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jueves, 1 de abril de 2010

EL PUNTO DE VISTA

(EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, Capítulo II, V. 6 Y 7 - "MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO" )


5. La idea clara y precisa que se hace de la vida futura, da una fe inquebrantable en el futuro, y esa fe tiene inmensas consecuencias sobre la moralización de los hombres, cuando cambia completamente el punto de vista bajo el cual ellos examinan la vida terrestre (...)

Para estudiar esta idea tan consoladora sobre la vida futura, la literatura básica nos ofrece un libro, lamentablemente, poco leído y estudiado entre nosotros, los espíritas: El Cielo y El Infierno, que representa un análisis profundo del “tránsito de la vida corporal a la vida espiritual”, además de establecer esmerada comparación de esta concepción de vida futura en las varias ideologías y religiones.

He aquí una transcripción de la primera parte del citado libro:

Vivimos, pensamos, obramos, he aquí lo positivo: moriremos, esto no es menos cierto. Pero dejando la Tierra, ¿a dónde vamos? ¿Qué es de nosotros? ¿Estaremos mejor o peor? ¿Seremos o no seremos? Ser o no ser: tal es la alternativa, es para siempre o para nunca jamás, es todo o nada, viviremos eternamente o todo se habrá concluido para siempre. Bien merece la pena pensar en ello.

¿Acaso existe algo más aflictivo que el pensamiento de la absoluta destrucción?

Si el hombre cree en la nada, sin otra opción, aplicará todos sus esfuerzos en la vida presente, sin preocuparse por el futuro y, como nos dice Kardec, siguiendo el raciocinio aún en este libro, esta situación lo conduciría al egoísmo porque se preocuparía únicamente por sí mismo.

Pero el hombre, siempre posee la creencia en el porvenir, no importa su nivel evolutivo. En las primeras existencias, como un instinto, en las subsecuentes, como un sentimiento innato y cuando alcanza una escala más elevada, la idea de vida futura se le presenta como una certeza.

No obstante, si todos poseemos, aunque latente, la creencia en la inmortalidad, ¿por qué todavía somos tan apegados a los bienes materiales? ¿Por qué aún no sabemos manejar la idea de muerte?
Una de las razones por las cuales nos apegamos tanto a lo material está relacionada a las nociones religiosas que tenemos en la niñez: las condenaciones eternas, la dicotomía cielo e infierno... Si lo analizamos, en realidad, las ideas que heredamos sobre la vida futura no son muy consoladoras, más bien son aterradoras. Si actuamos bien nos vamos al cielo, pero ¿y nuestros seres amados? ¿Tendrán igual suerte?

En resumen, las falsas e insuficientes nociones sobre la vida futura nos prenden a la vida material y nos provoca el miedo a la muerte.

Según comprendamos mejor la vida futura, se extingue el miedo a la muerte y, por consiguiente, asumiremos con más responsabilidad y amor nuestra misión en la Tierra.

La Doctrina Espírita nos transforma la visión de futuro. La vida futura ya no es ya una hipótesis sino una realidad. Sabemos que la continuación de la vida, después de la desencarnación, se nos presentará en mejores condiciones según aceptemos el periodo en que estamos encarnados en la Tierra, según nos esforcemos por ser mejores Espíritus.

Es realmente consolador comprender que los desafíos que enfrentamos en el plano material son transitorios y que son acordes con la Justicia y la Misericordia Divina.

Es hermoso sentir la seguridad de que nos vamos a encontrar con nuestros seres amados que nos antecedieron en la ida al plano espiritual. Y que ningún tipo de condena eterna nos va a separar.

Fuimos todos creados para ser felices y para amar profunda e incondicionalmente. Y caminaremos conscientes y tranquilos fortalecidos por esta convicción.

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