desgracia o castigo”, dado que solamente “los hombres matan para vengarse o cobrar deudas afectivas. Dios no mata, crea”.
León Denis, en el libro “El Problema del Ser, del Destino y del Dolor” dice que “toda muerte es un parto, un renacimiento” y que todos nos reuniremos en lo Invisible. Y Hermínio C. de Miranda, en el libro “Nuestros Hijos Son Espíritus”, nos relata un interesante estudio sobre nacimiento y muerte realizado por la doctora Wambach .
La psicóloga sometió varios pacientes a la regresión de memoria y les hizo preguntas previamente formuladas sobre su objeto de estudio. Un 90% de sus pacientes relataron que morir es bueno, pero nacer es muy desagradable. Una de las personas le dice incluso que “nacer se parece a una tragedia”.
El resultado de las investigaciones de la doctora Wambach está totalmente de acuerdo con las pesquisas de ECM, ya que la mayoría de las personas que se aproximan a la muerte relatan sentir mucha paz, que sus dolores desaparecen, que viven una hermosa experiencia y que les resulta difícil regresar al cuerpo físico. Algunos incluso dicen ser orientados a regresar por algún familiar desencarnado o por un Espíritu de luz, pues por su voluntad, “se morirían” con tranquilidad.
Otra conclusión de la psicóloga es que el Espíritu del niño se muestra como un ser adulto, “experimentado, consciente, dueño de gran conocimiento e involucrado” en sus proyectos de vida, “con metas, objetivos y propuestas” programadas.
Eso reafirma las deducciones de la Doctrina Espírita y explica la muerte de niños, aclarando que ellos son Espíritus milenarios, tal vez más experimentados que sus padres. Su muerte supuestamente prematura forma parte de una programación reencarnatoria, la cual tiene como objetivo tanto su crecimiento espiritual como el de sus padres.
Y la Doctrina Espírita desde hace mucho nos aclara que la muerte de niños pueden tener muchas explicaciones y a veces lo que puede parecer un injusticia bajo la concepción humana, puede representar una bendición para todos aquellos que están involucrados. Hay muchos ejemplos de casos como éste, pero citaremos solamente uno para nuestro esclarecimiento:

En una familia espírita de considerable nivel espiritual, nació una niña cuyo Espíritu contaba con muchos equívocos de otras existencias. Cuando la criatura cumplió 8 años se enfermó gravemente y no había esperanza en la medicina para su caso; desencarnaría pronto. Su familia pidió orientación espiritual en la institución espírita donde concurría y allí le explicaron que el Espíritu de la niña había cometido suicidio en las últimas existencias y ahora desencarnaría antes de alcanzar la adolescencia para no intentarlo de nuevo y para completar un poco del tiempo de vida que ella había abreviado. La familia pidió a la misericordia divina una oportunidad de educarla bajo los postulados espíritas y estaba segura de que lograría evitar nuevo intento. Por los méritos espirituales de la familia, le fue concedido a la niña el período 10 años más. Sin embargo, cuando la criatura llegó a la adolescencia, se desvinculó de la familia, de los principios espíritas, se entregó a la drogadicción y se suicidó.
Es una historia que nos conduce a profunda reflexión sobre la Bondad de Dios, la cual muchas veces nos resulta difícil comprender. Dios siempre actúa en nuestro beneficio y jamás permite desencarnaciones prematuras. Siempre volvemos al plano espiritual en el momento adecuado cuando aceptamos la acción de la naturaleza. Lo que no significa decir que debemos mantener la frialdad ante la muerte de un ser querido, de una criatura. La separación es siempre dolorosa porque todavía somos egoístas e no sabemos amar con desapego. Nos está permitido llorar por ellos, extrañarlos, tener cierta dificultad para reprogramar nuestra vida sin su presencia. No obstante debemos evitar la rebeldía contra los designios divinos y esforzarnos por comprender las necesidades evolutivas de nuestro ser amado que se fue. Además, debemos evitar los llamamientos angustiados, los cuales recaen sobre él, lo torturan, lo deprimen, lo hacen estancar en su camino de evolución o mantenerse entre nosotros intercambiando angustias en un círculo vicioso.
El famoso médium brasileño Francisco Cândido Xavier fue un gran instrumento de consuelo a las familias “despojadas” de sus seres queridos por la desencarnación. A través de él, muchos Espíritus se manifestaron para ofrecer consuelo a sus familiares y sus pedidos más constantes eran para que dejaran de quejarse, de llorar, de rebelarse por ellos porque eso les hacía muy mal.

Niños, jóvenes y mayores “muertos” les enviaban mensajes a los “vivos”, dándoles pruebas de la vida más allá de la tumba.

