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miércoles, 19 de mayo de 2010

¿La Cromoterapia es una práctica espírita?

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com



 
Desde el año de 1950, en el medio espírita se instaló larga discusión sobre la práctica de los pases estandarizados, acompañados por el ejercicio de la Cromoterapia. Gracias a las obras publicadas por el comandante Edgard Armond, algunas personas se interesaron por el uso de esa terapia y la adoptaron en la tarea espírita, otras contestaron su carácter doctrinario.

En la actualidad, la discusión continúa y creemos necesario abordar el tema con cuidado, estudiando la inconveniencia o la relevancia de su práctica en la Casa Espírita.

Según la revista “Crecimiento Interior” Nº 23, Año 3, el objetivo de la Cromoterapia “es combatir los males que alteran el buen funcionamiento físico” a través del uso “de los colores”, los cuales poseen una vibración que actúan en el organismo sanando “anomalías físicas o mentales (…), desde la simple corrección de un estado de ánimo (…) a la regulación de anomalías como (…) la presión sanguínea, problemas en el funcionamiento orgánico o en la estructura ósea, aparición de infecciones, obesidad, anorexia, etc.”

Los médicos Ángel S. Serrano, Pilar L. Pradilla y Elena O. Nieto, dicen que “la Cromoterapia es una Terapia que se suele utilizar dentro de la Medicina Natural” y Es ejecutada “a través de los colores en que se divide el espectro de la luz solar. Es un método de armonización y de ayuda a la curación natural de ciertas enfermedades por medio de los colores.” Afirman que “desde aproximadamente el año 1200 a. C., hasta el 4000 a. C.,” en las antiguas culturas mesopotámicas se trataban las enfermedades con el uso de los colores.
Odina Balzano, escritora, cromoterapeuta y profesora de la Cátedra de Cromoterapia de la Facultad de Parapsicología y Ciencias afines de Paraguay, explica que la Cromoterapia está íntimamente relacionada al Egipto antiguo como la propia Medicina y está fundamentada en tres ciencias: la Medicina, la Física y la Bioenergética. Nos informa que la Cromoterapia está en la lista de las principales Terapias Alternativas o complementarias reconocidas en 1976 por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y ratificada en 1986 por el Director General y por el Director de Medicinas Tradicionales de la OMS.

Edgard Armond, en su libro “Métodos Espíritas de Cura: Psquismo y Cromoterapia” , defiende la práctica de la Cromoterapia argumentando que el Espiritismo es una “doctrina evolucionista y progresiva que incorpora lo que va con el tiempo surgiendo de verdadero y útil, tanto en el conocimiento teórico como en la práctica.” (Pág. 17). Agrega que tal práctica no se desvía de la Codificación por ser una innovación necesaria, ya que Kardec afirmó que el Espiritismo aceptaría nuevos conceptos de comprobada eficacia. (Pág. 50)

Las elucidaciones nos expresan importantes reflexiones. La primera es la negación de la naturaleza novedosa de la terapia presentada por Armond, pues según los expertos, la Cromoterapia tiene sus orígenes en la Antigüedad y la Doctrina nació en el siglo XIX. Sabemos también que Kardec era versado en Magnetización, lo que nos permite pensar que pudo haber conocido la Cromoterapia y no la agregó en el contenido de la 3° Revelación. Pero aunque no la haya conocido, trazó los criterios esenciales para la introducción de nuevas ideas y prácticas en el cuerpo doctrinario, los cuales nos permiten evaluar con seguridad la compatibilidad de la Cromoterapia con la Doctrina Espírita.

En la introducción de “El Evangelio según el Espiritismo”, Kardec escribió que la Doctrina no es una concepción puramente humana y los Espíritus tampoco la revelarían a un sólo hombre, ya que éste puede ser engañado y “engañarse a sí mismo”. Así que todas las revelaciones deberían ser sometidas a dos criterios, al tamiz de la razón y al Control Universal de la Enseñanza de los Espíritus (CUEE), siendo este último, la fuerza del Espiritismo.

Dice Kardec que “La experiencia prueba que cuando un principio nuevo debe recibir su solución, es enseñado espontáneamente en diferentes puntos al mismo tiempo, y de una manera idéntica (…)” y el propio codificador recibió comunicaciones de cerca de mil centros espíritas serios de todas partes del globo durante sus investigaciones.





Insiste el maestro que ese Control Universal es lo que garantizaría la unidad futura de la Doctrina, que evitaría “las teorías contradictorias”, las alteraciones, y que sería imprescindible confirmar este control “antes de lanzar un sistema” en nombre de la Doctrina, pues “no es a la opinión de un hombre que se deberá aliar, sino a la voz unánime de los Espíritus (…)”

El propio Armond, considerando el asunto como una novedad, explica que hasta el año de 1950 no existía ningún estudio sobre la práctica de tratamientos espirituales y que fue él, cuando estaba en la FEESP (Federación Espírita del Estado de São Paulo) quien publicó obras especializadas, las cuales incluyen los pases estandarizados y la aplicación de los colores. Comenta que le llegaron noticias mediúmnicas del uso intenso de la terapia de los colores en el plano espiritual, pero desde la codificación hasta hoy, los médiums más conocidos y acreditados del medio espírita aún no obtuvieron comunicaciones similares, tampoco las hubo en diversas partes del mundo. En realidad la adopción de ese procedimiento en los centros espíritas está relacionada a las obras de Armond y no a las orientaciones del Mundo Espiritual.

Las recomendaciones pertinentes de Kardec y las afirmaciones de Armond nos conducen a la conclusión que la Cromoterapia no resiste al Control Universal de la Enseñanza de los Espíritus (CUEE) y por ende, aún no puede ser incorporada a la Doctrina.

La segunda interesante reflexión es que podemos notar que la Cromoterapia pertenece al campo de la Medicina, lo que significa que su práctica exige previo estudio profundizado en Instituciones idóneas y reconocidas, además de un lugar apropiado a su ejercicio, como un hospital, una clínica o un consultorio.

No hay duda de que la Cromoterapia es un excelente recurso terapéutico por no ser un tratamiento invasivo para el paciente, como muchas veces suele ocurrir en la Medicina Tradicional y por su reconocimiento por la OMS como parte de la Medicina Natural. Y esta aceptación de la Cromoterapia, como de la Homeopatía, de la Acupuntura y de otras terapias relacionadas a la Medicina Alternativa representa, en nuestra opinión, un avance de la Humanidad en las Ciencias Médicas.

Lo que sí discutimos, es la posibilidad de injertarlas en las instituciones espíritas como si fueran prácticas espíritas, pues la Casa Espírita es un núcleo de educación integral, de higiene mental, moral y no una clínica de recuperación que cura el paciente de su enfermedad física. Es una Escuela para el Espíritu inmortal, cuyos principios están muy bien definidos en las obras de la codificación y muy bien estudiados en la literatura subsidiaria, como la psicografiada por Chico Xavier, por Divaldo Franco, por Yvonne Pereira y los estudios de León Denis, Herculano Pires y muchos otros que se dedicaron seriamente a la tarea.
No podemos trasladar a la Casa Espírita todo lo que le sea benéfico al Ser Humano. La Odontología es buena, pero no la podemos ejercer en la Casa Espírita. El Derecho es bueno, pero no lo podemos trasladar al Centro Espírita. La Dermatología es buena pero tampoco la podemos practicar en el Centro Espírita.

