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sábado, 17 de abril de 2010

La Actividad de los Espiritistas en el Proceso de Regeneración de la Humanidad

Vivimos en un planeta de pruebas y expiaciones, donde tenemos un colectivo de 20 billones de almas con debilidades morales, todas reunidas para la reeducación y la regeneración según códigos etico-morales del Universo (Dios), es decir, la Ley de Amor y de Justicia, la Ley de Causa y Efecto y la Ley del Progreso.

Estamos acá para sustituir vicios por virtudes, a través de la edificación personal, pues la Tierra es la gran escuela de las almas.

Vivimos en el milenio del Espíritu y este momento es de gran responsabilidad, pues todavía, entre nosotros, predominan el materialismo, los vicios, el inmediatismo, el egoísmo desenfrenado, la irresponsabilidad y las muertes violentas. Pero como atravesamos el milenio del Espíritu, la Tierra debe pasar por el renacimiento, reformando los valores eternos en búsqueda del altruismo, del cumplimiento de las Leyes Divinas, del Amor Universal, pues representamos un único y gran rebaño en la gran alma terrena y Jesús es el gran Pastor que conduce esta alma al Progreso.

El periodo que atraviesa el planeta actualmente, es el mismo que pasaron muchos otros planetas en el proceso de evolución, como sucedió con los capelinos, según nos cuenta el libro “Los Desterrados de Capela”, de Edgard Armond. Este planeta superó el período de pruebas y expiaciones, alcanzando la condición de planeta de regeneración, donde el bien se sobrepuso al mal y aún así, según relata el escritor, había espíritus que no lograron evolucionar moralmente lo suficiente y fueron destinados al planeta Tierra con el fin de ayudar a acelerar el progreso de esta humanidad, ya que eran intelectualmente más evolucionados para nuestra condición de planeta primitivo.

Según manifestó el orador, las noticias que nos trae la Espiritualidad Superior es que nuestra humanidad ha llegado a la etapa final de esa transición que vivieron en otro tiempo los capelinos y como ellos, tenemos espíritus todavía equivocados que insisten en permanecer así, y que lamentablemente también serán desterrados de la Tierra.

Esa gran transformación por la cual pasamos es la explicación también para la incidencia de desencarnes colectivos de que somos testigos en el mundo actual y nos aclara Thiesen que, muchos de nosotros tenemos ahora la “última oportunidad” para cambiar, es decir, algunos estamos viviendo la última encarnación en el planeta.

El Espiritismo, especialmente para los individuos que conocen su Doctrina y la toman en serio, representa un instrumento esencial para dar buen uso a esta última oportunidad que algunos tenemos, además es una bendición Divina para que seamos útiles en el proceso de desarrollo terreno, porque solo se quedarán los que desean sinceramente mejorarse.

Cumple al Espiritismo, como Doctrina superior ofrecida a la Humanidad por la Espiritualidad al servicio del Cristo, indicar a los hombres la solución para los graves problemas en que se debaten. Es el Espiritismo la Tercera Revelación que viene de Dios y su advenimiento en el mundo fue preparado, planeado y ejecutado para que no haya dudas sobre su procedencia y su finalidad.
Y los Espíritas ¿quiénes somos?
Somos criaturas imperfectas con necesidad de edificación íntima, trabajadores de la última hora con ideales de fraternidad, justicia, caridad, concordia y amor.

Además, según Thiesen, somos espíritus egresados de otros continentes donde sufrimos las consecuencias de nuestros errores, de las enfermedades, de la guerra, del hambre, etc. Espíritus que cansados de tanto dolor y de tantos equívocos, fuimos tocados por el deseo de transformarnos y Dios, en su infinita misericordia nos envió a Latinoamérica, donde se desarrollaría el Espiritismo. Hemos venido para un aprendizaje de la Doctrina y cuando lo tengamos concluido, regresaremos al lugar de donde venimos con la finalidad de difundir el conocimiento que obtuvimos durante el estadio en el Nuevo Continente, pero seamos conscientes de que esa no es una tarea sencilla.

