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sábado, 13 de febrero de 2010

Reflexión Espirita sobre la Homosexualidad

Por Marina Silva
marina.miesdeamor@gmail.com

Pese a todo el avance intelectual alcanzado por los individuos y a la libertad de expresión predicada ampliamente en muchos medios, la homosexualidad aún es considerada un tabú en la sociedad y sobre todo en las organizaciones religiosas, posean ellas carácter más o menos liberal. Con rarísimas excepciones.

Incluso en el Espiritismo, encontramos hermanos que se apoyan más en su prejuicio personal que en la Doctrina que dicen practicar, para buscar argumentos “doctrinarios” contra nuestros hermanos homosexuales.

Que la discriminación ocurra entre personas ignorantes y poco caritativas, es fácilmente comprensible. Pero verlo entre aquellos que se dicen cristianos es de hecho difícil de comprender. Sobre todo entre los espíritas, quienes ya deberíamos haber aprehendido que somos Espíritus encarnados temporalmente en un cuerpo físico, pero que no perdemos la esencia espiritual, cuya existencia es imperecedera.

Kardec nunca tocó directamente el tema, pero podemos afirmar que en ninguno de los libros de la codificación existe reproche a la homosexualidad.

Si analizaremos la homosexualidad bajo la observación de la Doctrina Espírita, nos parece bien comenzar por “El Libro de Los Espíritus”, la obra maestra que sirve de brújula a todos los espíritas preocupados por el estudio serio.

En la pregunta 200, Kardec pregunta:
“¿Tienen sexo los Espíritus?”
“- No, en el sentido en que vosotros lo entendéis, por cuanto los sexos dependen del organismo. Hay entre ellos amor y simpatía, pero basados en la afinidad de sentimientos.”


En las dos preguntas que posteriores del libro citado, se explica que los Espíritus pueden encarnar en cuerpos de hombres y de mujeres, según el género de pruebas por las cuales precisan pasar y que poco importa a ellos si van a encarnar en cuerpos masculinos o femeninos.

Muchos hermanos se apoyan en estas explicaciones para justificar el prejuicio hacia las personas con tendencias homoafectivas y argumentan que los Espíritus encarnados en cuerpos masculinos o femeninos deben reprimir sus sentimientos homoafectivos para respetar las pruebas correspondientes a su composición orgánica.
Pero la duda es ¿qué sabemos nosotros sobre el género de pruebas a ser enfrentado por ellos? ¿Estamos en condiciones de juzgar o de sacar conclusiones?

Es muy delicada la cuestión y nos exige mucho cuidado para no apuntar el camino a ser seguido por los demás, cuando todavía no logramos seguir el nuestro, como sabemos que es necesario. Queda claro que aún no comprendemos el sentido amplio del Amor y la respuesta a la pregunta 200 no da lugar a duda: los Espíritus no tienen sexo “en el sentido en que” nosotros lo entendemos. Todavía no sabemos todo.

Continuando la reflexión en compañía del gran educador francés, nos deparamos con palabras muy significativas en la Revista Espírita, conjunto de artículos que debería ser agregado a la lista de obras básicas de la Doctrina Espírita, por el rico material de estudio que ofrece.

En el mes de Enero de 1866, en la citada revista, Kardec diserta sobre el tema de la desigualdad entre los sexos (hombre-mujer), considerándola como un signo de inferioridad humana y argumenta que Dios no creó a los machos superiores a las hembras, así que la inferioridad femenina no está en los decretos divinos, sino en la ignorancia humana, que creó desigualdades contrarias a las leyes divinas a través de la fuerza bruta.

¿Qué decir sobre la desigualdad entre homosexual y heterosexual? ¿No nos parece igualmente anticristiana?

La diferencia que hacemos entre hombres y mujeres es una tendencia materialista, la cual no considera la inmortalidad del Alma y la justicia de la reencarnación, que da a todos, oportunidades iguales, sin privilegios y sin perjuicio. Y creer lo contrario es ignorar la Bondad y la Justicia de Dios, que nos ama a todos de igual manera, sin importar la vestimenta carnal que usamos. Importa, pues nuestra evolución moral e intelectual.

Hombres, mujeres, heterosexual, homosexual… ¿No somos los mismos Espíritus reencarnados en las sucesivas existencias carnales?

El sexo no está en el Alma, sino en el cuerpo físico. En el Alma guardamos nuestras tendencias, adquisiciones buenas o malas que conquistamos en las diferentes existencias.
Y acerca de esas tendencias, el Espíritu Emmanuel nos explica en el libro “Vida y Sexo”[1], que el Espíritu pasa por muchas reencarnaciones en cuerpos masculinos y femeninos, lo que nos hace desarrollar “tendencias más o menos pronunciadas de los dos sexos”. Y puede ocurrir que un Espíritu reencarne en un cuerpo, cuya “anatomía genital” esté en conflicto con las tendencias que predominan en su Alma.