Es muy reconfortante saber que el amor sigue igual, aunque estemos separados por una barrera física. Es que tenemos la certeza de que ellos se pueden comunicar con nosotros por el pensamiento, durante los sueños.
Que pueden estar a nuestro lado en este momento, tocándonos la frente o depositándonos un beso en la mejilla.

Lo podemos sentir si no estamos concentrados en nuestro dolor. Cuando pensamos en ellos con amor los podemos atraer hacia nosotros. Y no hace falta que vayamos al cementerio, pues ellos no están allí. Como nos dice Richard Simonetti en “¿Quién le teme a la muerte?”, “no vamos a transformar las necrópolis en salas de visita del más allá”. A ellos no les debe ser placentera la visión de su propio despojo. Invitémoslos a un lugar agradable, que les traiga lindos recuerdos y placer.

Cuanto más reflexionemos sobre la muerte, más percibimos que educarnos para la muerte, es educarnos para la vida.

Maria Julia Kovács del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo, Brasil, ofrece interesantes sugerencias para la implantación de la Psicología de la Muerte en los diversos ambientes que forman parte de la vida humana. Propone la ampliación de la meta de la educación para la muerte, fundamentada en la búsqueda de la “rehumanización” de la muerte; que se discuta el tema en los colegios, hospitales, geriátricos y hogares; que los profesionales de la educación se preparen para orientar a sus alumnos en situaciones de “pérdida” de un familiar o amigo y a encarar la posibilidad de su propia muerte; y que los profesionales de la salud sepan como asistir a sus pacientes terminales y a las personas mayores para que enfrenten la muerte con más tranquilidad y sin traumas, como un proceso natural en la vida de los seres vivos.

José Barros de Oliveira de la Universidad do Porto, en Portugal dice que “enseñar el arte de morirse bien o educar para morirse bien es educar para vivir bien”. Agrega que si la muerte forma parte de la vida, el tema debe formar parte del contenido “de una educación integral de la persona humana y de su destino”; no puede continuar “ausente de los ambientes educativos como la familia y la escuela”.

Conocer a los mecanismos involucrados en el proceso de la muerte, tener la certeza de la supervivencia del alma, que reencontraremos a nuestros seres queridos, saber lo que nos espera más allá de la tumba es una manera de educarnos para la vida.

Es que sabemos que por la Ley de Acción y Reacción, somos quienes programamos nuestras vidas en la materia y en el plano espiritual. Si tratamos de actuar bien durante la vida, regresaremos en buenas condiciones a nuestra vida de Espíritus y consolidaremos reencarnaciones menos dolorosas que nos proporcionarán más rápida evolución.

Evitaremos el intento de fuga por el suicidio porque sabemos que nuestros sentimientos nos acompañan en Espíritus y no podremos escapar de los dolores y frustraciones, ni de todas las consecuencias que tal acción nos puede causar. No cometeremos el aborto por saber que el alma precede al Espíritu y estaríamos imponiendo obstáculo a la evolución de un Espíritu, además de saber que podríamos ser “víctimas” de su odio y persecución. No seremos conniventes con la eutanasia porque comprenderemos la importancia del desprendimiento lento para la reflexión del enfermo y por ende para su mejoría espiritual. Seríamos más desapegados de la riqueza y de la materia, lo que nos facilitaría reunir virtudes en vez de posesiones materiales y perfección estética. Entenderíamos la muerte de nuestros amores, cuando sus compromisos asumidos para esta vida hubieran acabado y el retorno a la vida espiritual les fuera necesario, sabríamos que empezarían una nueva e importante etapa en su existencia de Espíritu inmortal.

En pocas palabras: Seguiríamos las Leyes de Dios de manera voluntaria como medida para nuestra evolución espiritual y por tanto, de nuestra felicidad real.■

Referencias Bibliográficas

BARBOSA, Marília. O que é a morte? O Imortal – Periódico de Divulgación Espírita. Noviembre de 2009
DENIS, León. Além da Sobrevivência do Ser. E-book
_____________ El Problema del Ser del Destino y del Dolor.
KARDEC, Allan. O Céu e o Inferno. Ed. Ide, 34ª ed., São Paulo, 2002.
_____________ O Livro dos Espíritos. Ed. Ide, 136ª Ed., São Paulo, 2001.
_____________ Revista Espírita, febrero de 1865. E-book
_____________ Revista Espírita, noviembre de 1860. E-book
MIRANDA, Hermínio C. Nossos Filhos São Espíritos. E-book
SIMONETTI, Richard. Quem Tem Medo da Morte?. E-book
PETRAGLIA, Izabel. BASTOS, Cláudio R. F. Morte, Complexidade e Educação. Notandum Libro 13 2009 CEMOROC-Feusp / IJI-Universidade do Porto.
KOVÁCS, Maria Julia. Educação para a morte. Instituto de Psicología, Universidad de São Paulo.

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