Por esa razón, debemos aprovechar bien el período que nos fue concedido por Dios, estudiando, tratando de interiorizar bien los conocimientos sobre la Doctrina, poniendo en practica el Evangelio de Jesús, para que cuando regresemos, podamos hacernos cargo del papel que el Maestro nos confió.
¿Cuál es el papel de los espíritas?
Tenemos que explicar a los que sufren las causas de las desigualdades sociales, la importancia del desapego material, la gravedad del aborto, del suicidio y de la eutanasia, inclusive combatiendo estos últimos como crímenes que son. En definitiva, debemos difundir la existencia de la Ley de Causa y Efecto para que se pueda comprender que no hay injusticia, sino un inmenso amor del Padre Celestial hacia nosotros que nos brinda, a diario, oportunidades de corrección y desarrollo.

El paso inicial para la ejecución del gran Plan Superior es el conocimiento de la Doctrina, para que podamos comprender la necesidad de su difusión a los ignorantes y a los que sufren. Debemos, igualmente, socorrer, asistir y orientar a encarnados y desencarnados, ejemplificar la humildad, el desinterés, la renuncia, vivir las enseñanzas espíritas, según Jesús, centrada en el amor a Dios y al prójimo, dedicándonos a la justicia y a la caridad.

Ese es el camino para promover la gran revolución en el Planeta; de Planeta de Prueba y Expiación a otro de Regeneración.
“El campo es el Mundo” – Jesús
Nuestro mundo es una inmensa gleba de servicio bajo la orientación de Jesús. En este campo hay fajas de tierras fértiles, florestas densas, charcos, zonas desérticas, tierras primitivas, todo aguardando la preparación de la siembra.

La imagen sugerida por la palabra evangélica, es la de un campo que reclama trabajadores dispuestos y devotos, verdaderos servidores que no rechazan las tareas aunque sean duras. La siembra no debe quedar restricta a ningún pueblo, raza o continente. Es una tarea gigantesca, porque debemos trabajar en la reeducación espiritual de billones de criaturas.

El esfuerzo en el progreso moral es individual, pero esa acción puede promover el progreso general, pues el ejemplo tiene mucha fuerza, y por eso la divulgación y el ejemplo no deben restringirse al movimiento espirita sino en las actividades más rutinarias: en el hogar, en las calles, en el ambiente profesional, etc.

Jesús es el Maestro que nos enseña el camino, y nosotros como aprendices debemos ver en la reencarnación la sublime inscripción del aprendizaje, donde “El Amor” representa la lección esencial, el afecto, la pedagogía del ser; y el “Centro Espirita”, es el excepcional núcleo educativo del alma.

El campo de actuación ahora es más amplio porque somos muchos los enfermos espirituales y es poco el tiempo que tenemos, así que se hace necesario la práctica de la Medicina del Alma a través de: la fluidoterapia (agua fluidificada, pases magnéticos y vibraciones), los tratamientos en los hospitales espíritas, la asistencia a los desencarnados, la oración y la concretización del cambio por la reforma intima basada en el Evangelio. Sin olvidarnos que para la práctica de la Medicina del Alma, los “médicos” nos tenemos que instruir y amar mucho, como nos dice Kardec.
Si todo es bien comprendido, nada puede detenernos en la marcha, pues con la ayuda del Plano Mayor, transformaremos nuestra bendita Tierra en un planeta mucho mejor.
Resumen de la conferencia dictada por Sergio Thiesen en la Sociedad Espirita “Justicia y Verdad”, el 19/05/2008


marina.miesdeamor@gmail.com





martes, 6 de abril de 2010

DESTINO DE LA TIERRA. – CAUSAS DE LAS MISERIAS TERRESTRES

El Evangelio según el Espiritismo, Capítulo III, Ítems 6 y 7

En el ítem 6 se afirma que en la Tierra están encarnados una pequeña cantidad de los Espíritus vinculados a ella, así que no podemos deducir que todos los Espíritus terrenos estén en el mismo nivel evolutivo.

La oradora Mirian Stela Dantas Patitucci nos ofrece interesante material sobre el tema en una de sus conferencias, “La Matemática de la Reencarnación”.

Según Mirian, la Tierra cuenta con 30 mil millones de Espíritus a ella vinculados, de los cuales 6,5 mil millones están encarnados y 23,5 están desencarnados.