En el capítulo IX del libro “Liberación” , André Luiz relata sus observaciones durante una misa en una Iglesia Católica. Cuenta que las hostias eran fluidificadas, irradiaban luz y cuando eran depositadas en la boca de los creyentes sinceros, les brindaban fluidos edificantes. ¿Entonces debemos repartir hostias en los Centros Espíritas porque son buenas? No. Esa es una práctica de la Iglesia Católica y no de la Doctrina Espírita. De la misma manera que las prácticas de las religiones orientales no deben ser trasladadas al Espiritismo.

Asimismo, no podemos menospreciar las Terapias Alternativas, ignorar el estudio que se merecen y creer que el estudio de dos o tres libros nos preparará para ejercerlas sin incurrir en la práctica ilegal de la Medicina, como nos hizo creer Edgard Armond.

Por las razones presentadas, se nota que la inclusión de la Cromoterapia en la Casa Espírita tampoco resiste al tamiz de la razón, pues es nuestro deber respetar también las leyes de los hombres ya que vivimos en una sociedad.

Sabemos además que el codificador, con la personalidad innovadora y la humildad que lo caracterizaban, afirmó que la Doctrina debería caminar con la Ciencia y corregir posibles errores apuntados por ésta en su cuerpo doctrinario. Si las Ciencias Médicas ya aceptaron la relevancia de la Cromoterapia es porque ella tiene su valor, pero en el ámbito de la Medicina.

Sin embargo si aún nos queda alguna duda, podemos comparar la sencillez que caracteriza la práctica espírita con las enseñanzas de Edgard Armond en los libros “Pases e Irradiaciones” y “Métodos Espíritas de Cura: Psiquismo y Cromoterapia”.



En el primer libro, el escritor describe variadas técnicas estandarizadas, las cuales son utilizadas según las necesidades del paciente. Si el paciente tiene problemas de salud existe una técnica específica a ser aplicada; si está obsesado se utiliza otra técnica, si se trata de un niño, el pasista debe ser preferentemente del sexo femenino, etc. Hay incluso momentos en que el pasista levanta los brazos para la captación de energías.

En el segundo libro encontramos las siguientes instrucciones:


Utilizar un proyector cilíndrico, semejante a una linterna portátil, de 6 a 7 centímetros de diámetro, con encajes para lámparas de colores, o filtros.
Los enfermos deben acostarse y relajar el cuerpo, o mínimo, recostarse en sillones, en ángulo de 45 grados.
La proyección puede ser hecha contigua a la piel o alejada a mayor o menor distancia, según la gravedad del caso y resistencia del enfermo; tener en vista obtener la mayor penetración posible de los rayos de color en los órganos o tejidos.
Dividir el área en varias partes, cuando sea necesario, transitando con el proyector de un punto hacia otro hasta cubrir toda el área. (Página 121)
Utilizar, en los recintos de trabajo, un panel de luces de colores, para poder alterar siempre que sea necesario el fondo ambiental, juego de colores que también puede ser utilizado en los trabajos de pases y vibraciones a distancia. (Página 126)


En la “Revista Espírita” de septiembre de 1865, Kardec escribe que “a menudo, basta imponer las manos sobre un dolor para calmarlo; lo pueden hacer todos los individuos que ponen en ello la fe, el fervor, la voluntad y la confianza en Dios”. Que “sólo la ignorancia hace creer en la influencia de tal o tal formas”. Y en “Obras Póstumas” el codificador confirma sus palabras explicando que el uso “de una práctica determinada, contribuye a darles confianza” a las personas ignorantes.
Está claro que las complejas técnicas desarrolladas por Edgard Armond no observan la simplicidad de las orientaciones del codificador. Y algunos todavía pueden argumentar que la terapia de los colores puede ser ejecutada por un proceso mental, con la simple imposición de manos y la oración, pero nos encontraríamos con dos inconvenientes: la realización del diagnóstico y la elección de los colores adecuados a la necesidad del asistido ante este diagnóstico.




En la práctica armondiana son los médiums videntes quienes proceden a los “exámenes espirituales para determinar perturbaciones físicas y psíquicas” y a partir de su diagnóstico, se elige la técnica y los colores adecuados al tratamiento.

En el capítulo XIV de “El Libro de los Médiums”, Kardec define la videncia como la facultad que “consiste en la posibilidad de ver cualquier Espíritu” y agrega que


“Los médiums videntes propiamente dichos son muy raros y hay mucho que desconfiar de aquellos que pretenden gozar de esa facultad. Ciertas personas pueden, sin duda, engañarse de buena fe, pero otras pueden también simular esta facultad por amor propio o por interés.”


Recomendamos la lectura del artículo “La videncia en la reunión mediúmnica”.


Más adelante, en el capítulo XVI nos advierte que tal facultad debe ser siempre analizada y que no es útil creer siempre en quienes dicen ver a los Espíritus.

Se percibe que la videncia no es una herramienta segura para diagnosticar la necesidad del asistido y aunque lo fuera, el médium ignora otras implicaciones relacionadas a la Ley de Causa y Efecto, que ubica a cada uno de nosotros en los sitios necesarios a reparaciones y aprendizajes, que nos reúnen a personas involucradas en este proceso y que nos otorga condiciones físicas y espirituales vinculadas al género de reparaciones y de pruebas por las cuales debemos pasar.

Herculano Pires en el libro “La Obsesión, El Pase, El adoctrinamiento” expresa que “la técnica del pase no pertenece a nosotros, sino exclusivamente a los Espíritus superiores. Sólo ellos conocen la situación real del paciente, las posibilidades de ayudarlo ante el compromiso de sus pruebas, la naturaleza de los fluidos de que el paciente necesita, etc. Es simplemente atrevimiento y osadía querer manipularlos y distribuirlos según nuestra modalidad y criterio”.

El equipo del “Proyecto Manuel Philomeno de Miranda” en “Terapia a través de los Pases” dice que “la acción de los Espíritus sobre los fluidos espirituales tiene consecuencias de importancia directa y capital para los encarnados, pero el método armondiano considera que son los encarnados quienes controlan el proceso.
Kardec explica que





“los Espíritus actúan sobre los fluidos espirituales, no manipulándolos como los hombres manipulan los gases, sino con el auxilio del pensamiento y de la voluntad. (…) ellos imprimen a tales fluidos esa o aquella dirección; ellos los aglomeran, los combinan o los dispersan.”



Son ellos, no somos nosotros. Dejemos que la elección y el uso de los colores (si necesario) sean de la incumbencia del equipo médico del Plano Espiritual, ya que sus miembros son quienes conocen con profundidad el estado real y las necesidades del asistido, además de dominar las terapias que todavía ni son conocidas en nuestro plano. Podemos inclusive dificultar su trabajo cuando plasmamos lo que creemos ser lo mejor, dentro de nuestra visión aún muy limitada, y que en definitiva puede no serlo.

Queremos aún exponer la opinión de personas e instituciones idóneas sobre el ejercicio de la Cromoterapia en la Casa Espírita y presentar datos biográficos de Edgard Armond que nos posibiliten entender un poco más sus ideas.

La posición de la FEB (Federación Espírita Brasileña) está bien definida en artículo “Coherencia Doctrinaria” de la revista “O Reformador” de agosto de 2008, escrito por Júlio César de Sá Ruriz:

(…) cada actividad, acción o movimiento que abarque los aspectos científico, filosófico y religioso en el ámbito del Espiritismo, deberá obligatoriamente estar en el riguroso cumplimiento de aquel contexto doctrinario; caso contrario será incoherente utilizarse del calificativo espírita cuando no lo sea de hecho. (…) Respecto a los que practican la cromoterapia (…), no hay porque confundirlos con los pases espíritas definidos por Kardec.