Es decir, un Espíritu que adquirió tendencias femeninas más amplias y encarna en un cuerpo masculino, puede tener inclinación homoafectiva. Y si predominan en él las tendencias masculinas y encarna en un cuerpo femenino, también puede sentir esa inclinación.

Según Emmanuel, no hay Espíritu con plenitud femenina o masculina. “Tanto la mujer tiene algo de viril, como el hombre de femenino”.

Tales enseñanzas de Emmanuel están de acuerdo con la codificación, pues Kardec, en el mismo artículo de la citada revista, dice que “las Almas o Espíritus no tienen sexo. Los afectos que las une nada tiene de carnal y por esa razón son más duraderos porque son fundamentados sobre una simpatía real y no están subordinadas a las vicisitudes de la materia.”

Agrega que un Espíritu que transitó varias existencias con un mismo sexo puede conservar durante mucho tiempo en su estado de Espíritu el carácter de hombre o de mujer, cuya marca permaneció en él y esas tendencias “espirituales” pueden influenciar en su vida corpórea.

Y lo más interesante es que el codificador escribe que tales tendencias explican las aparentes anomalías que se notan en el carácter de ciertos hombres y mujeres. Fijémonos bien, anomalías aparentes. Porque Dios no creó la desigualdad y el Espíritu es el ser esencial y no la materia.

Nos parece que las enseñanzas son muy claras y podemos pasar a otra cuestión bastante controvertida para muchos, que es la posibilidad de la unión matrimonial entre dos personas del mismo sexo.

Aunque estudiosos y Espíritus instructores recomienden el respeto hacia los homosexuales, muchos de ellos también orientan la abstinencia sexual entre ellos.
El doctor Jorge Andreas en el libro “Fuerzas Sexuales del Alma”[2], escribe que es necesario al homosexual mantener la “castidad constructiva” para encontrar la armonía en futuras reencarnaciones.

El estudioso Jorge Hessen tiene otra opinión y en su artículo “La legítima visión cristiana de la homosexualidad”[3] dice:

“(…) entendemos que la unión estable [casamiento] entre homosexuales puede ser legítima, hasta porque cada uno debe saber de sí mismo lo que es mejor para su propia felicidad. Sólo conseguiremos entender mejor la cuestión homosexual después de que nos liberemos de los prejuicios que nos acompañan hace muchos milenios. Nos arriesgaríamos a afirmar que la legalización del casamiento entre dos personas del mismo sexo es un avance de la sociedad, que está reglamentando lo que de hecho ya existe.”
Como ya habíamos comentado, Kardec no abordó directamente el tema de la homosexualidad, pero en “El Libro de los Espíritus” encontramos:
“695. El matrimonio, esto es, la unión permanente de dos seres, ¿es contrario a la ley natural?”
“- Es un progreso en la marcha de la humanidad.” (Destaque nuestro)

Más adelante el codificador pregunta sobre el celibato y en su nota escribe que ese sacrificio es meritorio cuando realizado en provecho de la humanidad y si confrontamos sus palabras con las del doctor Jorge Andreas, notamos que la “castidad constructiva” orientada por éste no posee el carácter meritorio apuntado por aquél. Así que no se la justifica.

Si comparamos ahora las palabras de Jorge Hessen con las enseñanzas codificadas por Kardec, podemos percibir similitudes.
Kardec pregunta a los Espíritus sobre la unión entre dos seres y no entre hombre y mujer. Algunos podrían argumentar que no era necesario dejar explícitas las palabras “hombre” y “mujer”, dado que las uniones “normales” ocurren entre ellos. Sin embargo, sabemos que Kardec siempre fue muy atento al uso del lenguaje para no causar dobles interpretaciones. Además, la homosexualidad no es un “invento” actual, sino que existe desde hace mucho.Confirman esos argumentos lo que escribió en el citado artículo de la Revista Espírita, cuyas ideas ya discutimos en este texto:
“(…) puede ocurrir que el Espíritu transite por una serie de existencias en un mismo sexo, lo que puede hacerlo conservar durante mucho tiempo, en el estado de Espíritu, el carácter de hombre o de mujer (…) que permaneció en él. (…) esa influencia repercute de la vida corpórea a la vida espiritual (…) ocurre lo mismo cuando el Espíritu pasa de la vida espiritual a la vida corpórea.”
Por último, nos gustaría aclarar que este artículo no representa una apología de la promiscuidad, como muchos pueden suponer. Hasta porque la homoafectividad no tiene nada de sucio o vergonzoso, siempre que la unión entre una pareja homosexual sea movida por el amor verdadero.