Agrega que 4 mil millones de los encarnados se encuentran en dolorosos procesos de reeducación; 2 mil millones buscan la recuperación y 500 millones son misioneros en la tarea de ayudar en el progreso colectivo. Entre los desencarnados están 12 mil millones en luchas y sufrimientos, algunos incluso sin condiciones de reencarnar en el orbe terreno; 6 mil millones de Espíritus medianos en tareas regenerativas; 5,5 mil millones de Espíritus elevados, la mayoría ya liberados de la reencarnación.

No vamos a profundizar en la posible exactitud de los números presentados por la investigadora y oradora, más bien queremos presentar un panorama que nos permita hacer una comparación entre el resultados de sus estudios, las palabras del fragmento del Evangelio en análisis y las observaciones de nuestro entorno.

Según el Evangelio, la población desencarnada es de número superior a la encarnada y la situación de la Tierra está relacionada a la naturaleza de sus habitantes.

Ante esas informaciones, la diversidad espiritual que observamos entre nosotros y las experiencias mediúmnicas vivenciadas en las Casas Espíritas, podemos notar que entre los Espíritus ligados a la Tierra hay aquellos muy endurecidos en el mal (encarnados actúan con maldad, desencarnados estimulan al mal); otros que sufren correcciones de errores pasados (encarnados pasan por expiaciones dolorosas, desencarnados se depuran en regiones menos felices); algunos que ya poseen la consciencia despierta para el bien, a pesar de sus imperfecciones (encarnados se esfuerzan por ser buenos, desencarnados asisten a los que están en la retaguardia); otros tantos que ya no son malos, pero que aún no son buenos (encarnados o desencarnados que no aprovechan las oportunidades de hacer el bien); y además, están las almas que ya lograron ascender a niveles espirituales más elevados, pueden estar encarnados en misiones o nos sirven de guías y mentores en las tareas edificantes. Y podemos deducir que la mayoría de nosotros aún estamos en niveles muy inferiores en la escala evolutiva, lo que clasifica la Tierra como un planeta de prueba y expiaciones, donde la maldad y el sufrimiento todavía predominan.

En realidad la Tierra es una escuela donde venimos a aprender nuevas enseñanzas y a repetir las experiencias no aprehendidas o no asimiladas. Algunos nos esforzamos más por comprender y concluir el aprendizaje más rápidamente. Otros estamos más preocupados por vivenciar las situaciones transitorias sin captarle el verdadero significado trascendental. Es que aún no podemos observarnos como Espíritus eternos y nos olvidamos que nuestra verdadera patria es el Mundo Espiritual.

Por este motivo en la Tierra aún predominan las miserias, la maldad y el sufrimiento. Somos quienes hacemos de nuestro pasaje por ella una experiencia difícil y quienes la convertimos en un lugar alejado de la realidad feliz con la cual soñamos.

Es cierto que no podemos ignorar los compromisos asumidos por nuestras equívocos pasados, pero podemos trabajar por una futura encarnación más tranquila. En la pregunta 920 de “El Libro de los Espíritus”, Kardec pregunta si en la Tierra el hombre puede gozar de una felicidad completa y los Espíritus le contestan que “(…) depende de él dulcificar sus males y ser tan feliz como es posible en la Tierra.” Y en la respuesta siguiente le dicen que mayormente “el hombre es causante de su propia desdicha.” (Grifos nuestros).

En respuesta a la pregunta 933, los Espíritus dicen que “con frecuencia sólo es infeliz el hombre por la importancia que da a las cosas del mundo” y sufre cuando no las alcanza. Eso porque nos olvidamos que lo que tenemos son préstamos de Dios, que nos lo otorga según las necesidades de la experiencia a ser vivenciada. Ni más, ni menos.

Emmanuel, en la respuesta a la pregunta 240 de “El Consolador”, nos dice que “si todo Espíritu tiene consigo la noción de la felicidad, es señal que ella existe y espera a las almas en alguna parte (…), sin embargo, la felicidad no puede existir, mientras (…) las criaturas humanas se encuentran intoxicadas”.