Alamar Régis Carvalho: escritor, articulista, profesor y fundador de la primera TV espírita del mundo dice:

“no tiene el control universal de la enseñanza de los Espíritus, no contiene el carácter de la revelación espírita y por eso queda probado que no se trata de un asunto espírita.”

Jorge Hessen: escritor, historiador, profesor, periodista, articulista y miembro del editorial de la revista “O Reformador”:

“El Espiritismo no comporta terapéuticas en las casas espiritas del tipo: piramideterapia, cristalterapia, cromoterapia, musicoterapia, hidroterapia, desobsesión por corriente magnética, apometría, choques anímicos, etc”

Divaldo Franco:
“Casa Espírita no es clínica alternativa.”

Periódico “Alavanca” de abril-mayo de 2008:
“Lamentablemente, en nombre del Espiritismo muchos proponen (...) aplicaciones de luces de color para higienizar auras humanas y curar.”

La Federación Espírita de Paraná, en reunión de la comisión directiva deliberó:
“El sistema federativo estadual no tiene compromiso con sistemas y movimientos divergentes como (...) ramatisismo, cromoterapia y cualquier otra terapia que no sea la espiritual.”

En el 10° Encuentro Espírita sobre Medicina Espiritual en 1999, Luiz Dalarosa afirma que
la Doctrina Espírita no incentiva prácticas que confundan la mente de las personas por el simple hecho de que pueden curar, como la cromoterapia, por ejemplo.

José Carlos Fiorido, coordinador del 3° Consejo Regional Espírita:
“(…) apometría y cromoterapia no son prácticas espíritas. Permitir que personas las practiquen en el ámbito del centro espírita afiliado es desconocer la Doctrina Espírita.”

Richard Simonetti, escritor y articulista de la revista “O Reformador” y del “Anuario Espírita”, en su libro “Mediumnidad, todo lo que usted necesita saber” explica que la cromoterapia no tiene relación con la práctica espírita y por ello debe ser practicada fuera de los Centros Espíritas. (Página 68)

La USE (Unión de las Sociedades Espíritas del Estado de São Paulo), en reunión de su Consejo Deliberativo Estadual realizada el 8 de junio de 2008 agregó en su reglamento que la Cromoterapia se desvía de la práctica doctrinaria adecuada.

Entre los que no aprueban la terapia de los colores en la casa espírita también están: Raul Teixeira, Alkíndar de Oliveira, Rosemere Kiss Guba, Wellington Baldo, Marlene Nobre, la Federación Espírita de Mato Grosso do Sul, entre muchos otros.

Además, la práctica no es citada en las obras respetadas como las psicografiadas por Chico Xavier, Zilda Gama, Yvonne Pereira, Divaldo Franco y los instructores espirituales se han mostrado muy preocupados por la falta de discernimiento de los espíritas que aceptan todas las novedades sin análisis.

Bezerra de Menezes desde hace mucho nos envía mensajes expresando su preocupación por la manutención de los principios espíritas y en una de estas advertencias dice:

“Es necesario preservar el Espiritismo conforme lo heredamos del eminente Codificador, manteniéndole la claridad de los postulados, la limpidez de sus contenidos, no permitiendo que se instale adendas perniciosas que solamente confundirán los incautos y los menos conocedores de sus directrices.”

Vianna de Carvalho cuando estaba encarnado fue el más importante personaje del Movimiento Espírita de Ceará (Brasil) y uno de los más importantes de la historia del Movimiento Espírita Brasileño; ya desencarnado nos alerta:

“Insisten en introducir en su contenido superior práctica que aunque sean respetables, son del Orientalismo y no se armonizan con la idea de verdad de la cual Kardec se hizo intermediario consciente. (El Centro Espírita) no puede ser confundido con Casas de Salud, Clínicas Médicas y similares (…) desvirtuaría su finalidad esencial (…) Tampoco puede admitir o dar curso a las innovaciones que remontan del orientalismo ancestral o de las terapias alternativas actuales, desfigurándole y entorpeciéndole la finalidad superior.”

En cuanto a Edgard Armond, nos parece interesante exponer algunos datos biográficos que nos permitan comprender porqué muchos de sus conceptos, aunque sean respetables, están más relacionados al Espiritualismo oriental que al Espiritismo:





El comandante Edgard Armond llegó a la Federación Espírita del Estado de São Paulo (FEESP) en 1939, donde creó el pase estandarizado, distante de la práctica espontánea e intuitiva ejemplificada por Jesús. Su biografía cuenta con 25 obras, siendo las más exitosas “Pases e Irradiaciones” y “Los exiliados de Capela”. En mayo de 1944 Armond fundó el periódico “O Semeador” y fue uno de los que estuvieron presentes en la Fundación de la USE (Institución que rechaza sus métodos). Sus obras son cargadas de conceptos orientalistas, dado que fue un gran estudioso de las principales religiones orientales. Términos como “chakras”, “karma” y otros fueron injertados por él en el Movimiento Espírita brasileño. En 1966 abandonó la FEESP y fundó la “Alianza Espírita Evangélica” con la tendencia velada de ser una federación y que es intensamente mística y orientalista.

En la actualidad, algunos Centros Espíritas vinculados a la FEESP aún siguen algunas de las enseñanzas de Armond, pero la USE, que es la Institución federativa, coordinadora y representativa del Movimiento Espírita de São Paulo ante la FEB, rechaza tales métodos en los Centros afiliados.


Por lo expuesto, es posible concluir que los Pases Estandarizados no forman parte del cuerpo doctrinario del Espiritismo, pues además de ser rechazado por muchos estudiosos serios de la Doctrina, su análisis no resiste a los criterios esenciales establecidos por Kardec. Son ideas de un sólo hombre, contraría el carácter sencillo de la práctica espírita.

En cuanto a la terapia de los colores, aunque sea un método respetable, pertenece al campo de la Medicina y no al de la Doctrina Espírita.

Reafirmamos que lo estudiado no desconsidera los beneficios de la Cromoterapia, sino que analiza su compatibilidad con la práctica espírita. Y entendemos que su estudio puede ser llevado a cabo por espíritas que se interesen por el tema y puede ser practicado en el ámbito profesional o voluntario, pero en los ambientes adecuados como hospitales, clínicas y consultorios médicos, sin causar perjuicio o generar críticas.

Estamos seguros de que los Espíritus no nos dijeron todo y que todavía nos falta mucho por aprender, inclusive sobre lo que ya nos fue dicho y algunos se aferran a este argumento para defender la práctica de la terapia de los colores, olvidándose que en la Antigüedad el tema ya era conocido y que la difusión de los conocimientos espirituales no es un privilegio del Espiritismo.

Quedémonos tranquilos, pues cuando haya novedades en la terapéutica espírita, el plano espiritual se manifestará en diferentes lugares del mundo, a través de varios médiums acreditados y sabremos reconocerlas y aceptarlas.

Hagamos la parte que nos corresponde que el equipo espiritual hará la suya, mucho más amplia y efectiva que la nuestra.