“(...) Cambiando de sexo podrá conservar en su nueva encarnación los gustos y las tendencias inherentes al sexo que acaba de dejar. De ese modo se explican las aparentes anomalías que se notan en el carácter de ciertos hombres y de ciertas mujeres.” (destaques nuestros)


Lo ilícito a una pareja heterosexual también lo es para una pareja homosexual. Todas las relaciones afectivas deben encarar el sexo como un intercambio de energías creadoras, solamente posible cuando está estructurado sobre sentimientos nobles y verdaderos.

El libertinaje del sexo irresponsable y únicamente sometido a las exigencias instintivas sólo demuestra nuestra inferioridad moral y no es recomendable ni a heterosexuales y ni a homosexuales. No podemos desviarnos de nuestra necesidad mayor, que es nuestra evolución espiritual, a través de la transformación íntima. ¡Concentrémonos en ello!
Artículo extraido de la "Revista Espírita Mies de Amor", disponible en http://miesdeamor.jimdo.com/


[1] Psicografiado por Francisco Cândido Xavier y lanzado por la FEB.
[2] Libro lanzado por la FEB, 9ª edición

6 comentarios:

  1. Muchas gracias por compartir este artículo; es exactamente lo que he pensado. Soy homosexual, pero no disfruto del libertinaje. Siempre he sentido la incomodidad de que mi gusto (evidentemente hacia gente de mi mismo sexo) sea tomado como algo sucio o inmoral. Yo creo que el amor es algo tan hermoso que vá mucho más allá de un cuerpo. (;

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  2. A todo esto entiendo una cosa, hay muchos hombres y muchas mujeres homosexuales, ytambién los hay unos cuantos que tiene menos tendencia a esto o no, ya que como dice aquí siempre queda algo de alguan existencia anterior más o menso pronunciado de las tatas veces que henmos reencarnado, lógico qu edebe quedar algo creo, por lo que cada cual, hombre o mujer tiene un poquito de todo; perome hago una pregunta, acaso como mismo hay homosexuales totalmente inclinados por su propio sexo, no los hay también otros que no lo estántanto? hay una serie de ganas en el intermedio, es decir que no se es homosexual o heterosexual del todo o unicamente no existen esas dos tendencias, tambien las hay intermedias, bisexuales, etc., incluyendo lo que sienten alguan tendencia interna pero en menor grado, gutan más de los dos sexo o se inclinan más hacia uno que hacia otro, y acaso esto no quiere decir que si fuiste homosexual en una existencia anterior, pero en el trayecto de una existencia a otra abandonaste un poco ese impulso carnal y ya menos meterializado el sentimiento en una nueva existencia tienes menso tendencia a esa volubtuosidad física? si esto ocurre así, es decir entonces que la dematerilización o los impulsos carnales desaparecen a medida que evolucionamos, porque es una ley volverse más sutil en espíritu y menso grosero en la materia, entonces pregunto de nuevo, visto esto, no sería bueno poner un poco de nuestra voluntad para desmaterilizarnos y hacerle menos caso razonado a los impulsos de un mundo inferior? creo que caben las dos cosas, Dios no quiere que sufras, y si esto existe es proque todo espermitido en la justicia de Dios para que uno por su mismo peso aprenda, entonces creo que todos los criterios son váidos. Los que se sientas aún con deseos supernaturales de entregarse a los placeres que lo hagan, ya aprenderán sus respectivas cosas en su transcurso, y los demas como vien lo dice la justicia no debemos juzgar, y los que sientan el deseo de desprenderse de esos deseos que sienten que le retrazan el desarrollo que lo hagan y pongan todo su empeño elevarse con buenas miras. La diversidad es lo que hay que respetar. Así que ningún criterio es cierto o equivocado, si Dios permitió la existencia del disernimiento y de esos dos criterios aparentemente contrarios o de algun otro más, como este, es porque son válidos todos, y cada cual debe escoger su camino, así es el libre albedrio, cada cual según sus méritos y según sus logros, cada cual crecerá en su respectivo momento, y no es contrario a lo qu epermite Dios. Por lo tanto como hay diversidad en doto, cada cual adocte el criterio que mejor sienta mejor para él y sus luces le permitan ver.

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  3. Es amor y el amor no puede ser malo ni para homosexuales ni heterosexuales

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  4. Magnífico artículo...ojalá muchos llamd@s espiritas lo reflexionaran como aquí se expone. Gracias!!!

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  5. simplemente es amor da igual con quien se comparta. vive y deja vivir cada cual tiene su prueba en este mundo.

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  6. Intuia esto que se reflexiono en el articulo, es como si escribieran algo que me detube a pensar por el tema de la homosexualidad hace un tiempito atras, pero bueno debe ser porque la doctrina no lleva a esto de llegar a los mismos pensamientos siempre con el sentido de esclarecer minusiosamente algo. Asi que una ves mas les agradesco por publicar una muy buen articulo!

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