Como nos orienta Joanna de Ângelis en “Jesús y el Evangelio a la Luz de la Psicología Profunda”, nuestra existencia “debe ser vivenciada con placer y emoción”, pero no con el placer del vicio, del crimen o de la vulgaridad, “sino de la conducta” moral elevada que “estimula el avance y compensa” las adversidades, tan comunes en un mundo de pruebas y expiaciones.

La benefactora agrega que, aunque las lecciones de perfeccionamiento se ejecuten ante el sufrimiento, es posible cambiarlo a través del amor. Eso porque el mundo puede ser considerado por muchos como un pozo de tentaciones, culpas, discordias, vicios, delincuencias, incomprensiones, malicia, maldad, sin embargo, en realidad, la Tierra es la Creación amorosa de Dios, donde aprendemos y evolucionamos hacia Él. Y un día nuestro querido planeta también evolucionará, pues sabemos que transitamos en la condición de mundo de pruebas y expiaciones para alcanzar la condición de un mundo de regeneración, cuando el bien superará el mal.

Sin embargo, ese cambio no se va a producir de un momento a otro, como un acto de magia. Para que la evolución se haga realidad debe comenzar en el mundo interior de cada uno de nosotros. El proceso es personal, íntimo e intransferible.

La Tierra es una escuela de reparación y de fraternidad, donde la diversidad espiritual es inmensa. Ella nos ofrece las herramientas para nuestra corrección y muchas veces tales herramientas pueden ser el sufrimiento regenerador. Pero recordemos que la Tierra es nuestro domicilio temporario porque nuestra verdadera familia es la Humanidad. (Emmanuel, Derrotero)

Un día volveremos a ella y nos cabe a nosotros elegir en qué condiciones queremos llegar. Cómo estudioso aplicado que sabe aprovechar la enseñanza sin quejas inútiles o cómo perezoso reiterativo que insiste en repetir las mismas experiencias y quedar estancado mientras el mundo sigue su paso hacia la evolución.



Referencias Bibliográficas


ÂNGELIS, Joanna de. Psicografía de Divaldo P. Franco. Jesús y el Evangelio a la Luz de la Psicología Profunda. Capítulo IV.
_________. Psicografía de Divaldo P. Franco. Amor, Imbatível Amor, capítulo 24.
_________. Psicografía de Divaldo P. Franco. Leis Morais da Vida. Capítulo 41.
_________. Psicografía de Divaldo P. Franco. Celeiro de Bênçãos, Introdroducción.
_________. Psicografía de Divaldo P. Franco. O Homem Integral. Capítulo 15.
EMMANUEL. Psicografía de Francisco C. Xavier. El Consolador. Capítulo V.
__________. Psicografía de Francisco C. Xavier. Justiça Divina: Estudos e dissertações em torno da obra “O Céu e o Inferno”, de Allan Kardec. Capítulo 14
__________. Psicografía de Francisco C. Xavier. Derrotero. Capítulos 9 y 39
__________. Psicografía de Francisco C. Xavier. Livro da Esperança. Páginas 24 y 25.
__________. Psicografía de Francisco C. Xavier. Religión de los Espíritus. Capítulo 26.
IGNOTUS. Psicografía de Divaldo P. Franco. Espelho da Alma. Introdroducción.
KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus. Libro IV, capítulo I.
__________. Qué es el Espiritismo, preguntas 127 y 128.
PATITUCCI, Miriam Stela Dantas. Charla: A Matemática da Reencarnação. Disponible en:
http://www.slideboom.com/presentations/101135/A-Matem%C3%A1tica-da-Reeencarna%C3%A7%C3%A3o

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HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com


(San Juan, cap. XIV, v. 1 a 3)

EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, cap. III, v. 1 a 5


1. Que vuestro corazón no se turbe. Creéis en Dios, creed también en mí. Hay muchas moradas en la casa de mi Padre; si así no fuese, yo ya os lo hubiera dicho, por eso me voy a preparar el lugar para vosotros y después que me fuere, y os prepare el lugar, vendré otra vez, y os volveré a tomar para mí, para que en donde yo esté, vosotros estéis también. (San Juan, cap. XIV, v. 1, 2 y 3).
Es hermosa la manera como comienza este versículo porque nos tranquiliza, nos pide que no nos preocupemos, que no estemos afligidos, que tengamos fe en Dios y en Jesús porque vamos a tener un lugar especial que el Maestro nos prepara personalmente y además, nos conducirá camino a la ascensión con paciencia y amor.