Por ahora, los pases estandarizados y el ejercicio de la Terapia de los colores relacionada a los tratamientos espirituales son exclusivamente PRÁCTICAS ESPIRITUALISTAS.■

La videncia en la reunión mediúmnica

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com


 
En este estudio, queremos analizar con más profundidad y cuidado el papel de la facultad de la videncia en las reuniones de desobsesión y a partir de ese análisis, concluir cuál es su relevancia durante los trabajos.
En el capítulo XIV de “El Libro de los Médiums”, Kardec define la videncia como la facultad que “consiste en la posibilidad de ver cualquier Espíritu” y agrega que


“los médiums videntes propiamente dichos son muy raros y hay mucho que desconfiar de aquellos que pretenden gozar de esa facultad. Ciertas personas pueden, sin duda, engañarse de buena fe, pero otras pueden también simular esta facultad por amor propio o por interés.”

Más adelante, en el capítulo XVI nos advierte que tal facultad debe ser siempre analizada y que no es útil creer siempre en quienes dicen ver a los Espíritus.

Nos impresiona recordar que hay pocos médiums videntes, que muchas personas se pueden engañar (y engañarnos) de buena fe y nos parece muy interesante profundizarnos un poco más en las palabras del noble Codificador, pues nos encontramos con algunas preguntas cuyas respuestas son muy importante en la seguridad de la tarea mediúmnica:

1) Si hay pocos médiums videntes y no lo tenemos en nuestro equipo mediúmnico, ¿podemos realizar sesiones de desobsesión?
2) Y si lo tenemos, ¿Cómo podremos saber si la videncia es real o imaginaria si no somos médiums videntes?
3) Y si lo somos, ¿Cómo saber si no estamos sugestionados por la videncia o ideoplastía de otro médium o si no somos víctimas de la mistificación?

La primera pregunta, por un sentido común, ya la podemos contestar. Si hay pocos médiums videntes no todos los equipos mediúmnicos podrán tenerlos entre sus miembros, dado que existen equipos de desobsesión que inclusive eligieron no utilizar la facultad de la videncia en sus reuniones y realizan excelentes trabajos.

En “Mediumnidad, todo lo que usted necesita saber”, Richard Simonetti expresa su opinión sobre las videncias en la sesión mediúmnica:


Es algo complicado, considerando que la mayor parte de las videncias son subjetivas. Incluso los que tienen la visión objetiva pueden equivocarse, no es de extrañar, bajo la influencia de Espíritus astutos que los envuelven. Y la interferencia del vidente, en pleno proceso de adoctrinación, puede confundir al adoctrinador. Es preferible que las informaciones de los videntes sean hechas después del final de la reunión, ayudando en la evaluación de las comunicaciones. En cuanto al adoctrinador, sus mejores fuentes de referencia son la intuición, el conocimiento y la práctica.
En “Directrices de Seguridad”, Divaldo Franco nos informa que la videncia revela el mundo espiritual, pero debemos tener cuidado para no transformar su descripción en un informativo de liviandades. Agrega que el vidente puede colaborar con el esclarecedor, hacer observaciones y anotaciones. Sin embargo nos alerta que esa facultad puede ser transitoria y oscilante.

Las demás preguntas nos exigen reflexiones más amplias y profundas sobre los procesos mentales implicados en los fenómenos mediúmnicos para responderlas.

André Luiz nos explica en “Mecanismos de la Mediumnidad” que las ondas mentales están presentes en todos los hechos mediúmnicos, pues en las reuniones doctrinarias o en las experiencias psíquicas, la mente del médium emite oscilaciones personales, las cuales se vinculan a las oscilaciones de la Entidad que se comunica.

La videncia y la audiencia están sometidas a idéntico mecanismo, pues se ejecutan del recinto exterior hacia el campo íntimo y guardan expresiones variadas. El desencarnado actúa sobre los rayos mentales del médium, le transmite cuadros vivos e imágenes a través del uso de los centros autónomos de la visión profunda del médium.

Ante las elucidaciones de André Luiz, podemos concluir que en muchos casos el desencarnado actúa de manera razonada y transmite al médium solamente lo que desea. Si el Espíritu es de naturaleza superior, la transmisión tendrá un objetivo bueno e instructivo. Si el Espíritu es de naturaleza inferior, su intención será confundir y engañar al médium y a quienes les creen.
Podemos notar que en este último caso no hay la mistificación del médium sobre lo que ve o interpreta, sino que él puede ser inducido al error o a al ridículo e influenciar a los demás sin que sea ésta su intención.

Además de esas posibilidades, podemos agregar la interpretación o la captación del médium, que implican el desarrollo y la educación de su facultad y su estado moral.

1) Si sus visiones son muy subjetivas, no logrará captar con fidelidad la transmisión.
2) Si no está suficientemente educado, puede confundirse.
3) Si su estado moral no es adecuado, está más predispuesto a interpretar con más veracidad la transmisión del Espíritu inferior por la sintonía natural y tal transmisión puede desequilibrar el equipo o sugestionarlo de forma negativa. (Sabemos que la mayoría aún no somos moralmente elevados)

A esta problemática, el Espíritu André Luiz le agrega que, además de las ideas de los desencarnados, tenemos los elementos plásticos inherentes de las mentes de los médiums, los cuales pueden influenciar el vidente y atraer compañeros sintonizados a las mismas ondas mentales. Es un problema “cuya solución reclama discernimiento”. Eso porque si un vidente logra captar las ondas mentales de uno de los médiums, el equipo puede concluir que la videncia es correcta por haber sido confirmada por dos de sus miembros, lo que no es cierto.

Esta interferencia puede ser agravada, pues según el citado Autor Espiritual, la Esfera Espiritual Superior sufre enormes dificultades para actuar en beneficio de los encarnados, pues las ideoplastías de las mentes encarnadas pueden conectarse a agentes inferiores. Además, los pensamientos repetidos sobre la mente mediúmnica sin experiencia y con escasos conocimientos teóricos sobre el tema pueden inducirla a tomar ciertas imágenes como si fueran situaciones reales.



Ernesto Bozzano en “Pensamiento y Voluntad”, nos cuenta que “es probable que ciertas apariciones de fantasmas en lugares determinados no sean nada más que formas-pensamiento creadas por la mente de la persona muerta trágicamente en tales sitios.”

Resalta que “en los depósitos de comunicaciones mediúmnicas, desde Allan Kardec a Stainton Moses, se encuentran mensajes de entidades espirituales con alusiones a la posibilidad de formas fantásticas o fantasmagóricas, que solamente son puras formas-pensamiento.”

Entonces ¿Cómo saber si la videncia capta formas-pensamiento o situaciones reales?

No por acaso, Emmanuel nos dice en “Siembra de los Médiums”, que el fenómeno de la clarividencia solicita el discernimiento porque su interpretación está a cargo de procesos mentales y es necesario el estudio para que “la interpretación particular no se dirija hacia los límites de lo ilógico.” No siempre es posible calificar la videncia durante la asistencia en la reunión mediúmnica y es válido recordar la enseñanza de Erasto “es preferible rechazar 10 verdades que aceptar una sola mentira”. En primer lugar está la preocupación por mantener el equilibrio del equipo.

André Luiz en “Los Dominios de la Mediumnidad” explica que la videncia es diferente para cada médium y a través de su relato en esta obra notamos que el uso de la videncia se aplica en el cierre de la reunión y no durante su desarrollo.