Según nuestras creencias o nuestra limitaciones, tenemos distintas concepciones acerca de este lugar y algunas veces imaginamos que esas moradas obedecen a límites geográficos, que pueden estar arriba, en el cielo, o abajo, en el infierno, pero casi siempre utilizando la Tierra como referencia para ubicar estas moradas como si la Tierra representara el centro del Universo.

No obstante, los estudios científicos desde hace mucho ya no creen en esto e investigan el Universo, la Iglesia Católica reveló el año pasado (2008) que desde el siglo XVI investiga la posibilidad de que haya vida extraterrena afirmando que esta posibilidad no contradice los preceptos católicos.

El Espiritismo, como una Doctrina que recomienda la fe razonada y que entiende el relevante rol de la Ciencia aliado a la Religión, ya presentaba en su principio la conexión entre las dos a través del estudio del Evangelio, comprendiendo que las palabras de Jesús, cuando afirmaba que en la casa de su Padre hay muchas moradas, se referían a la gran cantidad de Mundos, conocidos o no por la humanidad terrena.

La Doctrina profundizó más sobre el tema, vislumbrando que los diferentes mundos son habitados por Espíritus en diferentes niveles de evolución, es decir, si el principio espiritual todavía es primitivo, también primitivo es el mundo que él debe habitar, como nos aclara Joanna de Ângelis[1], y según evoluciona el principio espiritual, también evoluciona el planeta hasta que alcancen las condiciones de un mundo feliz.

Esa evolución ocurre cuando seguimos la enseñanza cristiana, cuando aceptamos la mano de Jesús, nuestro guía, desarrollando el amor hacia nosotros mismos, hacia el prójimo y hacia Dios, cuando comprendemos bien las palabras de Kardec cuando nos dice que debemos amarnos e instruirnos, porque el progreso debe ser moral e intelectual.

Espíritus hay que logran evolucionar más rápidamente y, en este caso, pueden ascender a mundos superiores. No obstante, hay Espíritus que insisten en las ilusiones y los equívocos durante largo tiempo y no acompañan la evolución de su mundo y en estos casos, dejan a este mundo para reencarnar en otro que esté acorde con su sintonía aún primitiva.

Un ejemplo que conocemos es Capela, un orbe que evolucionó y que algunos de sus habitantes (millones de Espíritus) no lograran alcanzar el mismo nivel de su mundo y ya no podrían seguir allí. Estos hermanos fueron recibidos por Jesús en el plano espiritual durante el intervalo de una encarnación y otra (erraticidad) y por Él fueron conducidos al planeta Tierra, cuando éste era todavía primitivo, e impulsaron nuestro progreso. Algunos guardaron en el alma las palabras de Jesús cuando los recibió, se esforzaron por evolucionar y lograron regresar a Capela, otros siguen aquí aún insistiendo en sus equívocos. [2]

Comprendemos a través de este ejemplo que podemos elegir entre seguir habitando un mundo inferior o merecer ascender a planos más elevados. Jesús nos invita a seguirlo y desde hace mucho nos prepara la morada feliz y nos muestra el camino. Es el hermano amoroso y paciente que invita, conduce y espera, respetando nuestras decisiones sin cansarse jamás, sin desistir.

Saber que muchas moradas hay genera una gran esperanza en nuestros espíritus, dándonos las fuerzas para tratar de mejorarnos cada día, sabiendo que de ese esfuerzo depende nuestro adelanto espiritual y que siempre estaremos donde sea más provechoso para nuestros espíritus, debiendo amar nuestra vida dando lo mejor de nosotros con sinceridad y voluntad. (Alejandra Ricchiuti)

Bibliografía Adicional

ARMOND, Edgard. Os exilados da Capela. 17ª ed. São Paulo, Ed. Aliança, 1982.
FRANCO, Divaldo P., por Joanna de Ângelis, Jesus e o Evangelho à Luz da Psicologia Profunda, 2ª ed., Salvador, Livraria Espírita Alvorada Editora, 2004, cap. III
XAVIER, Francisco C., por Emmanuel, A Caminho da Luz, cap. III

[1] Jesus e o Evangelho à Luz da Psicologia Profunda, cap. III[2] Aunque se trate de una teoría, que está presente en la obra de Edgard Armond (Exiliados de Capela) y en el libro “Hacia el Camino de la Luz”, de autoría de Emmanuel y psicografiada por Francisco Cândido Xavier, la lógica de los argumentos es perfectamente razonable.

jueves, 1 de abril de 2010

EL PUNTO DE VISTA

(EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, Capítulo II, V. 6 Y 7 - "MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO" )


5. La idea clara y precisa que se hace de la vida futura, da una fe inquebrantable en el futuro, y esa fe tiene inmensas consecuencias sobre la moralización de los hombres, cuando cambia completamente el punto de vista bajo el cual ellos examinan la vida terrestre (...)

Para estudiar esta idea tan consoladora sobre la vida futura, la literatura básica nos ofrece un libro, lamentablemente, poco leído y estudiado entre nosotros, los espíritas: El Cielo y El Infierno, que representa un análisis profundo del “tránsito de la vida corporal a la vida espiritual”, además de establecer esmerada comparación de esta concepción de vida futura en las varias ideologías y religiones.

He aquí una transcripción de la primera parte del citado libro:

Vivimos, pensamos, obramos, he aquí lo positivo: moriremos, esto no es menos cierto. Pero dejando la Tierra, ¿a dónde vamos? ¿Qué es de nosotros? ¿Estaremos mejor o peor? ¿Seremos o no seremos? Ser o no ser: tal es la alternativa, es para siempre o para nunca jamás, es todo o nada, viviremos eternamente o todo se habrá concluido para siempre. Bien merece la pena pensar en ello.

¿Acaso existe algo más aflictivo que el pensamiento de la absoluta destrucción?

Si el hombre cree en la nada, sin otra opción, aplicará todos sus esfuerzos en la vida presente, sin preocuparse por el futuro y, como nos dice Kardec, siguiendo el raciocinio aún en este libro, esta situación lo conduciría al egoísmo porque se preocuparía únicamente por sí mismo.

Pero el hombre, siempre posee la creencia en el porvenir, no importa su nivel evolutivo. En las primeras existencias, como un instinto, en las subsecuentes, como un sentimiento innato y cuando alcanza una escala más elevada, la idea de vida futura se le presenta como una certeza.

No obstante, si todos poseemos, aunque latente, la creencia en la inmortalidad, ¿por qué todavía somos tan apegados a los bienes materiales? ¿Por qué aún no sabemos manejar la idea de muerte?
Una de las razones por las cuales nos apegamos tanto a lo material está relacionada a las nociones religiosas que tenemos en la niñez: las condenaciones eternas, la dicotomía cielo e infierno... Si lo analizamos, en realidad, las ideas que heredamos sobre la vida futura no son muy consoladoras, más bien son aterradoras. Si actuamos bien nos vamos al cielo, pero ¿y nuestros seres amados? ¿Tendrán igual suerte?

En resumen, las falsas e insuficientes nociones sobre la vida futura nos prenden a la vida material y nos provoca el miedo a la muerte.

Según comprendamos mejor la vida futura, se extingue el miedo a la muerte y, por consiguiente, asumiremos con más responsabilidad y amor nuestra misión en la Tierra.

La Doctrina Espírita nos transforma la visión de futuro. La vida futura ya no es ya una hipótesis sino una realidad. Sabemos que la continuación de la vida, después de la desencarnación, se nos presentará en mejores condiciones según aceptemos el periodo en que estamos encarnados en la Tierra, según nos esforcemos por ser mejores Espíritus.

Es realmente consolador comprender que los desafíos que enfrentamos en el plano material son transitorios y que son acordes con la Justicia y la Misericordia Divina.

Es hermoso sentir la seguridad de que nos vamos a encontrar con nuestros seres amados que nos antecedieron en la ida al plano espiritual. Y que ningún tipo de condena eterna nos va a separar.

Fuimos todos creados para ser felices y para amar profunda e incondicionalmente. Y caminaremos conscientes y tranquilos fortalecidos por esta convicción.