Hermínio Miranda en “Diálogos con las Sombras” comenta el tema de manera muy inteligente y adopta la actitud que nos parece más coherente porque utiliza la facultad del medianero sincero sin olvidar las recomendaciones de silencio, recogimiento y discernimiento. Dice que el vidente puede auxiliar al esclarecedor, pero recomienda que sea discreto. Eso porque algún comentario o información puede ofender o desequilibrar los hermanos desencarnados. Además, las descripciones largas y seguidas pueden romper la concentración del grupo y hasta sugestionarlo. Las impresiones más detalladas deben esperar por el momento de la evaluación.

Nuestra conclusión de este estudio es que la facultad de la videncia debe ser usada con mucho criterio durante las reuniones de desobsesión. Si hay duda en cuanto la veracidad de la videncia es preferible que el médium se abstenga de revelarla. Si la videncia es irrelevante en el proceso de esclarecimiento del Espíritu asistido, es mejor que el médium no exponga su visión durante la sesión. Si el médium percibe que su videncia puede desconcentrar el equipo, es recomendable no decirla. Pero si lo que ve puede serle útil al esclarecedor, el médium puede exponerla discreta y objetivamente, sin que los demás miembros del equipo se enteren.

La intuición es la herramienta más segura que la videncia.■


Referencias bibliográficas

BOZZANO, Ernesto. Pensamiento y Voluntad. Formas-Pensamientos.
FRANCO, Divaldo Pereira. TEIXEIRA, Raul. Directrices de Seguridad. Capítulo 15.
KARDEC, Allan. El Libro de los Médiums. Capítulos XIV y XVI.
MIRANDA, Hermínio. Diálogos con las Sombras.
SIMONETTI, Richard. Mediumnidad, todo lo que usted necesita saber. Videncia.
XAVIER, F. Cândido. En los Dominios de la Mediumnidad. Capítulos 5 y 12.
XAVIER, F. Cândido. Espíritu Emmanuel. Siembra de los Médiums. Capítulo 47.
XAVIER, F. Cândido. VIEIRA, Waldo. Espíritu André Luiz. Mecanismos de la Mediumnidad.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Educación para la Muerte

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com

 


Vivimos, pensamos, obramos, he aquí lo positivo: moriremos, esto no es menos cierto. Pero dejando la Tierra, ¿a dónde vamos? ¿Qué es de nosotros? ¿Estaremos mejor o peor? ¿Seremos o no seremos? Ser o no ser: tal es la alternativa, es para siempre o para nunca jamás, es todo o nada, viviremos eternamente o todo se habrá concluido para siempre.
Todos sabemos que nacemos, - podemos crecer y envejecer – pero siempre nos morimos. Convivimos a diario con la idea de muerte en los medios de comunicación, en los fallecimientos de personas conocidas o de familiares. Sin embargo, tales sucesos siempre nos sorprenden como si no formaran parte de la naturaleza, como si ese no fuera el destino que nos espera a todos, y nos recusamos a hablar sobre el tema con la profundidad necesaria, en un intento hasta infantil de ignorarlo o alejarlo de nuestra realidad existencial.En este artículo, pretendemos reflexionar sobre las posibles razones que nos hacen actuar de esa manera y que nos llevan a temer a la muerte. Abordaremos datos científicos, filosóficos y religiosos para comprender esta falta de preparación para la muerte, tan común en el Occidente. E intentaremos ofrecer argumentos que expliquen que educarse para la muerte es esencialmente educarse para la vida.

Reflexión filosófica sobre la muerte

Según Izabel Petraglia y Cláudio Roberto Fontana Bastos, en el artículo “Muerte, Complejidad y Educación”, Sócrates decía que filosofar es aprender a morir. En su apología, Platón describe como Sócrates estimulaba a los ciudadanos de Atenas a fijarse en la perfección del alma y valorarla más que al cuerpo. Para él, la muerte era algo tan natural como la vida. La superación de la angustia y del miedo a la muerte libertaría al hombre.

En el mismo artículo, sus autores dicen que la filosofía griega lograba enfrentar y aceptar la susceptibilidad del ser humano, camino a la muerte y Sócrates relacionaba la misión educacional al cuidado del alma a través del conocimiento de la verdad.

Platón defendía la idea de que el alma seguía existiendo tras la muerte del cuerpo. Para él, el cuerpo era la cárcel del alma, así que morir nada más era que alcanzar la libertad.

En la Edad Media, la muerte era un rito de pasaje de las cosas transitorias a las eternas. El moribundo la esperaba en su casa, acostado y mirando hacia arriba, donde estaba el cielo. Era una gran ceremonia pública en la que mujeres lloraban, se arrancaban los pelos y se rasgaban la ropa; sus gemidos eran como un ritual y la preocupación principal no era la muerte, sino la salvación del alma.

La idea griega de la muerte que liberta, da lugar al terror de la condena del alma al infierno medieval y es posible que los escenarios infernales pintados por la Iglesia Católica en el Medievo hayan estimulado muchos hombres al materialismo en el período posterior. Y es esta concepción teológica medieval y la negación materialista intensificada en la Edad Moderna, las principales formadoras de los conceptos occidentales de muerte heredados por la Edad Contemporánea: por un lado los creyentes en la salvación o condena eternas; por otro los que creen que la muerte es el fin.

Herculano Pires en “Educación para la Muerte” dice que el miedo a la muerte es el temor a la soledad y a la oscuridad, lo que fue agravado por los teólogos que “oficializaron leyendas del Infierno, Purgatorio y del Limbo, de las cuales no escapan siquiera los niños que se mueren sin bautizarse”. El autor recuerda que el Papa Pablo VI declaró que la Iglesia no sabe como es la vida después de la muerte.

Sin embargo, la misma Iglesia Católica (además de otras) divulga ampliamente la idea aterradora del Infierno, aunque no confirma conocer su existencia.

Tal concepción se justificaba en la Edad Media, cuando el comercio de las indulgencias era muy practicado, cuando la felicidad eterna estaba sometida al “relleno de los cofres dejados en la Tierra” por los fallecidos. Pero después de la Reforma y con el fin de la Edad Media, este modelo teológico se mostraba poco confiable para algunos.

El Cielo, el Infierno y el Purgatorio

La creencia en la condena eterna sería un argumento bastante comprensible para justificar el miedo a la muerte, dado que es bastante aterradora la imaginación de un lugar en llamas, donde almas se contraen y gimen desesperadas, bajo la visión de un dios sádico que a todo mira con indiferencia.

“Por otro lado, las almas lánguidas y atormentadas en el purgatorio esperan su libertad dependiendo de la voluntad de los vivos para que rueguen o hagan rogar por ellas y no de sus esfuerzos para progresar.”

¡Felices son aquellas almas que conquistan su lugar en el Cielo! ¿Será cierto?

¿Qué felicidad gozaría una madre en el Cielo si allí no estuvieran sus hijos o su esposo amado? ¿Si supiera que ellos sufrirían castigos eternos mientras ella “descansaba eternamente y entonaba himnos de loas”?

A nadie le gustaría estar en un Cielo y olvidar sus seres queridos. Y si nosotros, que somos tan imperfectos y egoístas, seríamos incapaces de hacerlo, ¿por qué Dios lo haría?