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO


(San Juan, cap. XVIII, v.36)

(EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO, Capítulo II)


Comprendemos que el Reino de que habla Jesús es aquel donde el hombre superó sus debilidades y ya puede comprender y practicar las Leyes Divinas, viviendo en fraternidad con sus hermanos y dedicándose como trabajador activo en el Bien.


Sabemos también que este Reino no está restricto a los límites físicos sino que trasciende las fronteras meramente materiales.


Ya somos concientes de que para alcanzar este Reino debemos esforzarnos por promover la transformación sincera de nuestro espíritu a través de lo que llamamos “reforma íntima” y seguir las huellas de luz que representan los ejemplos de Jesús cuando estuvo encarnado en la Tierra. En resumen, debemos aprender a amar incondicionalmente, considerando el verbo amar como un verbo de acción, que ofrece la mano a los hermanos del camino para que podamos ascender juntos al Reino.


Igualmente no ignoramos que el Maestro vino a nuestro Planeta para enseñarnos en la práctica, el camino que nos conduce al anhelado Reino.


Quizás, todavía no nos detuvimos a reflejar sobre la importancia de este mundo donde estamos encarnados en este momento, es decir, nos preocupamos tanto por la llegada al Reino que no aprovechamos el instrumento para alcanzarlo.


Joanna de Ângelis, en el libro “Jesús y el Evangelio bajo la Luz de la Psicología Profunda”, nos brinda importantes reflexiones sobre el tema:


El mundo, examinado bajo la óptica teológica a la luz de la psicología profunda, es un educandario de desarrollo de los recursos espirituales del ser en tránsito para el Reino de los Cielos.


Según Joanna, con el avance del conocimiento, mundo y Reino ya no poseen carácter antagónico, ya no están separados por un “enorme abismo”.


El mundo posee sus características, sus reglas, su ética y sus principios y todo este conjunto evoluciona en la medida en que evoluciona el hombre. Y tenemos pruebas concretas de esta afirmación, pues ya vivimos en un mundo que disminuyó la desigualdad entre hombres y mujeres, que reprocha la esclavitud, que considera los derechos de los niños... Y podríamos seguir dando innúmeros ejemplos de que nuestro mundo camina, aunque con pasos lentos, para alcanzar la condición de Reino.


Desde el inicio del Cristianismo ya existían los aprendices del Evangelio que se apartaban del mundo creyendo que ayunos y oraciones eran suficientes para alcanzar el Reino, privándose de la convivencia social y de la felicidad.


La vida terrestre es el camino que nos conduce a los brazos amorosos de Dios y en realidad el Reino de Dios duerme dentro de nosotros y se va a despertar cuando desarrollemos el potencial que nos brindó la esencia Divina.


Joanna nos dice, en el libro citado, que el Reino está presente también en “los paisajes y regiones del sentimiento, donde se puedan establecer las bases de la fraternidad y el amor que una todos los individuos como hermanos.”


Jesús, encarnando en la Tierra, nos enseñó que el Reino de Dios está abierto a todos aquellos que lo desean con sinceridad y alegría, que se dedican a construirlo en su íntimo con amor y confianza. Amor por el mundo y confianza en el Reino.


No podemos alcanzar el Reino ignorando el mundo. Nos cabe vivir de la mejor manera posible, trabajando por nosotros y por el prójimo, conquistando toda la felicidad que se pueda en este mundo, abandonando las ilusiones y anhelos puramente materiales y guardando en nuestro interior las enseñanzas cristianas.


“Mi Reino no es de este mundo”, dijo Jesús. Pero en el mundo tenemos la oportunidad de llegar al Reino. Es consolador saber que todo lo malo es transitorio, que el dolor es pasajero y que la manera como nos manejamos en las vicisitudes de la vida son experiencias que nos enriquecen y que determinan la velocidad de nuestra caminata hacia el Reino.


Alimentemos la alegría para celebrar lo que tenemos y la confianza en la conquista de lo que deseamos como Espíritus eternos.


Esforcémonos por nuestra mejora individual, auxiliando a todos aquellos que caminan con nosotros y seguramente estaremos aportando para la mejora del mundo. Y nos estaremos acercando, colectivamente, al Reino.