También podemos preguntar cuáles serían los criterios que nos conducirían al Cielo, al Infierno o al Purgatorio. En la Edad Media, era la clase social; los religiosos “traficaban” indulgencias, vendían perdón a los ricos y los pobres estaban condenados. Una práctica que no es coherente con la justicia de Dios, por lo tanto, no puede ser aceptada como un criterio de condena o premiación. Otra condición para irse al Cielo es el bautismo, pero tampoco es valedero a los que nacieron y fallecieron antes de Cristo, y a los que fallecieron poco después de nacer. Otro problema serían los adeptos de otras religiones, cuyas prácticas no incluyen el bautismo y que además nunca escucharon hablar de Jesús. ¿Los condenaría Dios al Infierno? La Iglesia Católica manda al Limbo los niños que fallecieron antes de bautizarse. Pero ¿por qué no se van al Cielo ya que no hicieron el mal? O ¿por qué no se van al Infierno ya que no practicaron el bien?

Otro requisito para conquistar el Cielo es el arrepentimiento. Una persona que ha sido muy mala durante toda su existencia se arrepiente sobre la hora de la muerte, es perdonada y se va al Cielo. Otra que se equivocó menos y falleció de modo instantáneo, sin tiempo para arrepentirse se va al Infierno.

Y podríamos seguir disertando sobre ese tema que no es justo con la figura de Dios, Padre amoroso, soberanamente bueno, justo y misericordioso, tampoco explica de la mejor manera las cuestiones de la vida y post vida. Así que pasaremos a discutir sobre la teoría de la nada y sobre la existencia e inmortalidad del alma.

La inmortalidad del Alma

Sería extraño y hasta irónico que, en un Universo en que nada se pierde, que todo se transforma, el hombre fuese la única excepción perecedera, sujeto a desaparecer con su despojos.
Kardec, en el libro “El Cielo y el Infierno”, diserta de manera muy clara sobre la idea de “la nada” y argumenta que sería muy aflictivo pensar que después de todo el esfuerzo que hacemos en la Tierra, de todo lo que aprendemos, simplemente desapareciéramos a causa de la muerte. Ello porque nos concentraríamos sólo en el presente y actuaríamos de manera egoísta, ya que nuestro objetivo sería únicamente disfrutar la vida.

En realidad, la teoría de la nada es el extremo opuesto a la enseñanza autoproclamada cristiana de la muerte, la cual ya no responde a las preguntas esenciales del hombre racional moderno ni es justa con la figura del Cristo.

Jesús ya nos había enseñado que nadie muere cuando su cuerpo espiritual se hizo visible entre los “vivos” después de su muerte y Pablo de Tarso afirmó que el cuerpo espiritual es el cuerpo de la resurrección ; aunque el Cristo sea siempre representado por algunos con las imágenes de un hombre muerto, colgado de la cruz y que muchos crean que los muertos resucitan en la carne. Una idea nada alentadora para aquellos que poseen cuerpos mutilados, debilitados o que tuvieron los cuerpos destrozados en la ocasión de la muerte.

La curiosidad de saber si existe algo que sobrevive a la muerte del cuerpo físico no es una novedad. Desde hace mucho tiempo el hombre elabora preguntas relacionadas a su existencia, casi siempre en un aspecto religioso. Sin embargo, a partir del siglo XIX, este interés se ha intensificado y ampliado para el tema de la reencarnación. No solamente entre la gente común y creyente, sino entre figuras ilustres de la historia.

Nos cuenta el estudioso espírita Carlos de Brito Imbassahy que en los años de 1944 y 1945, científicos italianos estudiaban lo que se llamó de bebé de probeta, pero dedujeron que no obtendrían éxito en la creación de los bebés porque no podrían crear un campo de energía presente en el vientre de las mujeres fértiles lo cual acompañaba el feto cuando él nacía. Agrega el estudioso que investigaciones modernas comprobaron que la formación fetal depende de este campo, que no pertenece a la madre, sino que actúa en su vientre y comanda la selección de espermatozoide que fecundará el óvulo.

Treinta años después, suecos inventan un aparato capaz de detectar el campo energético de moribundos y descubrieron que tal campo los abandonaba cuando ellos fallecían. Además, los moribundos eran pesados antes y después de la muerte y concluyeron que este campo era el alma, dado que había una pequeña pérdida de peso corporal en razón de la muerte.

En la actualidad, hay nuevas modalidades de investigaciones, como los casos de Experiencia de Casi Muerte, las visiones de los moribundos en el lecho de muerte, las experiencias fuera del cuerpo y la Transcomunicación Instrumental. Todas ellas reafirmando la supervivencia del alma y probando que los Espíritus se pueden comunicar. Ya no podemos rechazar las pruebas y reaccionar como personas ignorantes, como las que se negaron a creer que la Tierra era redonda y que giraba alrededor del sol, o que dificultaron la vida de Pasteur cuando menospreciaron su tesis de la existencia de seres microscópicos porque no los podían ver.

No podemos ver los virus, las bacterias, el aire, algunos gases, el pensamiento, pero sabemos que existen por la manifestación de sus efectos. La existencia del alma también es un hecho.

Los Fenómenos Espíritas

La fenomenología espírita y la reencarnación también despertaron la atención de muchos científicos, sobre todo a partir de la mitad del siglo XIX.

Allan Kardec fue el primero estudioso a hacer un trabajo organizado, meticuloso y lógico sobre los fenómenos espirituales. Sir Williams Crookes, considerado por muchos como el mayor científico de su época, investigó las facultades mediúmnicas de algunos médiums y pudo confirmar la veracidad de los hechos espirituales.

A partir de esa época muchos intelectuales pasaron a estudiar tales fenómenos para desacreditarlos, sin embargo, se depararon con una verdad incontestable y se sumaron a la lista de creyentes. Otros los examinaron movidos por el espíritu científico.

Charles Richet, catedrático en la Facultad de Medicina en París y Nóbel de Fisiología en 1913 se convenció. Alfred Rusell Wallace, co-autor de la Teoría de la Evolución, fundó una sociedad que se dedicaba a la experimentación espírita, después de ser materialista convicto. Cesare Lombroso, doctor en Psiquiatría y Antropología de la Universidad de Turín, fue un gran investigador del tema después de haber abrazado el Espíritu de su madre fallecida. Y podríamos seguir la gran lista de estudiosos y científicos:

Camille Flammarion, astrónomo; Gustavo Geley, médico y filósofo; Carl Gustav Jung, discípulo de Freud; Albert de Rochas, director del Instituto Politécnico de París; Ernesto Bozzano, estudioso italiano que escribió varios libros con resultados de sus investigaciones; Hernani Guimarães Andrade, quien en su libro “Morte, uma luz no fim do túnel” relata experiencias de varios científicos realizadas en laboratorio que confirman la existencia del alma… Hay muchos nombres más, pero no es el objetivo de este estudio citarlos todos, más bien contar algo sobre sus investigaciones, las cuales contemplaban experiencias con la mediumnidad, con mensajes obtenidos por psicografía, psicofonía y audiencia; también estaban las materializaciones con la utilización de ectoplasma; las levitaciones, hipnosis y videncias. Y en 1975, el psiquiatra americano Raymond A. Moody Jr., presentó un trabajo serio sobre lo que llamamos de experiencia de casi muerte (ECM), comprobando científicamente que la muerte es sólo un cambio de estado de consciencia.

En su libro “La Vida Después de la Vida”, el doctor Moondy relata casos de personas que se acercaron a la muerte clínica, cuyas almas se desprendieron relativamente del cuerpo, adquirieron significativa libertad y cuando volvieron al cuerpo, revelaron interesantes informaciones sobre la frontera entre la vida física y la espiritual. Las narraciones eran muy similares. Muchos veían túneles por donde transitaban, luces, recordaban toda su vida, se encontraban con familiares muertos y se deparaban con escenarios celestiales. Incluso personas no videntes que vivieron la estas experiencia cercana a la muerte, relataban visiones.

El Dr. Melvin Morse también estudió casos semejantes, pero con niños que pasaron por graves accidentes y serias enfermedades y reunió muchos casos en el libro “Closer to the Light - Learning from the Children” (Más Cerca de la Luz - Aprendiendo con los niños).

La psicóloga Kim Klark, quien forma parte del equipo del doctor Morse, trabajó en 1989 con un grupo de 121 niños entre 3 y 16 años en situación de riesgo de vida. Las experiencias vivenciadas por ellos no escaparon a la similitud observada antes y entre los interesantes casos investigados por la doctora, está el relato de Katie, una niña que le contó que durante su experiencia había ido a su casa en compañía de una muchacha, vio a su hermano estudiando y a su madre cocinando. Además, reconoció a todo el equipo médico que la cuidó cuando ella llegó al hospital inconsciente.
La contribución de personas serias e dedicadas al estudio de la supervivencia del alma nos da la certeza de que la muerte no existe y que seguimos viviendo en otro plano cuando nuestro cuerpo físico muere, es de hecho muy consoladora, pero no nos permite vislumbrar la justicia divina, dado que no explica la causa de las muertes prematuras y los variados géneros de muerte, entre otras dudas que tenemos a nivel existencial.

Las vidas sucesivas o la reencarnación es el eslabón que une el consuelo que nos ofrece la consciencia de la inmortalidad a la explicación lógica de la justicia divina.

La Reencarnación



La reencarnación no es una idea nueva, sino que forma parte de la creencia de muchas religiones orientales milenarias.

A partir de 1857, con el lanzamiento de “El Libro de los Espíritus” por Allan Kardec, la reencarnación ganó nueva formulación, pasando de una creencia a una certeza fácilmente comprobable con argumentos lógicos.

Estos argumentos presentados por los Espíritus y recopilados, clasificados, organizados, confrontados, comparados, discutidos y analizados por Allan Kardec, representan el lazo que nos vuelve a unir a Dios, dado que ahora podemos comparar las concepciones de muerte presentadas por las religiones occidentales (en que Cielo e Infierno son los protagonistas), a la idea de la nada, adoptada por materialistas convictos (contrarios al cuento de terror difundido ampliamente en la Edad Media), y concluir que ambas son muy pesimistas, poco consoladoras y nada razonables.
A partir del trabajo investigativo del discípulo de Pestalozzi podemos estar seguros de que volveremos a encontrar nuestros seres queridos en esta y en otras vidas, en este y en otro plano, porque además de investigar el concepto de la reencarnación, Kardec nos relató la vida en el Mundo Espiritual, analizó la vida terrena y explicó la Ley de Causa y Efecto que determina las condiciones en las que viviremos encarnados (vivos) y desencarnados (muertos). Lo que explica que Cielo e Infierno son estados de consciencia que resultan de nuestras buenas o malas acciones. Y lo más importante es que no estamos condenados a ellos por toda la eternidad, sino que tenemos oportunidades de corregir nuestros errores en las diferentes existencias y por lo tanto, alcanzar niveles evolutivos más elevados.

Es ésta la verdadera Justicia Divina. La que no condena eternamente a sus hijos por sus errores, tampoco premian aquellos que nada hicieron para ser privilegiados. La que explica porqué somos tan diferentes y porqué algunos viven más y mejor que otros.
En este sentido, también tenemos importantes investigaciones científicas que corroboran las conclusiones de Kardec. El bioquímico y profesor de psiquiatría canadiense, Ian Stevenson se dedicó a estudiar la reencarnación durante más de 40 años. Examinó más de 3 mil casos de niños que parecían recordar hechos de sus vidas pasadas y recopiló registros médicos de marcas de nacimiento y deformaciones congénitas relacionadas al tipo de muerte narradas por los niños, además de analizar autopsias de las personas que ellos decían ser.

El doctor Ian Stevenson no fue el único estudioso del asunto.
La doctora Edith Fiore de los Estados Unidos tiene publicaciones sobre el tema. El doctor Gerald Netherton estudió más de 8 mil pacientes y de escéptico pasó a ser creyente. El doctor Brian Weiss es muy conocido por la publicación de libros sobre experiencias de regresión a vidas pasadas realizadas en su consultorio. Y podríamos citar muchos otros nombres de estudiosos del asunto, pero debemos volver al objetivo de este artículo: la educación para la muerte.

Por qué educar para la muerte

Finalmente llegamos al punto principal de este estudio, que es reflexionar sobre la preparación a lo inevitable: la muerte.
Según Kardec, en un artículo de la Revista Espírita de febrero de 1865, la causa de aprensión de la muerte es el instinto de conservación que nos fue otorgado por la Providencia Divina y es necesaria en el proceso de aprendizaje en la Tierra. Sin embargo, esa aprensión es menos intensa cuando sabemos que el alma es inmortal y tenemos consciencia de la importancia de las sucesivas reencarnaciones como herramientas evolutivas.
Ese nivel de consciencia sólo puede ser alcanzado a través de la educación. No la educación religiosa que prepara el hombre para conquistar el Cielo, sino la educación para la realidad que encara “nacimiento y muerte como fenómenos naturales de la vida, los cuales no deben ser confundidos con desgracia o castigo”, dado que solamente “los hombres matan para vengarse o cobrar deudas afectivas. Dios no mata, crea”.
León Denis, en el libro “El Problema del Ser, del Destino y del Dolor” dice que “toda muerte es un parto, un renacimiento” y que todos nos reuniremos en lo Invisible. Y Hermínio C. de Miranda, en el libro “Nuestros Hijos Son Espíritus”, nos relata un interesante estudio sobre nacimiento y muerte realizado por la doctora Wambach .
La psicóloga sometió varios pacientes a la regresión de memoria y les hizo preguntas previamente formuladas sobre su objeto de estudio. Un 90% de sus pacientes relataron que morir es bueno, pero nacer es muy desagradable. Una de las personas le dice incluso que “nacer se parece a una tragedia”.
El resultado de las investigaciones de la doctora Wambach está totalmente de acuerdo con las pesquisas de ECM, ya que la mayoría de las personas que se aproximan a la muerte relatan sentir mucha paz, que sus dolores desaparecen, que viven una hermosa experiencia y que les resulta difícil regresar al cuerpo físico. Algunos incluso dicen ser orientados a regresar por algún familiar desencarnado o por un Espíritu de luz, pues por su voluntad, “se morirían” con tranquilidad.
Otra conclusión de la psicóloga es que el Espíritu del niño se muestra como un ser adulto, “experimentado, consciente, dueño de gran conocimiento e involucrado” en sus proyectos de vida, “con metas, objetivos y propuestas” programadas.
Eso reafirma las deducciones de la Doctrina Espírita y explica la muerte de niños, aclarando que ellos son Espíritus milenarios, tal vez más experimentados que sus padres. Su muerte supuestamente prematura forma parte de una programación reencarnatoria, la cual tiene como objetivo tanto su crecimiento espiritual como el de sus padres.
Y la Doctrina Espírita desde hace mucho nos aclara que la muerte de niños pueden tener muchas explicaciones y a veces lo que puede parecer un injusticia bajo la concepción humana, puede representar una bendición para todos aquellos que están involucrados. Hay muchos ejemplos de casos como éste, pero citaremos solamente uno para nuestro esclarecimiento:

En una familia espírita de considerable nivel espiritual, nació una niña cuyo Espíritu contaba con muchos equívocos de otras existencias. Cuando la criatura cumplió 8 años se enfermó gravemente y no había esperanza en la medicina para su caso; desencarnaría pronto. Su familia pidió orientación espiritual en la institución espírita donde concurría y allí le explicaron que el Espíritu de la niña había cometido suicidio en las últimas existencias y ahora desencarnaría antes de alcanzar la adolescencia para no intentarlo de nuevo y para completar un poco del tiempo de vida que ella había abreviado. La familia pidió a la misericordia divina una oportunidad de educarla bajo los postulados espíritas y estaba segura de que lograría evitar nuevo intento. Por los méritos espirituales de la familia, le fue concedido a la niña el período 10 años más. Sin embargo, cuando la criatura llegó a la adolescencia, se desvinculó de la familia, de los principios espíritas, se entregó a la drogadicción y se suicidó.
Es una historia que nos conduce a profunda reflexión sobre la Bondad de Dios, la cual muchas veces nos resulta difícil comprender. Dios siempre actúa en nuestro beneficio y jamás permite desencarnaciones prematuras. Siempre volvemos al plano espiritual en el momento adecuado cuando aceptamos la acción de la naturaleza. Lo que no significa decir que debemos mantener la frialdad ante la muerte de un ser querido, de una criatura. La separación es siempre dolorosa porque todavía somos egoístas e no sabemos amar con desapego. Nos está permitido llorar por ellos, extrañarlos, tener cierta dificultad para reprogramar nuestra vida sin su presencia. No obstante debemos evitar la rebeldía contra los designios divinos y esforzarnos por comprender las necesidades evolutivas de nuestro ser amado que se fue. Además, debemos evitar los llamamientos angustiados, los cuales recaen sobre él, lo torturan, lo deprimen, lo hacen estancar en su camino de evolución o mantenerse entre nosotros intercambiando angustias en un círculo vicioso.
El famoso médium brasileño Francisco Cândido Xavier fue un gran instrumento de consuelo a las familias “despojadas” de sus seres queridos por la desencarnación. A través de él, muchos Espíritus se manifestaron para ofrecer consuelo a sus familiares y sus pedidos más constantes eran para que dejaran de quejarse, de llorar, de rebelarse por ellos porque eso les hacía muy mal.

Niños, jóvenes y mayores “muertos” les enviaban mensajes a los “vivos”, dándoles pruebas de la vida más allá de la tumba.

Es muy reconfortante saber que el amor sigue igual, aunque estemos separados por una barrera física. Es que tenemos la certeza de que ellos se pueden comunicar con nosotros por el pensamiento, durante los sueños.
Que pueden estar a nuestro lado en este momento, tocándonos la frente o depositándonos un beso en la mejilla.

Lo podemos sentir si no estamos concentrados en nuestro dolor. Cuando pensamos en ellos con amor los podemos atraer hacia nosotros. Y no hace falta que vayamos al cementerio, pues ellos no están allí. Como nos dice Richard Simonetti en “¿Quién le teme a la muerte?”, “no vamos a transformar las necrópolis en salas de visita del más allá”. A ellos no les debe ser placentera la visión de su propio despojo. Invitémoslos a un lugar agradable, que les traiga lindos recuerdos y placer.

Cuanto más reflexionemos sobre la muerte, más percibimos que educarnos para la muerte, es educarnos para la vida.

Maria Julia Kovács del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo, Brasil, ofrece interesantes sugerencias para la implantación de la Psicología de la Muerte en los diversos ambientes que forman parte de la vida humana. Propone la ampliación de la meta de la educación para la muerte, fundamentada en la búsqueda de la “rehumanización” de la muerte; que se discuta el tema en los colegios, hospitales, geriátricos y hogares; que los profesionales de la educación se preparen para orientar a sus alumnos en situaciones de “pérdida” de un familiar o amigo y a encarar la posibilidad de su propia muerte; y que los profesionales de la salud sepan como asistir a sus pacientes terminales y a las personas mayores para que enfrenten la muerte con más tranquilidad y sin traumas, como un proceso natural en la vida de los seres vivos.

José Barros de Oliveira de la Universidad do Porto, en Portugal dice que “enseñar el arte de morirse bien o educar para morirse bien es educar para vivir bien”. Agrega que si la muerte forma parte de la vida, el tema debe formar parte del contenido “de una educación integral de la persona humana y de su destino”; no puede continuar “ausente de los ambientes educativos como la familia y la escuela”.

Conocer a los mecanismos involucrados en el proceso de la muerte, tener la certeza de la supervivencia del alma, que reencontraremos a nuestros seres queridos, saber lo que nos espera más allá de la tumba es una manera de educarnos para la vida.

Es que sabemos que por la Ley de Acción y Reacción, somos quienes programamos nuestras vidas en la materia y en el plano espiritual. Si tratamos de actuar bien durante la vida, regresaremos en buenas condiciones a nuestra vida de Espíritus y consolidaremos reencarnaciones menos dolorosas que nos proporcionarán más rápida evolución.

Evitaremos el intento de fuga por el suicidio porque sabemos que nuestros sentimientos nos acompañan en Espíritus y no podremos escapar de los dolores y frustraciones, ni de todas las consecuencias que tal acción nos puede causar. No cometeremos el aborto por saber que el alma precede al Espíritu y estaríamos imponiendo obstáculo a la evolución de un Espíritu, además de saber que podríamos ser “víctimas” de su odio y persecución. No seremos conniventes con la eutanasia porque comprenderemos la importancia del desprendimiento lento para la reflexión del enfermo y por ende para su mejoría espiritual. Seríamos más desapegados de la riqueza y de la materia, lo que nos facilitaría reunir virtudes en vez de posesiones materiales y perfección estética. Entenderíamos la muerte de nuestros amores, cuando sus compromisos asumidos para esta vida hubieran acabado y el retorno a la vida espiritual les fuera necesario, sabríamos que empezarían una nueva e importante etapa en su existencia de Espíritu inmortal.

En pocas palabras: Seguiríamos las Leyes de Dios de manera voluntaria como medida para nuestra evolución espiritual y por tanto, de nuestra felicidad real.■

Referencias Bibliográficas

BARBOSA, Marília. O que é a morte? O Imortal – Periódico de Divulgación Espírita. Noviembre de 2009
DENIS, León. Além da Sobrevivência do Ser. E-book
_____________ El Problema del Ser del Destino y del Dolor.
KARDEC, Allan. O Céu e o Inferno. Ed. Ide, 34ª ed., São Paulo, 2002.
_____________ O Livro dos Espíritos. Ed. Ide, 136ª Ed., São Paulo, 2001.
_____________ Revista Espírita, febrero de 1865. E-book
_____________ Revista Espírita, noviembre de 1860. E-book
MIRANDA, Hermínio C. Nossos Filhos São Espíritos. E-book
SIMONETTI, Richard. Quem Tem Medo da Morte?. E-book
PETRAGLIA, Izabel. BASTOS, Cláudio R. F. Morte, Complexidade e Educação. Notandum Libro 13 2009 CEMOROC-Feusp / IJI-Universidade do Porto.
KOVÁCS, Maria Julia. Educação para a morte. Instituto de Psicología, Universidad de São Paulo.